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Alerta Laboral 87: La crisis del coronavirus y la amenaza de una nueva gran depresión

ECONOMÍA

La crisis del coronavirus y la amenaza de una nueva gran depresión

Los empresarios intentarán reponer sus ganancias y recuperar sus capitales mediante la reducción de sus costos, afectando los salarios y las condiciones de trabajo. Los gobiernos que representan esos intereses, buscarán la socialización de las pérdidas, mediante los impuestos, la reducción de gastos sociales y subsidios o la privatización. Sólo la presencia activa de organizaciones sindicales y sociales independientes, evitará que la salida de la crisis acabe deteriorando aún más las condiciones de vida de la población trabajadora y que la imposición de esas políticas desemboque en un régimen político autoritario

El impacto de la crisis a nivel mundial

A inicios del 2020, la situación de la economía mundial era delicada: la tasa de variación anual del PIB en 2019 había sido de 2,9%, continuando la tendencia negativa mostrada ya en los cinco años anteriores, cuando el promedio anual fue de 3,6% (FMI 2020a).

Los pronósticos iniciales para 2020, indicaban que los problemas que había enfrentado la economía en el año anterior, como la agudización de las disputas comerciales entre EEUU y China, la reducción de la actividad en importantes países emergentes como la India, la difusión de conflictos sociales en varias regiones y la presencia de desastres naturales, podrían disiparse en 2020, dando lugar a un contexto más favorable para el crecimiento económico. A ese optimismo, se sumaban lo signos positivos mostrados en el último trimestre en la industria y el comercio, gracias al estímulo de una política monetaria más distendida adoptada por muchos países.

Sobre este escenario, en la primera mitad del mes de enero aparecieron las primeras señales de la llegada del nuevo coronavirus. China anunció el 11 de enero la primera muerte en la ciudad de Wuhan provocada por un virus desconocido, presumiblemente emparentado con el SARS (DW 2020). La difusión de la epidemia fue muy rápida: a fines de ese mes ya existían 7.710 personas contagiadas en China y los casos se habían propagado en 15 países de cuatro continentes, por lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia internacional el 30 de enero (BBC 2020a).

La respuesta de los gobiernos de los países más afectados por la pandemia fue la declaratoria de emergencia nacional que incluyó numerosas medidas de distanciamiento social, cuya versión más radical fue el confinamiento o cuarentena nacional. Esta medida adoptada en China a fines de enero, demostró su eficacia para frenar la propagación de la enfermedad, dando un valioso tiempo al sistema sanitario para el tratamiento del creciente número de infectados. Así, otros países siguieron el ejemplo: Italia impuso primero el confinamiento en la región norte de su territorio el 7 de marzo y dos días después el confinamiento nacional; le siguieron España y Alemania, que adoptaron similar medida hacia fines del mismo mes. En otros continentes, como América, la cuarentena empezó a aplicarse en algunos países desde el 16 de marzo (Wikipedia 2020).

Las medidas excepcionales de distanciamiento social y confinamiento supusieron la paralización de gran parte del aparato productivo, así como el cierre de todo tipo de actividades, como el transporte, el comercio y hasta actividades educativas y deportivas. El comercio internacional se paralizó en gran medida, afectando las exportaciones y la provisión de las cadenas productivas globalizadas; asimismo, la suspensión del transporte en todas sus formas y alcance, provocó la paralización de las corrientes turísticas.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la paralización forzada —que denomina el Gran Bloqueo— está ocasionando pérdidas en la producción mayores a las de la crisis financiera de 2008; más aún, prevé que la economía mundial sufra una recesión más aguda que la de la Gran Depresión de 1929 (FMI 2020b). Sus efectos serán muy extensos; en primer lugar, sobre sectores vinculados a los viajes, el turismo, el consumo de entretenimiento, etc., pero a medida que la contención social se extiende, perjudicarán la actividad de casi todos los sectores; en un escenario de globalización profunda, se extienden a través del comercio internacional, de modo que se agravan mutuamente.

La reducción de la demanda será de alcance mundial y afectará los precios de las materias primas, como los minerales y los hidrocarburos debido a la menor actividad industrial, agravando las tendencias previas, como lo patentiza la caída histórica del precio del petróleo WTI hasta niveles negativos. En esa medida, los países atrasados, mayoritariamente oferentes de productos básicos, sentirán la presión sobre sus exportaciones y, por tanto, sobre sus ingresos.

Además, la caída de los beneficios y los problemas que se presentarán en el sistema de pagos a nivel internacional, incrementarán la aversión al riesgo de los capitalistas provocando una disminución de los créditos y un aumento en su precio.

Por ello, es previsible que los países atrasados, afectados por la disminución de sus ingresos por exportaciones y por mayores déficits fiscales debido al incremento extraordinario de los gastos para atender la pandemia, se vean enfrentados a condiciones más duras para el acceso a recursos financieros cuya necesidad ha sido magnificada por la crisis, y a los que recurrirán a pesar de su alto nivel de endeudamiento. Estos efectos, conocidos ya en la anterior crisis de 2008, se amplificarán en la medida en que la actual afectará de manera más aguda a la economía real, pues involucra a países como China, que en aquella no fueron afectados tan radicalmente.

Por todo lo anterior, la evolución esperada de la economía mundial en el presente año, dominada por el temor a la expansión de la pandemia cuya duración se extenderá por el tiempo que dure el desarrollo de una vacuna y su aplicación masiva, se refleja en el pronóstico del FMI: una caída del Producto Interno Bruto (PIB) mundial de 3%, aunque con un crecimiento positivo elevado de casi el 6% para 2021.

Ese comportamiento estará fuertemente dominado por la recesión de los países desarrollados, especialmente de los Estados Unidos y de los países europeos asolados por la pandemia, como Italia, España y Francia, con una tasa promedio de -6,1%. El pronóstico es más optimista respecto al comportamiento de China e India, que se espera que crezcan menos del 2% y una fuerte recuperación para el año siguiente que les permita, inclusive, superar las tasas de crecimiento de los años previos a la pandemia. Para América Latina y el Caribe, se espera una caída del 5,2% para 2020 y una recuperación del orden del 3,4% para 2021 (cuadro 1).

CUADRO 1
PRONÓSTICO DE VARIACIÓN ANUAL DEL PIB (PORCENTAJES)

(*) Proyectado.
Fuente: FMI. World Economic Outlook, abril 2020.

Se debe remarcar que al afectar a la economía real reduciendo la producción, la productividad y los ingresos, es previsible que la caída de las ganancias sea trasladada por los empresarios sobre espaldas de los trabajadores, incrementando el desempleo y rebajando los salarios, como lo muestran los datos sobre desempleo (cuadro 2) en los Estados Unidos (EEUU), por lo que la pérdida de ingresos laborales se reflejará en el futuro en una menor demanda de productos: el temor a la prolongación de la crisis y a sus efectos desembocará en menores gastos y en la quiebra de empresas.

CUADRO 2
PRONÓSTICO DE CRECIMIENTO ECONÓMICO Y DESEMPLEO (PORCENTAJES)

Fuente: elaboración propia con base en FMI.

Pronóstico para Latinoamérica y Bolivia

El Banco Mundial (BM), el FMI y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), a partir de los datos del crecimiento del PIB para 2019, coinciden en marcar la tendencia a la baja de la actividad económica en los países latinoamericanos en el último lustro. Esta situación estaría marcando la existencia de un escenario de vulnerabilidad previo a la emergencia de la crisis sanitaria del COVID-19 y, por lo mismo, unas perspectivas especialmente negativas para el futuro próximo.

El factor determinante del bajo crecimiento de los últimos años en todos los análisis, es la reducción de la demanda de materias primas por parte de los principales socios comerciales de la región, especialmente de China. A este fenómeno del plano externo, se sumó la reducción de flujos de capital hacia la región, explicado por la inestabilidad económica y la incertidumbre política en varios de los países más grandes de la región: Brasil, México y Argentina.
Como el deterioro del contexto externo muestra el fin del ciclo de alza de precios de las materias primas, muchos países sufrieron importantes impactos en sus ingresos, que agravaron las dificultades internas.

En el plano local se señalan como problemas centrales: reducción de la capacidad o “espacio” fiscal, baja recaudación fiscal, debilidad de las empresas públicas, alto nivel de endeudamiento público y de servicio de la deuda, elevado endeudamiento de empresas y familias y escasa potencialidad de políticas monetarias; este escenario de deterioro explicaría el incremento de las primas de riesgo de los países y la salida de inversiones mencionada. En general, otras variables macroeconómicas como la inflación y la cuenta corriente se habrían mantenido en niveles manejables en la mayoría de los países de la región.

En el plano social, destaca la elevada conflictividad vivida en varios países, a lo largo del año. Algunos hechos estuvieron vinculados con la imposición de reformas, principalmente fiscales y monetarias, que fueron implementadas para enfrentar problemas acumulados a lo largo de la década pasada, lo que provocó protestas sociales debido a los costos que implicaron para la población. En otros casos, se trató de conflictos políticos que se impusieron para erradicar las políticas públicas agotadas que se habían implementado en un escenario de bonanza.

Sobre esa realidad se volcaron los efectos de la crisis sanitaria del coronavirus que, como en el mundo entero, fue enfrentada mediante medidas de distanciamiento social, ante la virulencia de la enfermedad y las dificultades de los sistemas de salud abandonadas en décadas de neoliberalismo y populismo.

De 36 países latinoamericanos, 19 optaron por el confinamiento nacional, 11 por confinamientos localizados o parciales, cinco por recomendaciones para la conducta social y uno, Nicaragua, no adoptó ninguna medida de restricción a la movilidad social. De los países que optaron por la cuarentena, seis aprobaron la medida entre el 17 y el 24 de marzo, por lo que la paralización de las actividades alcanzaría a entre 38 y 45 días hasta fines de abril.

Los diversos organismos internacionales señalan pronósticos alarmantes para la economía de los países latinoamericanos y del Caribe. La paralización de la mayoría de las actividades económicas, del comercio y la reducción extraordinaria del consumo, agravarían los problemas señalados para la etapa previa (FMI 2020b; BM 2020; CEPAL 2020). Consecuentemente, los pronósticos sobre el PIB de América Latina y el Caribe se sitúan entre un -4,6% y -5,3% de variación anual para este año (cuadro 3).

1 Mientras el BM señala una tasa de -0,1% para 2019, el FMI y la CEPAL consideran una tasa de 0,1% (BM. La economía en los tiempos del COVID-19; FMI. World Economic Outlook apr2020; CEPAL. Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2019).

CUADRO 3
PRONÓSTICO DE VARIACIÓN ANUAL DEL PIB (PORCENTAJES)

Fuente: FMI. World Economic Outlook, abril 2020; BM. La economía en los tiempos del COVID-19, abril 2020; CEPAL. América Latina y el Caribe: Dimensionar los efectos del COVID-19 para pensar en la reactivación, abril 2020.

La mayor reducción de la demanda de materias primas traducida en menores exportaciones, así como la reducción de sus precios, determinarían el agravamiento de la debilidad fiscal, en algunos casos con déficit importantes, presionarían sobre el endeudamiento ante la reducción de flujos de inversión, e inclusive podrían malograr su integración en cadenas de producción globales (riesgo para quienes poseen más industrias), ocasionarían elevación de la inflación y podrían incentivar devaluaciones competitivas que provocarían mayores desequilibrios monetario/financieros.

Además, las eventuales quiebras de empresas podrían llevar a severas recesiones; dependiendo de la evolución de la pandemia, lo que podría suponer ciclos de rebrote; en la medida en que retorne la actividad económica, esas recesiones podrían convertirse en recurrentes.

Sin embargo, los efectos de la crisis serían diferentes tratándose de países, sectores económicos y sectores sociales. En el caso de los países, aquellos especializados en exportaciones de materias primas, como es el caso de los sudamericanos, serían más afectados por la recesión de sus socios desarrollados; en cambio, los países del Caribe sentirían más los efectos de la recesión de Estados Unidos y, principalmente, de la disminución del turismo.

La quiebra de empresas se traduciría en incremento del desempleo y reducción de las fuentes de ingresos de los trabajadores, lo que derivaría en el deterioro de indicadores sociales: aumento de la pobreza y la desigualdad.

La CEPAL señala que la región tiene el empleo concentrado en un 43% en los sectores potencialmente más vulnerables a la crisis, a diferencia del promedio mundial de 37,5%, por lo que los efectos sobre el desempleo podrían ser mayores: la tasa interanual subiría del 8,1% al 11,5%, afectando a más de 33 millones de personas.

Obviamente, este riesgo está ligado a su estructura económica donde domina el denominado sector informal, es decir el trabajo desarrollado en pequeñas y microempresas de baja productividad y el empleo por cuenta propia. También apunta a los efectos especiales sobre las mujeres, debido a la particularidad de cuarentena, que incrementa las actividades no remuneradas al interior del hogar y traslada al mismo otras como la educación de los niños y el cuidado de los enfermos (CEPAL 2020). El corolario de ese deterioro social sería el incremento de la pobreza: del 30,3% al 34,7% de la población en el caso más conservador, lo que correspondería a 29 millones de personas.

En el caso de Bolivia, la crisis del coronavirus amplificará los problemas que presenta desde hace varios años.

Como se sabe, el PIB muestra una caída tendencial desde el 5,46% para 2014, hasta el 2,2% para 2019. La reducción del crecimiento del pasado año está vinculada estrechamente a la caída del sector de hidrocarburos con una tasa de -10,6% —a pesar de su leve recuperación en el último trimestre merced a la recuperación de las exportaciones de gas natural— y de la minería con -2,4%.

Como resultado de la ralentización de la economía en los últimos cinco años, la situación del fisco y el balance del comercio exterior sufrieron deterioros importantes. En el caso de las cuentas fiscales, desde 2014 son recurrentes y crecientes los déficits globales: en 2014 el déficit fiscal fue de 3,4%, como porcentaje del PIB, y en 2019 alcanzó a 7,7%. Por su parte, la balanza comercial fue deteriorándose a partir del año 2015, año en que el déficit llegó al 2,8% del PIB, equivalente a 920 millones de dólares y en 2019 superó los 260 millones de dólares, alrededor de 0,6% del PIB.

Los pronósticos de los organismos internacionales sobre el impacto de la crisis en la economía nacional (cuadro 4), varían desde un -2,9% de variación del PIB hasta un -3,4%. La estimación oficial, anunciada por el ministro de economía sitúa ese indicador entre un 2% y un 3%2.

CUADRO 4
BOLIVIA: PRONÓSTICO DE INDICADORES MACROECONÓMICOS

(*) FMI 2019, dato estimado WEO database, octubre 2019. n.d.: sin datos.
Fuente: elaboración propia con base en BM y FMI.

El primer impacto de la crisis se ha producido en el sector de hidrocarburos debido a la caída drástica del precio internacional del petróleo en el mercado estadounidense WTI hasta niveles negativos y a la reducción de las nominaciones de gas natural por parte del Brasil. Esto repercutirá en el tercer trimestre, cuando se calcule el precio de exportación del gas natural de exportación y, por tanto, en el valor de las exportaciones y en la renta fiscal: estimaciones oficiales y de expertos nacionales, señalan una pérdida de entre 700 y 1.000 millones de dólares, respecto al ingreso por exportaciones proyectado para el año; una pérdida de 44% respecto al ingreso registrado en 20193.

En el caso del otro sector extractivo, la minería, la situación es también grave, debido al impacto directo traducido en la paralización completa de la producción de minerales y las exportaciones. Así, el valor de las exportaciones mineras este año se verá afectado por la reducción de la producción, que aumentará a medida que se extienda la cuarentena, y la baja en la cotización de la mayoría de los minerales, exceptuando el oro que ha mostrado un comportamiento irregular, pero al alza en su cotización internacional4.

Con todo, el impacto negativo se sentirá en todos los sectores, puesto que la economía nacional es particularmente vulnerable a los shocks externos, no sólo por depender en gran medida de las exportaciones, sino porque su producción y consumo internos son altamente dependientes de las importaciones de insumos y bienes de consumo final. Aunque los impactos serán diferenciados, según la CEPAL, en la estructura económica del país el 21% de sus sectores se consideran “más afectados”, 65% “medianamente afectados” y sólo 14% como “menos afectados” (CEPAL 2020).

En ese sentido, parece pertinente identificar cuáles de los sectores económicos se presentan más vulnerables por los efectos de la cuarentena y perfilar su posible afectación al empleo. De acuerdo a la información de las cuentas nacionales del INE, los sectores que mostraron una reducción más pronunciada de su dinamismo en 2019, a pesar de tener tasas mayores a la tasa de crecimiento del PIB nacional, fueron el transporte, la administración pública, la industria, la construcción y el comercio, con disminuciones de entre el 63% y el 31% en sus tasas de crecimiento; solamente el sector de restaurantes y hoteles verificó una variación positiva el año pasado.

Coincidentemente, estos sectores concentrados en el área urbana, que concurren con los sectores clasificados por la CEPAL como más y medianamente afectados, son los más afectados por la paralización de la movilidad social y de la producción, que implican las medidas de distanciamiento social; además, son los sectores que explicaron en 2018 la mayor participación en la absorción de las personas ocupadas (cuadro 5).

Si sumamos a esa característica, el hecho de que en cinco de los siete sectores seleccionados impera el trabajo precario: por cuenta propia, con baja productividad y bajos ingresos, podemos colegir que los impactos del aislamiento social serán más fuertes que en otras economías de la región, comportamiento que estaría resumido en la duplicación de la tasa de desempleo que prevé el FMI.

3  “YPFB: Bolivia compensará en parte caída de venta de gas comprando menos combustibles”, Sputnik, abril 21 de 2020 (https://mundo.sputniknews.com/america-latina/202004211091184487-ypfb-bolivia-compensara-en-parte-caida-de-venta-de-gas-comprando-menos-combustibles/).

4  Según datos de Comibol, a principios de enero se cotizaba en 1.520.55 la onza troy y en 1.702.65 el 22 de abril.

CUADRO 5
CRECIMIENTO DE SECTORES ECONÓMICOS URBANOS SEGÚN IMPORTANCIA EN EL EMPLEO (PORCENTAJES)

Fuente: elaboración propia con base en INE.

EN EL CASO DE BOLIVIA, LA CRISIS DEL CORONAVIRUS AMPLIFICARÁ LOS PROBLEMAS QUE PRESENTA DESDE HACE VARIOS AÑOS. LOS SECTORES QUE MOSTRARON UNA REDUCCIÓN MÁS PRONUNCIADA DE SU DINAMISMO FUERON TRANSPORTE, ADMINISTRACIÓN PÚBLICA, INDUSTRIA, CONSTRUCCIÓN Y COMERCIO, CON DISMINUCIONES DE ENTRE EL 63% Y EL 31% EN SUS TASAS DE CRECIMIENTO. ESTOS SECTORES CONCENTRADOS EN EL ÁREA URBANA, SON LOS MÁS AFECTADOS POR LA PARALIZACIÓN DE LA MOVILIDAD SOCIAL Y DE LA PRODUCCIÓN, QUE IMPLICAN LAS MEDIDAS DE DISTANCIAMIENTO SOCIAL

Un indicador relativo a las condiciones de vida de la población es el de las remesas que son transferidas por los trabajadores migrantes. Este indicador, debido al incremento inusitado de las migraciones por razones laborales de ciudadanos latinoamericanos, verificado durante las últimas dos décadas, llegaría en algunos países de la región al 10% del PIB nacional.

En nuestro caso, la magnitud de las remesas fue importante durante el período 2010-2019, pues se situó en el orden del 3,8%, aunque tuvo una reducción de 4,1% a 3,5%, comparando los dos quinquenios de esa década. Los datos oficiales del BCB para el primer bimestre ratifican esa tendencia a la baja (gráfico 1), pues la variación respecto al período similar de 2019 habría sido de -5,6%. Si consideramos que los países de origen de las remesas bolivianas más importantes en 2019 fueron, en orden de importancia, España (40%), Estados Unidos (19%) y Chile (12%) y tomando en cuenta la caída proyectada en su crecimiento económico de -8%, -7,5% y -4,5%, es perfectamente lógico pensar que sus gobiernos endurezcan las condiciones para la migración, reduciendo la cantidad de trabajadores bolivianos, muchos de los cuales operan sin cobertura legal.

En resumen, la evolución previsible de la economía nacional, por su propia debilidad estructural y por la influencia de los shocks externos amplificados por la crisis del coronavirus, podría desembocar en un incremento importante de la pobreza y la desigualdad, tal como lo pronostica el BM, que estima la duplicación del porcentaje de la población pobre según la “tasa de pobreza internacional”, calculada en 1,9 dólares diarios de ingreso per cápita (BM 2020).

GRÁFICO 1
REMESAS DE TRABAJADORES RECIBIDAS

Fuente: elaboración propia con base en BCB.

LA EVOLUCIÓN PREVISIBLE DE LA ECONOMÍA BOLIVIANA, POR SU PROPIA DEBILIDAD ESTRUCTURAL Y POR LA INFLUENCIA DE LOS SHOCKS EXTERNOS AMPLIFICADOS POR LA CRISIS DEL CORONAVIRUS, PODRÍA DESEMBOCAR EN UN INCREMENTO IMPORTANTE DE LA POBREZA Y LA DESIGUALDAD; EL BM ESTIMA LA DUPLICACIÓN DEL PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN POBRE SEGÚN LA “TASA DE POBREZA INTERNACIONAL”, CALCULADA EN 1,9 DÓLARES DIARIOS DE INGRESO PER CÁPITA

Conclusiones

La crisis actual no es como las otras. La economía mundial arrastraba el lastre de la crisis estructural, una crisis de sobreacumulación, que se refleja en las débiles tasas de crecimiento de las principales economías.

La acumulación de factores que llevaron a la crisis de 2008, que explotó con la quiebra de los principales bancos y el derrumbe de las bolsas, revelando el carácter profundamente especulativo de la economía capitalista, siguen presentes y se han extendido a las llamadas economías emergentes, principalmente China, obligándoles a enfriar su crecimiento y cambiar su orientación relegando a las inversiones extranjeras como motor de crecimiento.

Por tanto, la disputa entre potencias se ha revelado de manera dramática, pone a la orden del día las corrientes nacionalistas y las posturas anti-globalización e intenta resolver los problemas protegiendo a sus propios capitales “nacionales”.

La crisis del nuevo coronavirus, sin embargo, es diferente, debido a que constituye una paralización global de las actividades económicas, no como resultado de una crisis de realización previa, sino como el preámbulo de crisis en el ámbito financiero.

Si en 2008 la crisis financiera reflejó los problemas subyacentes de la economía real y acabó paralizando la producción, hoy la paralización productiva obligada para detener la propagación de la pandemia, que llevó a detener el comercio, se traduce en una amenaza creciente de quiebras por la ruptura de la cadena de pagos, la caída de precios de los activos y la escasez de capitales para la inversión.

Por lo mismo, las medidas a las que recurrió por mucho tiempo el capitalismo para estimular la demanda: políticas monetarias y fiscales expansivas, probablemente no puedan atenuar la caída hacia la recesión y la misma liquidación de muchos capitales: el denominado shock de oferta conducirá a la liquidación de muchas empresas y capitales por la paralización de la realización de su producción y la ruptura de la cadena de pagos (pese a las inyecciones de liquidez dispuestas por los gobiernos) incrementando el desempleo y reduciendo aún más la demanda afectada ya por la reducción del consumo de los hogares, un efecto que agravará el temor de los inversionistas, muchos excesivamente endeudados, para emprender nuevos proyectos, cerrando el círculo recesivo.

Consecuentemente, lo que puede sobrevenir, dependiendo de la duración y gravedad de la propia crisis sanitaria del coronavirus, es la exacerbación de lucha entre potencias económicas por los mercados (la crisis ha puesto en evidencia los riesgos de las cadenas globales de producción) en un ambiente de profunda debilidad de la demanda. Las disputas que se estuvieron dando, como la del petróleo, se podrían agudizar y extenderse a todos los ámbitos imaginables, sin desechar la probabilidad de que desemboquen en conflictos abiertos.

En esa disputa, que refleja la búsqueda de opciones de reducción de los costos de producción, los países atrasados pueden ser las víctimas de nuevos procesos de privatizaciones, expropiación de sus recursos naturales y agudización de la explotación laboral, empeorada por las medidas de restricción de la migración que se están produciendo en los países desarrollados. Los gobiernos de los países atrasados, especialmente de aquellos que durante el ciclo de alza de los precios de materias primas profundizaron el patrón primario exportador y su dependencia de las rentas provenientes de su explotación, buscarán reactivar los sectores tradicionales y abrir nuevos, atrayendo inversiones extranjeras en base a la flexibilización de las normas medioambientales y laborales; asimismo, recurrirán al incremento del endeudamiento público externo.

En Bolivia, el gobierno transitorio, más allá de las medidas asumidas en el corto plazo para atender la crisis sanitaria, ha dado muestras de su intención de sentar las condiciones para que el país transite por esa vía en el mediano y largo plazo, imponiendo algunas reformas “estructurales”: asunción sin restricciones del uso de transgénicos, política tributaria de incentivo para las industrias nacionales, liberalización del sector agropecuario, la privatización de las empresas públicas, la revisión de los contratos de hidrocarburos y la apertura a capitales extranjeros de yacimientos mineros -en especial el litio. En la misma dirección, prevé realizar ajustes fiscales, la contratación de más deuda externa con organismos internacionales, alegando la calificación de economía de ingreso mediano bajo, e inclusive a la emisión de nueva deuda soberana.

Finalmente, la cuestión esencial de la superación de la crisis del coronavirus será, como sucede en toda crisis del capitalismo, quiénes cargarán con sus costos y quiénes serán favorecidos.

Los empresarios capitalistas intentarán reponer sus ganancias y recuperar sus capitales mediante la reducción de sus costos, afectando los salarios y las condiciones de trabajo.

Los gobiernos que representan esos intereses, buscarán que el diseño de sus políticas de salvataje de la “normalidad” anterior garantice la socialización de las pérdidas, ya sea mediante los impuestos, la reducción de gastos sociales y subsidios o la privatización.

Por todo ello, la presencia activa de organizaciones sindicales y sociales independientes, demandada en el pasado inmediato, se convierte en un requerimiento imprescindible para evitar que la salida de la crisis acabe deteriorando aún más las condiciones de vida de la población trabajadora y que la imposición de esas políticas desemboque en un régimen político autoritario.

LA CRISIS ACTUAL NO ES COMO LAS OTRAS: CONSTITUYE UNA PARALIZACIÓN GLOBAL DE LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS, NO COMO RESULTADO DE UNA CRISIS DE REALIZACIÓN PREVIA, SINO COMO EL PREÁMBULO DE CRISIS EN EL ÁMBITO FINANCIERO. LA PARALIZACIÓN PRODUCTIVA OBLIGADA PARA DETENER LA PROPAGACIÓN DE LA PANDEMIA, QUE LLEVÓ A DETENER EL COMERCIO, SE TRADUCE EN UNA AMENAZA CRECIENTE DE QUIEBRAS POR LA RUPTURA DE LA CADENA DE PAGOS, LA CAÍDA DE PRECIOS DE LOS ACTIVOS Y LA ESCASEZ DE CAPITALES PARA LA INVERSIÓN

Bibliografía

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BBC. “Coronavirus: 8 gráficos que muestran cómo cambió el mundo con la cuarentena por el covid-19”, abril 8 de 2020. Disponible en: < https://www.bbc.com/mundo/noticias-52194942 >[24.04.2020]b.

BM. La economía en los tiempos del COVID-19, abril 2020. Disponible en: < https://openknowledge.worldbank.org/handle/10986/33555 >[20.04.2020].

CEPAL. Dimensionar los efectos del COVID-19 para pensar en la reactivación, abril 2020. Disponible en:< https://www.cepal.org/es/publicaciones/45445-dimensionar-efectos-covid-19-pensar-la-reactivacion >[24.04.2020].

Deutsche Welle. “Primera muerte en China por un nuevo virus misterioso”, enero 11 de 2020. Disponible en: < https://www.dw.com/es/primera-muerte-en-china-por-un-nuevo-virus-misterioso/a-51964444 > [24.04.2020].

FMI. ¿Tenue estabilización, lenta recuperación? Perspectivas de la economía mundial, abril 2020a.

FMI. World Economic Outlook. Chapter 1. The Great Lockdown, April 2020b.

Indexmundi. “Petróleo crudo precio mensual”. Disponible en: < https://www.indexmundi.com/es/precios-de-mercado/?mercancia=petroleo-crudo > [24.04.2020].

Wikipedia. “Cuarentena por la pandemia de enfermedad por coronavirus de 2019-2020”. Disponible en: < https://es.wikipedia.org/wiki/Cuarentena_por_la_pandemia_de_enfermedad_por_coronavirus_de_2019-2020 >[24.04.2020].

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