La cumbre agropecuaria ‘Sembrando Bolivia’

El Deber – Wilfredo Rojo Parada
Consideramos que no solamente debería impulsarse el sector primario de la economía nacional, sino otras áreas de carácter estructural.
A partir de la caída del petróleo en octubre de 2014, todos los países del mundo en general y Latinoamérica en particular, realizaron ajustes en sus políticas monetarias.
Las causas de la baja en el precio del crudo fueron: 1) Una débil demanda global de productos derivados del petróleo que se mantenía desde 2007-2008 y; 2) La retirada de inversiones financieras que alimentaron una burbuja en los precios del petróleo.
Los informes de la OPEP de 2014 daban cuenta de que los países miembros reducían su producción; mientras tanto, países no asignados a la OPEP, EEUU y Rusia, aumentaron su producción, gracias a la técnica de fracturación hidráulica, conocido como gas de esquisto.
En el ámbito del subcontinente americano la política cambiaria se movió en torno a proteger su industria y evitar efectos contrarios.
La reacción del país
Mientras la dinámica económica de los países latinoamericanos reaccionó oportunamente, Bolivia todavía no lo ha hecho.
A efectos de acomodar la economía nacional a la nueva realidad mundial, el presidente evo Morales lanza una propuesta: la cumbre Sembrando Bolivia -aplazada reiteradamente-, solo para el sector primario (agricultura) en el supuesto de que este podría reaccionar en corto plazo para cubrir la brecha abierta por los bajos precios de la venta de los hidrocarburos de Bolivia a Argentina y Brasil.
Consideramos que no solamente debería impulsarse el sector primario de la economía nacional, sino otras áreas de carácter estructural diferentes a las que el Gobierno del MAS proyectó dos años antes de asumir la administración de la economía del país y la llevó adelante por 9 largos años.
Evidentemente está desgastada, y esto porque muchos de sus protagonistas ya no están, y la realidad de entonces es muy distinta a la de ahora. En ese contexto, el discurso del proceso de cambio ha quedado obsoleto, urgen nuevas y eficaces ideas para acompañar los cambios de la economía global.
El encuentro en cuestión creó gran expectativa en la posibilidad de plantear objetivos importantes que dieran un nuevo rumbo a la economía boliviana. La propuesta gubernamental fue de ampliar la frontera agrícola en 10 millones de hectáreas hasta el año 2025, a fin de garantizar la seguridad y soberanía alimentaria.
El logro para el sector agropecuario fue el de extender el plazo del control de la Función Económico Social (FES) de dos a cinco años, ampliación que no es suficiente para la ganadería cuyo ciclo económico es de 8 a 10 años, dependiendo de la tecnología que se aplique.
En relación a las restricciones a las exportaciones, solo se llegó a enunciados como el que “se facilitará por sectores”.
En relación a introducir nuevas semillas transgénicas no hubo una respuesta concreta debido al rechazo del Pacto de Unidad (PU) que reúne a organizaciones sociales y campesinas, aliadas al Gobierno central.
Se propuso, sin fecha determinada, la compatibilidad de producción transgénica y orgánica, y el no uso de transgénicos. A fin de cuentas, el propósito manifestado por el presidente Morales de “cambiar el modelo económico”, no se hizo patente en las mesas de trabajo, tampoco se lo percibió a niveles de viceministros y directores del ramo agropecuario.
De parte del Gobierno sucedió lo mismo que en los gobiernos de libre mercado: no pudo contrarrestar la enorme asimetría en políticas económicas micro y macroeconómicas.
Desarrollo agroindustrial
Bolivia requiere urgentemente de un trazado transparente y explícito de la economía, sin complejos, para alcanzar un desarrollo agroindustrial eficiente y sostenible, con políticas adecuadas, leyes pertinentes para el crecimiento de la economía.
Esto significa seguridad jurídica, exportaciones libres, tecnología, infraestructura, logística, si se quiere evitar una balanza comercial deficitaria y un déficit fiscal.
Es indispensable que el país reoriente su visión de desarrollo económico en objetivos de corto, mediano y largo plazo; pero sin lugar a dudas, de forma inmediata brindar mayores y mejores posibilidades a una agricultura que esté apegada a la agroindustria, y no inducir a visiones contradictorias en ambos sectores, pues ellos se compatibilizan y subsisten el uno con el otro.
El apoyo gubernamental debería ser equitativo para ambos. Si la Administración de Gobierno entra en esta dinámica obviamente que liberará las restricciones a la exportación y propiciará la tecnología.
La actual cartera de producción interna no es suficiente para el desarrollo y fomento del comercio exterior, es imprescindible la creación de un Ministerio de Exportaciones que destrabe los trámites burocráticos y agilice los clusters de exportación.
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