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El País/ Récord histórico de deuda no cambia la estructura económica

Por Alejandro Zegada – 30 diciembre, 2018




Bolivia, al convertirse en país de ingresos medios, ya no accederá a créditos concesionales y baratos (mayores plazos, menores intereses y periodos de gracia). Expertos consideran poco probable que pueda repetirse una condonación de la deuda como sucedió justo a comienzos del primer gobierno de Evo Morales en 2006.

La
tendencia general en la historia es que la deuda externa tiende a
crecer. Los periodos en que la deuda se redujo, lo hizo gracias a
condonaciones, reprogramaciones y programas de alivio basados en la
condición de País Pobre Altamente Endeudado (HIPC).

Justamente
gracias a los programas HIPC 1 y 2, la deuda externa de Bolivia cayó de
alrededor de 5 mil millones de dólares en 2005, hasta poco más de 2.200
millones el año 2007. A partir de entonces la deuda se ha más que
cuadriplicado, llegando a niveles nunca antes vistos en Bolivia: el
último dato oficial la sitúa en 9.944,9 millones de dólares.

Pese
a ello, todavía está dentro de los rangos “aceptables”, ya que equivale
al 24,8% del PIB, que también está en niveles nunca antes vistos,
llegando a 40.500 millones de dólares.

¿Para qué se endeudó Bolivia?

En
un reciente análisis de la Fundación Jubileo, que comprende todo el
periodo 1970-2017, los sucesivos gobiernos recurrieron al endeudamiento
externo para financiar gasto público y para apostar por la
diversificación de la economía, incluso a través de empresas públicas en
algunos periodos (particularmente durante los 1970 y en el presente
periodo).

Sin embargo, “hasta
la actualidad no se logró alcanzar plenamente” el objetivo de
diversificar industrializar la economía, lo que implica que no se han
cambiado ni aumentado las fuentes de ingresos para el Estado. Pero sí se
ha mantenido los niveles de gasto público.

Ante
esta situación, Jubileo considera “fundamental no continuar repitiendo
los errores del pasado, de caer en una situación de sobreendeudamiento
para incrementar el gasto público”, y advierte que ello “podría conducir
a que Bolivia ingrese a un escenario futuro de insostenibilidad, por la
carga de la deuda pública”.

La deuda en las dictaduras militares

En
la década de 1970 Bolivia, cuya economía dependía (como ahora) de la
exportación de materias primas como hidrocarburos y minerales, se
benefició del auge de precios y también aprovechó los créditos
aparentemente baratos para financiar sus presupuestos.

Durante
el gobierno de facto de Hugo Banzer (1971-1978), la inversión estatal
debía estar centrada en proyectos de producción de largo plazo con el
objetivo de diversificar la matriz productiva del país, utilizando
crédito externo para financiar a las empresas públicas, lo que no se
logró.

Según datos obtenidos
por el Centro para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), las
inversiones que obtuvieron beneficios fueron en los sectores económicos
tradicionales de hidrocarburos y minería, a través de las empresas
públicas YPFB y Comibol, las cuales generaron la mayor cantidad de
divisas. Sin embargo, no se consiguió aumentar sustantiva y
sosteniblemente su producción.

Así,
los receptores de recursos de la deuda externa fueron: el Gobierno
General (52%), las empresas públicas (41,6%) y el sector público
financiero (6%), para el año 1978.

El
análisis de Jubileo considera que “el resultado final del periodo es
que el país salió de aquella bonanza económica manteniendo su rasgo de
productor de materias primas, siendo que los recursos excedentes fueron
destinados a empresas estatales y al sector privado industrial sin
considerar principios y fundamentos económicos”.

En
la década de 1980, Bolivia enfrentó el deterioro de los términos de
intercambio (caída de precios de materias primas exportadas) y el
aumento de las tasas de interés tanto de EEUU como de los préstamos
adquiridos, generándose la crisis de deuda y posterior hiperinflación
que derivó en la aplicación del famoso Decreto Supremo 21060 y de las
políticas neoliberales posteriores.

Paralelismo con el Estado Plurinacional

La
publicación de Jubileo destaca algunas similitudes entre el periodo
1970-1981 y el periodo 2006-2017. Particularmente dos: el contexto
económico externo y la contratación de deuda pública externa.

Sobre
el primer punto, resalta la elevación de los precios internacionales de
las materias primas, que permitieron al país gozar de una bonanza
económica mientras esta tendencia se mantuvo. Ambos periodos coinciden
también en la caída de estos precios.

En
el periodo 1970-1981, el acelerado proceso de endeudamiento se dio
“para financiar a empresas públicas, destinado a diversificar la
economía, propósito que no fue exitoso”. Lo mismo ocurrió en el periodo
2006-2017, ya que al beneficiarse con la condonación de la deuda externa
multilateral, la gestión de gobierno comenzó con un bajo saldo de deuda
externa. “Posteriormente ingreso en el sendero del endeudamiento para
financiar gasto público”.

Lo
que está aún por verse es lo que ocurrirá después: si se vuelve o no a
sufrir una nueva crisis de deuda. Para Jubileo, ello dependerá de,
además de factores externos –mercados, exportaciones, tasas de interés
de EEUU, etc.-, del comportamiento de ciertos factores internos.

El riesgo es mayor si Bolivia mantiene “una gestión fiscal deficiente”, si los proyectos de inversión en empresas públicas no son exitosos, si la tasa de crecimiento de la deuda es mayor que la del crecimiento de la economía, y si no hay reglas claras para el uso adecuado del gasto público.

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