Santa Cruz crece, pero una buena parte de sus habitantes son pobres de tiempo
NOTA DE PRENSA
Un análisis sobre pobreza de tiempo muestra que la sobrecarga de trabajo (remunerado y no remunerado) alcanza a más de cuatro de cada diez mujeres con personas dependientes en la ciudad de Santa Cruz. Los datos no son menores con relación a los de La Paz, Cochabamba y El Alto, pese al dinamismo económico de la ciudad.
Santa Cruz de la Sierra es reconocida como uno de los principales motores económicos y urbanos de Bolivia, sin embargo, el crecimiento de la ciudad no parece traducirse necesariamente en más tiempo disponible para sus habitantes. Un análisis sobre pobreza de tiempo y desigualdades de género muestra que la sobrecarga de trabajo remunerado y no remunerado alcanza a una proporción importante de la población cruceña y que las diferencias con otras ciudades del país no son estadísticamente significativas.
En el artículo “Pobreza de tiempo y desigualdades de género en el crecimiento urbano: el caso de Santa Cruz de la Sierra”, de las investigadoras Claudia Cuellar Suárez y Valentina González Madariaga, se define la pobreza de tiempo como la dedicación de 67,5 horas semanales o más al trabajo remunerado y no remunerado (trabajo doméstico y de cuidado). Un umbral que permite identificar situaciones en las que el trabajo restringe severamente el tiempo disponible para el descanso, el ocio y el desarrollo personal.
Para su análisis, las autoras han utilizado datos de la Encuesta Urbana de Uso del Tiempo 2023 del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (EUT-CEDLA), que muestran que, en Santa Cruz, el 41,4% de las mujeres con personas dependientes experimenta pobreza de tiempo. La proporción es del 42,8% entre los hombres con dependientes. Entre quienes no tienen personas dependientes, la pobreza de tiempo alcanza al 34,3% de las mujeres y al 35,4% de los hombres.
La comparación con las otras ciudades permite dimensionar el fenómeno. Entre las mujeres con dependientes, Santa Cruz registra una prevalencia del 41,4%, frente al 41,2% en La Paz, el 46,6% en Cochabamba y el 47% en El Alto. Entre los hombres con dependientes, Santa Cruz alcanza el 42,8%, frente al 39,1% en La Paz, el 41,2% en Cochabamba y el 46,2% en El Alto.
La situación cambia entre las personas sin dependientes. En este grupo, Santa Cruz presenta el 35,4% de pobreza de tiempo entre los hombres, la proporción más alta de las cuatro ciudades, frente al 27% en La Paz y Cochabamba, y el 31,1% en El Alto. Entre las mujeres sin dependientes, Santa Cruz registra el 34,3% de prevalencia, frente al 35,7% en La Paz, el 29,2% en Cochabamba y el 37,5% en El Alto.
Aunque existen diferencias descriptivas entre ciudades, las investigadoras señalan que ninguna de estas diferencias resulta estadísticamente significativa. Es decir, no puede afirmarse que una de las cuatro ciudades tenga, en términos estadísticos, una situación de pobreza de tiempo significativamente diferente a las demás. La sobrecarga de horas de trabajo aparece, más bien, como una condición extendida en las principales áreas urbanas del país.
Este resultado es particularmente relevante para Santa Cruz. La ciudad ha experimentado un acelerado crecimiento demográfico y económico, y es presentada como un centro económico nacional. Sin embargo, el análisis señala que su dinamismo no se ha traducido en una menor probabilidad de experimentar pobreza de tiempo ni en una distribución más equitativa de la carga global de trabajo.
Para Claudia Cuellar, una de las autoras, precisamente ahí está una de las razones para estudiar Santa Cruz. “El foco de pensarlo en Santa Cruz es justamente para desmitificar ese modelo de desarrollo”, afirma y añade que es un modelo extractivista, agroindustrial y también extractivista con el tiempo de los ciudadanos.
Para las autoras, en los indicadores de crecimiento urbano existe una dimensión que suele quedar fuera de la narrativa del desarrollo: el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Por eso, plantean que en Santa Cruz es necesario observar qué ocurre dentro de los hogares y cómo se distribuyen las responsabilidades que permiten sostener cotidianamente la vida y la fuerza de trabajo.
“No existe desarrollo si el cuidado sigue siendo tan desigual. El crecimiento económico, por sí mismo, no va ligado a mejores condiciones, ni a reducir estas desigualdades entre las mismas mujeres y entre mujeres y hombres”, afirma Cuellar.
Los datos del artículo muestran que la desigualdad aparece con mayor claridad cuando se cruzan género y responsabilidades de cuidado; y que estar ocupado y tener personas dependientes en el hogar incrementa sustancialmente la probabilidad de experimentar pobreza de tiempo.
Desde esta perspectiva, las autoras señalan que medir el tiempo permite poner en discusión qué significa realmente el desarrollo urbano. El crecimiento económico puede coexistir con jornadas extensas de trabajo, responsabilidades de cuidado concentradas en determinados miembros del hogar, sobre todo las mujeres, y poco tiempo disponible para el descanso, el desarrollo personal y la vida social. El artículo concluye que mejorar esta situación requiere transformaciones en la organización social del cuidado y políticas laborales orientadas a la corresponsabilidad.
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