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La Razón/Editorial • Empleo y pobreza, retos apremiantes

No se le pedirá al Gobierno que, como por arte de magia, resuelva los agudos problemas. De lo que se trata es de aplicar políticas conducentes a enfrentarlos, con previsiones administrativas y destinando todo el financiamiento posible para librar esas dos grandes batallas.

U na nueva gestión de gobierno, aun si implica una continuidad, despierta esperanzas de cambios, de nuevas formas de hacer. Y, por supuesto, de mejorar su trabajo, de ampliarlo a áreas que han sido su debilidad.

Éstos pueden ser los casos del empleo y de la pobreza, que esta vez deberían merecer dedicación especial. Asumirlas como los retos apremiantes que tiene el país y, es obvio, el Gobierno.

Debe quedar claro que no se le pedirá que, como por arte de magia, resuelva estos agudos problemas. De lo que se trata es de aplicar políticas conducentes a enfrentarlos, con previsiones administrativas y destinando todo el financiamiento que se pueda para librar estas dos grandes batallas.

El ministro de Trabajo, Calixto Chipana, informó que en el 2009 se crearon 137 mil fuentes de trabajo, con inversión pública. Y que en el sector privado se crearon 12.521 nuevas empresas que abren fuentes laborales. En resumen, sostuvo que el 2008 el desempleo en el país fue del 12%, y que el año pasado bajó al 6,7%, por lo que dijo que se lo redujo a la mitad.

A la palabra de una autoridad hay que darle fe, pero es bueno también recurrir a otras fuentes confiables. El Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA) difundió en junio último los resultados de una encuesta que realizó en cinco ciudades: La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, El Alto y Potosí. Según sus conclusiones, el desempleo, los bajos salarios y la precariedad laboral se mantienen entre los problemas más acuciantes de la sociedad boliviana. La precariedad la describió como discontinuidad en el mismo, o sea duración corta, riesgo elevado de pérdida, incertidumbre, jornadas extensas, desprotección social y otros. Remarcó que “ni siquiera el sector estatal, que tiene un peso limitado en el empleo total de las ciudades (10%), ha creado las condiciones para garantizar un empleo pleno a todos sus dependientes”.

CEDLA dice que el desempleo abierto en esas ciudades ascendió al 10,2%. En cifras absolutas, el desempleo afectó a 182 mil personas. Anotó, asimismo, que la fuerza laboral de El Alto y de La Paz era la más afectada por el desempleo, con tasas que se elevan al 13,5% y 11,6%, respectivamente.

En la web del Instituto Nacional de Estadística (INE) no hay datos al respecto, sólo tiene índices. En cambio, en las tasas de pobreza que registró al 2007, la moderada era del 60,10% (5.919.766 personas). La extrema, del 37,70% (3.617.364). Ese año estimaba que la población total era de 9.902.633 habitantes.

Informes de fuentes extraoficiales sostuvieron, últimamente, que la tasa de pobreza siguió creciendo, en vez de bajar o detenerse, en los cuatro años pasados.

Hay que remarcar que cuando los seres humanos no generan ingresos con el trabajo diario, sea cual fuere su rango, quedan inermes para afrontar obligaciones perentorias como vivienda, alimentación, vestuario y educación de los hijos.

Al llegar a este punto, se perfila claramente lo que significa la pobreza, que en Bolivia está a la vista, con todas sus consecuencias, sociales y económicas. Al margen, produce efectos psicológicos adversos, con los que se forma el carácter individual y colectivo. Entre otros, el derrotismo y la falta de autoestima que no harán sino ahondar la pobreza.

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