Madres, entre el empleo y el cuidado: desigualdades en la carga de trabajo

NOTA DE PRENSA

La maternidad profundiza las desigualdades que enfrentan las mujeres de las áreas urbanas del país, no solo frente a los hombres, sino también entre ellas mismas. Mientras las madres solas trabajan más horas fuera de casa, las que viven en pareja asumen la mayor carga doméstica y de cuidado; en ambos casos la carga total de trabajo sigue siendo elevada.

Así lo señala el boletín “Mujeres que trabajan (el doble). Desigualdades ocultas entre las mujeres de ciudades del eje central de Bolivia”, del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), que se basa en los datos de la Encuesta Urbana de Uso del Tiempo 2023 aplicada en La Paz, El Alto, Santa Cruz y Cochabamba.

El análisis muestra que las madres no viven una única experiencia de maternidad: el tipo de hogar en el que viven —si crían solas a sus hijos o en pareja— determina cómo distribuyen su tiempo y a qué deben renunciar.

La estructura del hogar condiciona las decisiones de tiempo de las madres: cuidar más o trabajar más para generar ingresos. “Las madres solas sacrifican su tiempo de cuidado para asegurar el sustento económico; en cambio, las madres en pareja sacrifican su tiempo personal para sostener el modelo tradicional de cuidado”, añade.

Según el boletín, las madres solas dedican más tiempo al trabajo remunerado: más de 8 horas diarias. Esto se debe a que, al ser el único sostén económico del hogar, se ven obligadas a priorizar el ingreso, incluso reduciendo el tiempo destinado al cuidado y a las tareas domésticas.

Por el contrario, las madres que viven en hogares nucleares —con pareja e hijos— registran las cargas más altas de trabajo doméstico y de cuidado, con cerca de 7 horas diarias dedicadas a cocinar, limpiar y atender a los hijos.

“En estos hogares, aunque hay una pareja presente, la responsabilidad de que la familia funcione sigue recayendo sobre la mujer”, señala Hurtado.

El momento más crítico ocurre cuando los hijos son pequeños. Según el análisis, cuando los niños tienen menos de cuatro años, la participación laboral de las mujeres cae a su nivel más bajo y el tiempo dedicado al trabajo doméstico llega hasta casi 8 horas diarias.

“Muchas mujeres se ven forzadas a dejar sus empleos o sus estudios porque no pueden con todo: criar, cuidar, trabajar y sostener el hogar”, explica la investigadora.

Para Hurtado, estas interrupciones tienen consecuencias de largo plazo. Como muchas mujeres salen temporalmente el mercado laboral durante la crianza de sus hijos, especialmente en la primera infancia, esto no solo afecta sus ingresos presentes, sino también sus ingresos futuros y sus aportes a la jubilación.

“El trabajo doméstico nunca desaparece. Incluso cuando los hijos crecen, muchas mujeres siguen asumiendo tareas de cuidado de sus parejas o de otros familiares mayores; o continúan trabajando porque no tienen jubilación”, sostiene Hurtado.

Frente a este panorama, el CEDLA plantea la necesidad de avanzar hacia políticas públicas de cuidado y corresponsabilidad. “El cuidado de los niños, de los enfermos y de los ancianos no puede seguir siendo un asunto privado que solo resuelven las madres en sus casas. Debe ser una responsabilidad compartida entre el Estado, las empresas y las familias”, concluye la investigadora y agrega: “solamente así el trabajo de cuidado dejará de ser una condena a la desigualdad y se podrá convertir en un derecho reconocido”.

Conoce más en el boletín: Mujeres que trabajan (el doble) Desigualdades ocultas entre las mujeres de ciudades del eje central de Bolivia

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