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LA CRISIS SE ESCRIBE CON «D» DE DESEMPLEO – Alerta Laboral Nº 59

La actual turbulencia económica mundial tiene pronóstico reservado; no se trata de otra turbulencia más, la crisis actual es sistémica y su explicación está en el seno mismo del capitalismo: sobreproducción, caída en la tasa de ganancia, especulación financiera y sobreexplotación laboral, son algunos de los factores que la explican. He aquí un breve repaso de la naturaleza de una crisis que pondrá otra vez la pesada carga en los trabajadores. LA CRISIS SE ESCRIBE CON «D» DE DESEMPLEO Algunos economistas han utilizado la forma de letras del abecedario para ilustrar el comportamiento de la economía mundial en el marco de la crisis económica internacional: los más optimistas señalaban que la letra “V” la ejemplificaba mejor, debido a que, luego de una caída pronunciada, la recuperación podría venir casi de inmediato y con la misma energía que la línea de caída; con un poco menos de optimismo, otros economistas propusieron que se trataba de una crisis en forma de “U”, luego de la vertical caída, sobrevendría un periodo de estancamiento (entre 2 y 3 años), para luego iniciarse más lentamente la fase de recuperación; los más pesimistas han recurrido a la imagen de la “L”, para mostrar el carácter de la crisis, es decir, a la caída vertical de la economía mundial, sobreviene un periodo largo y sostenido de estancamiento, sin recuperación a la vista. Los pronósticos sobre el deterioro de la economía mundial, realizados por instituciones financieras internacionales, a finales del 2008, han sido benignos con relación a la realidad, ya que el primer trimestre del 2009 echó por tierra aquel moderado optimismo. Por ejemplo, en marzo de este año, el Banco Mundial modificó su modesto 0,9% de crecimiento mundial estimado para el 2009, por un crudo (-1,7%), es decir, el Producto Interno Bruto (PIB) mundial caerá durante este 2009. Y los ajustes y revisiones a las previsiones económicas continúan, dicen, hasta semanalmente, y siempre hacia la baja. En esta dirección, la recesión vivida en los países industrializados está empujando a que la crisis se extienda por todo el globo, y ya se hable de depresión mundial. Siempre de acuerdo con el Banco Mundial, mientras los países industrializados verían caer su economía en un promedio de 3% durante el 2009 (con Estados Unidos y Japón a la cabeza, seguidos por Europa Central), América Latina y El Caribe declinaría su economía a un ritmo más lento que estos países (-0,6%). DE LAS ENTRAÑAS DEL CAPITALISMO Sea cual fuere la consonante que se elija (V, U o L), la economía mundial está dibujando la pendiente en descenso y nadie sabe cuándo va a terminar de escribirla. Es preciso señalar que, más allá de la expectativa de recuperación, esta crisis no se remite sólo a un “episodio grave” de la economía capitalista, tampoco a una “falla de mercados” ni a la ausencia de regulación en las finanzas; todas estas lecturas han puesto un énfasis ideológico, pues evitan referirse a que la crisis responde a la naturaleza del sistema capitalista y a las contradicciones propias de este periodo histórico. En este sentido, las crisis responden a factores sistémicos del capitalismo que hacen a su contradicción interna, tales como: i) la sobreproducción mundial ocurre por la necesidad de incrementar la productividad del trabajo a un menor costo y con inversiones de capital menores en compra de fuerza de trabajo, respecto de la realizada en medios de trabajo (máquinas e insumos); ii) en estrecha relación con lo anterior, la caída tendencial de la tasa de ganancia del capital a nivel general y a escala global, como resultado de la menor inversión en fuerza de trabajo (la única generadora de plusvalor para el capitalista) y a la necesidad de reponer los medios de trabajo para iniciar el ciclo productivo, en un contexto de alta competencia entre capitalistas y; iii) ante esta tendencia de caída en la tasa de ganancia en la producción, se ha profundizado la actividad especulativa en el ámbito financiero, para obtener ganancias extraordinarias en la circulación del capital, en un contexto mundial de profundización de la liberalización del mercado financiero; y iv) una caída en el consumo general, debido a una depresión permanente de los salarios de los y las trabajadores/as, por la necesidad capitalista de mayor explotación del trabajo para una mayor extracción de plusvalía. LOS TRABAJADORES, EL COLCHÓN DE LA CRISIS Y es la fuerza de trabajo la que termina sirviendo de “colchón” ante la necesidad, en medio de la crisis, de volver a recuperar la dinámica de acumulación en la economía capitalista. En primera instancia, lo que sucede es la destrucción de los capitales especulativos –que ya no generan o no reflejan el valor que aparentan– pero el proceso fundamental para volver a recuperar las ganancias perdidas pasa por incrementar la explotación de la fuerza de trabajo, como única fuente de generación de valor en el capitalismo. Y esto sucede ya sea por la baja de trabajadores, o por la reducción del precio de la fuerza de trabajo, es decir, menores salarios y estrategias de incrementar la productividad de los trabajadores. Por ello, para muchos, la crisis tiene la forma de la letra “D”, de desempleo, pues la dinámica de destrucción de empleos ha sido sostenida y no ha tenido piedad con más de 30 millones de personas en los países más desarrollados del planeta (OIT, enero de 2009). Mientras el capitalismo se mantenga como sistema dominante en la economía, pervivirán sus contradicciones y crisis recurrentes; los costos, en esta lógica, continuarán siendo pagados por los trabajadores del mundo, mientras no se organice la fuerza social –el proletariado– que se encargue de su destrucción.

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