Experiencia laboral de una joven paceña cuya identidad debe permanecer anónima.

Como desempleada mi experiencia fue muy triste, quedé en el desempleo y desprotegida al demandar a mi empleador por acoso laboral, no solamente se me negaron mis derechos de recibir mis beneficios sociales, sino que pasé a ser castigada por haber denunciado discriminación y maltrato.

En ese momento quedé humillada y en la pobreza, tuve que vivir con mis ahorros y pagar los gastos de abogados, con un juicio entre 2 a 5 años por delante, viviendo con las consecuencias de la denuncia, siendo ya difícil encontrar trabajo para mi profesión.

Quedé sin dinero, ni siquiera para comprar mis alimentos, a mi edad 29 años ya no se puede ir al hogar paterno, porque una vez que saliste de casa, lo hiciste para no volver.

Aún con una hoja de vida adecuada, con experiencia, con una inversión alta en estudios el mercado laboral es difícil, todavía hay quienes no aceptan mujeres profesionales, no asumen el compromisos con el empleado (AFP’s, seguro de salud, impuestos, contratos escritos, etc.), más si eres joven, te huelen la desesperación, tu hambre, preguntan si puedes trabajar sábados, domingos, feriados, más de 8 horas, es normal, eres joven.

Mi experiencia de perder el empleo es traumática, no sentí el apoyo del Ministerio de Trabajo, siento que las leyes de discriminación y contra la violencia de la mujer no ayudan mucho, ni siquiera tu derecho constitucional de vivir una vida libre de acoso. Al final del día tu palabra no vale nada, porque solo es válido el papel escrito y testigos, obviamente, nadie arriesgaría su empleo para defender a una chica que ha denunciado acoso, ahí reina el silencio, diciendo “cavó su propia tumba, que pena tan jovencita”.

Una de las causas del desempleo de mi generación y los más jóvenes, es que personas ya en edad de jubilación siguen activas, ocupando puestos que deberían ser ocupados por la fuerza laboral joven, con sueldos altos y lamentablemente en algunos casos sin la competencia suficiente, quizás sí mucha experiencia, pero desactualizados en el uso de la computadora, programas, objetivos, sistemas de gestión, trabajo con mujeres, otros simplemente están cansados, tienen visiblemente enfermedades ocupacionales y visiones diferentes. No se puede culparlos, con una jubilación tan pobre, ¿quién quiere jubilarse?

Luego, otra causa es que se exige demasiado para tan pocos años, por ejemplo en mi caso se pedía experiencia en ciertos rubros específicos, más la maestría, más capacitación especializada, si bien cuento con más de 5 años de experiencia, esta experiencia no es del rubro en específico, así es que no es suficiente.

La solución comienza incentivando el trabajo de jóvenes, especialmente de mujeres, creando puestos de trabajo sin muchos requisitos donde se aprenda de personas mayores, es decir, que se comparta el capital intelectual, con mentores, asegurando una correcta gestión del conocimiento. Mi experiencia es que no se comparte el conocimiento, porque la gente mayor tiene terror a ser reemplazada, yo no entiendo porque, espero no llegar a ser así.

Contar con procedimientos de trabajo adecuados, para que no tengas que descubrirlo todo, sino que exista una inducción de trabajo apropiada, evitando tener que pagar, lo que para nuestra cultura es algo normal, “derecho de piso”, son situaciones traumáticas y no es agradable tener que vivir sufriendo, cuando el trabajo debería ser agradable y satisfactorio.

También, brindaría mayor asesoramiento sobre derechos laborales, desde el colegio, de esta manera se evitan problemas, cuando todos conocen y respetan la ley. Además, de tener mecanismos efectivos, simples y menos burocráticos, cuando se vulneran derechos fundamentales. Todos somos responsables, para ello es necesario informarse, tener mayores puntos de información y reclamo, ser atendido, escuchado, comprendido y ayudado, evitando situaciones de riesgo y vulnerabilidad, es una solución.

Otra solución, es una bolsa de trabajo amplia a través de internet, donde se pueda validar información y esté disponible en la red, donde el empleador pueda encontrarte a través de un buscador o viceversa, pero mediante un sistema unificado a nivel nacional.

Un problema, para los profesionales es la sociedad profesional, ya empezando a generar un poco de dinero, uno debe pagar sumas exorbitantes para pertenecer a los colegios, estos no hacen nada por el profesional joven, me pregunto si uno está empezando cómo obtienes el dinero para colegiarte.

Finalmente, los sindicatos deberían funcionar de forma diferente, no se toma en cuenta en la mayoría de los casos al profesional joven o mayor, está solo la fuerza obrera, los colegios deberían trabajar como sindicatos, para proteger al joven trabajador, deberían estar vinculados con los ministerios y direcciones de trabajo.

Muchas organizaciones que apuntan a la excelencia y calidad total, estimulan su capital humano trabajando con jóvenes, entrenándolos, invirtiendo y asegurando su inversión. Es interesante observar la migración de políticas, creando lugares donde da gusto ir a trabajar, al final logran que el joven trabaje más, pero porque se siente feliz, motivado, seguro, respetado e incluido.

Luego, seleccionan al talento humano y lo promocionan quedándose con los mejores, lamentablemente son pocas las empresas, por lo tanto las más cotizadas.

Haciendo un balance, no creo que se alcance a pagar ni siquiera los gastos que uno tiene durante el periodo universitario en los 5 primeros años de trabajo, peor si tu inversión universitaria es en un ente privado. Me llama mucho la atención los anuncios de trabajo para súper hombres y súper mujeres, con menos de 30 años, con maestría, más de 5 años de experiencia, para un sueldo muy pequeño y con más de 10 personas para seleccionar, en anuncios aislados, además advirtiendo mucha presión y conflictos.

Felizmente, el día de hoy encontré trabajo, pero tuve que cambiar de ciudad, con la dignidad intacta, sin un centavo en el banco, con heridas en el alma, formo parte de la estadística de mujeres maltratadas, pero lista para nuevos desafíos, luchando en Bolivia, como tantos jóvenes profesionales.

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