La cuenca del río Katari, que recorre varios municipios del departamento de La Paz, alberga al 10% de la población boliviana, y es esta presión demográfica la que deriva, a su vez, en una presión ambiental que afecta no solo a la población de las grandes ciudades, como El Alto y Viacha que están en su recorrido, sino también al resto de las localidades asentadas en sus orillas hasta llegar al lago Titicaca.

Este reportaje, elaborado por la periodista Malkya Tudela para el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), a partir de los resultados de la investigación ¿Somos nosotros mismos? Desigualdades socioecológicas y urbanización en la cuenca del río Katari, de Carlos Revilla, busca mostrar lo que está ocurriendo en la cuenca del río Katari desde una mirada multidimensional de las desigualdades y la pobreza, que es un abordaje que aplica el CEDLA en sus investigaciones desde hace varios años, sin dejar de llamar la atención sobre la contaminación en sus aguas y el efecto que esta situación tiene en la población que convive con la cuenca a diario.

La investigación y este reportaje cuentan con el apoyo de la Embajada de Suecia.

KATARI: CUENCA TURBIA

La cuenca del río Katari está ubicada en el departamento de La Paz y después de su recorrido vierte sus aguas “turbias” en el lago Titicaca.

El 10% de la población del país descarga sus desechos en el lago Titicaca

Los cueros de bovino tendidos al sol a orillas del río Seco son señal de que una curtiembre funciona en una vivienda cercana. Ahí mismo, dentro del río canalizado, los perros husmean todo el sector hasta que uno de ellos encuentra un pedazo de cuero peludo y sale a la orilla a mordisquearlo.

Es la zona Huayna Potosí en El Alto, pero puede ser cualquier barrio por donde el río corre recibiendo toda clase de desechos líquidos que llegan a través de embovedados menores y tuberías de todo diámetro. El río Seco no es el único. Forma parte de un conjunto de afluentes de la cuenca Katari donde está asentada el 10% de la población boliviana.

Esa fuerte presión demográfica y ambiental es una de las primeras constataciones de la investigación del CEDLA ¿Somos nosotros mismos? Desigualdades socioecológicas y urbanización en la cuenca del río Katari, de Carlos Revilla H., realizada en nueve municipios del departamento de La Paz en el marco del programa de investigación sobre las desigualdades y pobreza multidimensional.

Los municipios de El Alto, Viacha, Laja, Pucarani, Puerto Pérez, Collana, Comanche, Colquencha y Calamarca concentraban 1.021.543 habitantes en el Censo de 2012, es decir el 43,47% de la población del departamento de La Paz. La proyección para el 2020 era de 1,1 millones de habitantes, es decir el 10% de la población boliviana.

De ese total, el 91% vive en las aglomeraciones de El Alto y Viacha, lo que hace evidente la importancia de las ciudades y su actividad económica.

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La investigación de Carlos Revilla H. recuperó información técnica-histórica (de 1996 a 2013), de varias fuentes oficiales y científicas –entre ellas destaca la auditoría ambiental de la Contraloría de 2014–, sobre la calidad del agua, y recuperó información y percepciones de los habitantes de doce puntos de la cuenca Katari para indagar en las desigualdades socioecológicas que se suceden en este contexto de intenso crecimiento urbano.

“Las urbanizaciones son un motor de transformación de aspectos sociales y ecológicos, son el principal motor de transformación socioecológica en el mundo”, dice Carlos Revilla H.

Y eso se puede ver con la explosión poblacional en décadas pasadas en El Alto: río Seco, que antes podía usarse para lavar ropa, y el río Pallina, en el que se podía pescar, ahora son el destino de desechos industriales, domiciliarios y hospitalarios que no solo afectan a los vecinos con su fetidez y desbordes, sino que impactan en la sobrevivencia de muchas comunidades cuenca abajo.

A medida que las ciudades se levantan, dice Revilla, “hay ciertos grupos sociales que tienen mayores posibilidades de aprovechar y acumular recursos”, mientras que otros reciben una menor proporción de ellos y son más afectados por los aspectos negativos de su aprovechamiento.

Los ejemplos son muchos. En las ciudades de El Alto y Viacha una importante parte de la población carece de los servicios de alcantarillado, recojo de basura e incluso de agua potable, pero por otro lado “las empresas asentadas en ambos municipios han utilizado (por un buen tiempo) las aguas del acuífero en más de un millón de m³ al año sin pagar un centavo”.

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10 kilómetros de río

El río Seco es el más conocido de El Alto, recorre 10 kilómetros de la ciudad con su bajo caudal (que aumenta hasta desbordarse en tiempo de lluvias), dando nombre a un barrio popular, atravesando varios distritos y recogiendo los residuos líquidos de las actividades productivas.

A su paso perpendicular por la avenida Juan Pablo II, adquiere un color ocre intenso y recibe gaviotas picoteando entre sus aguas hediondas. A simple vista hay lavadores de autos que desechan fluidos engrasados, camiones de verdura que tiran residuos y envoltorios, baños públicos y cueros de bovino secando al sol que indican la presencia de curtiembres.

“En 2001 íbamos a sacar piedras del río, el agua era cristalina y lavábamos ropas. Desde el 2003 a 2012 ha habido el asentamiento de más fábricas, PIL Andina, La Española, el Matadero, lo hizo cambiar del color al río, ya no era (de agua) cristalina, era marrón y rojo”, relata una joven del taller participativo para la investigación ¿Somos nosotros mismos?

Cueros secando al sol a orillas del río Seco en la zona Huayna Potosí (El Alto), señal de que funciona cerca una curtiembre (foto de Malkya Tudela).

Esa percepción coincide con la información del Gobierno Autónomo Municipal de El Alto de que, entre 2013 y 2014, el municipio pasó de tener 17 a 28 grandes empresas; de 418 a 700 pequeñas y microempresas; y de contar con 26.953 a 32.685 microempresas.

El impacto de la actividad productiva no es solo en río Seco, sino que se repite en el río Seque que, además, en su caso, recoge los lixiviados que se forman en el relleno sanitario de Villa Ingenio, antes de bajar hacia El Alto e irse a Laja para confluir en el río Pallina.

Los vecinos de los barrios por donde corren ambos ríos refieren los mismos problemas: olor insoportable, lagañas en los niños, dolores de estómago. La contaminación no significa solo una molesta fetidez para los vecinos alteños de los ríos Seco y Seque, que no es poco, sino la amenaza constante a la salud de las familias y de inundaciones en tiempos de lluvia.

“Los grupos que sufren la contaminación son también los que no pueden realizar sus derechos, tienen severos problemas de salud y para mantener un ingreso, y en una dinámica intensa de urbanización no solo están sufriendo los efectos ambientales, sino también otros efectos vinculados a desigualdades económicas y sociales”, explica Walter Arteaga, investigador en temas de desigualdad y pobreza multidimensional en el CEDLA, quien cofacilitó, junto al equipo de Carlos Revilla H., el taller participativo con población de 12 puntos geográficos de la cuenca Katari.

¿Somos nosotros mismos?

La actividad productiva y el trajín de los domicilios de la ciudad generan toda esa contaminación lanzada a los ríos.

A pesar de las normas que regulan este aspecto, las grandes empresas incumplen estándares de vertido de desechos líquidos hacia la alcantarilla. Es el motivo por el que muchos puntos del río presentan metales pesados, coliformes, grasas y aceites.

En 2019, la Comisión Interinstitucional de Inspección de Descargas Industriales, conformada por los gobiernos municipales de La Paz y El Alto, EPSAS y la Autoridad de Fiscalización de Agua Potable y Saneamiento, inspeccionó 14 unidades industriales en ambas ciudades. En El Alto, ocho incumplían varios parámetros de medición de calidad: dos curtiembres y una fábrica de bebidas vulneraban 15 de 16 parámetros; una fábrica de vidrios y el propio matadero municipal, 13 y ocho parámetros, respectivamente.

La situación de las industrias pequeñas y medianas no es muy diferente. “Son alrededor de 400 a 500 mataderos clandestinos en El Alto y Viacha, por ejemplo, los mismos que consumen esos cerdos que crían en (el relleno sanitario de) Villa Ingenio”, comenta Revilla.

Camiones de la empresa de limpieza en su viaje hacia el relleno sanitario de Villa Ingenio (El Alto) (foto de Malkya Tudela).

Además de las empresas, la percepción de los habitantes de la cuenca es que los cambios en los ríos llegaron con el Decreto Supremo 21060 que empujó a muchos mineros y a campesinos de las veinte provincias a asentarse en El Alto, con consiguientes cambios en sus patrones culturales.

“Desde el 85, como ha emigrado la gente, la mayoría somos emigrantes, queríamos vivir como han sido (los habitantes) de la ciudad, perfumaditos, usando químicos. A través de las duchas mandamos (contaminantes) al río Seco, Pallina y Katari hasta Cohana”, dice otro participante del taller.

La contraparte de esa responsabilidad individual en la ciudad es la administración pública que está para garantizar servicios y derechos a sus habitantes. Pero se puede volver una y otra vez a este aspecto para comprobar que este mandato no se cumple.

En la gestión de los residuos sólidos, por ejemplo, el municipio de El Alto no cubre a todas las zonas con un recojo adecuado, así que mucha de la basura va a parar a los ríos. Unas 6.828 toneladas/año, es decir 5% de la basura doméstica, se somete a esa práctica, de las que El Alto y Viacha producen 5.203 t/año, según la auditoría ambiental de la cuenca. Se calcula que 800 t/año inevitablemente serán arrastradas al lago Titicaca.

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Entonces ¿somos nosotros mismos los que contaminamos? Walter Arteaga explica que la población es consciente de su aporte a la polución, pero a la vez piensa que es necesario concienciar a la otra parte de la sociedad que aún no cae en cuenta de su acción en la degradación de su entorno.

“Ellos dicen ‘somos nosotros mismos, formamos parte del problema, contaminamos, pero también hay otros que quizás sean iguales a nosotros, compartan cultura, vengan de las mismas actividades, pero realizan una actividad que genera contaminación’. Es a esos grupos a quienes se dirige la idea de concienciarse”, explica Arteaga.

Tanto los residentes que llevan basura a sus comunidades de origen como los trabajadores por cuenta propia en una actividad productiva o los vecinos que lanzan basura a los ríos están entre las personas que forman parte del “somos nosotros mismos”.

Los más perjudicados

Lo cierto es que el impacto de la contaminación no se distribuye por igual entre los vecinos o comunarios. Y esto es más que evidente en la zona de Puchukollo, la planta de tratamiento de aguas servidas, donde los campesinos han tenido que abandonar la agricultura debido a la contaminación.

La planta funciona desde 1998 para tratar las aguas residuales de una población de 400 mil habitantes –El Alto bordeaba las 500 mil personas en esa época–, pero ahora no logra depurar las aguas servidas que también pasan luego al río Seco.

Un informe del Banco Mundial, citado en el estudio ¿Somos nosotros mismos?, muestra que para el año 2020 la planta de Puchukollo habría tenido un déficit de tratamiento superior al 11% y que, siguiendo el curso de esas aguas hasta desembocar en la bahía de Cohana, esta recibiría un caudal de 112.320 m³/día.

La obra que debería beneficiar a la ciudad no pudo evitar perjudicar a otra población. Con la construcción de la planta de tratamiento, explica Revilla, las comunidades de la zona se vieron sin agua para su actividad principal que era la agricultura; las protestas fueron en ascenso y los campesinos terminaron perforando el canal cerrado (emisario) que lleva las aguas servidas a la planta.

“He ido a ver Puchukollo hace unos siete años, los comunarios han perforado esa tubería de cemento, de ahí está saliendo esa agua, cuando queremos tapar nos quieren pegar porque (con esa agua) da mejor abono, mejor producción y mejor forraje”, dice un participante del taller.

Lo que se sabe es que los comunarios dejaron la agricultura y sus animales aún mueren por ingerir desechos plásticos, incluidas jeringas hospitalarias. En el lecho del río a la altura de Puchukollo ahora explotan áridos para las actividades de construcción.

Este efecto de la contaminación, es decir la imposibilidad de continuar con la agricultura y la ganadería, se suma a otras desventajas previas que ya pesaban sobre la población campesina, entre ellas el desempleo, el difícil acceso a servicios básicos, al agua y a la asistencia en salud y educación.

“Quienes tienen mayor vulnerabilidad en su salud pueden verse más afectados si su medio ambiente está siendo aceleradamente degradado”, explica Revilla, para referirse a esa desigualdad multidimensional.

Las aguas del río Seco antes de entrar a Puchukollo contenían hierro, arsénico, zinc y manganeso, metales pesados que se habían reducido para la medición de 2013. La corriente, después de la planta de tratamiento, sí presentaba un incremento abrupto de la concentración de nitrógeno y fosfatos, cuya explicación puede estar en el uso de fertilizantes, abonos orgánicos, detergentes o productos de limpieza.

Al margen de ello, Puchukollo se ha convertido en una zona hacia donde crece El Alto y Viacha, y por tanto el suelo está en disputa por distintos grupos de interés.

Toda la carga al lago Titicaca

Los ríos Seco y Seque, que corren paralelos, se extinguen al depositar sus aguas en el río Pallina, que viene desde Viacha. La cuenca Katari continúa hasta que ese caudal deriva en el río Katari, que a su vez se dirigirá hacia el lago Menor del Titicaca.

Hace más de una década que los habitantes de la bahía de Cohana, en el lago Menor, lanzaron una alerta por la contaminación que llega a su región. Una de las acciones paliativas que se aplicaron ante la evidencia del desastre ambiental fue desviar un brazo del río Katari hacia otro lado: el cantón Chojasivi.

Ahora son los habitantes de Chojasivi, en el municipio de Pucarani, más precisamente de sus comunidades Chojasivi, Tiquipa y Lukurmata, los que sufren los desbordes del agua hedionda del río Katari que ha comenzado por diezmar todos sus cultivos de forraje.

Braulio Laruta Flores, secretario general de Tiquipa, en Chojasivi (Pucarani), al lado del río Katari que ingresa al lago no sin antes desbordarse hacia sus tierras (foto de Malkya Tudela).

Los comunarios se internan cada vez más adentro del lago para cosechar la totora limpia de sedimentos y que pueda servir de alimento para su pequeño ganado.

Por la importancia del lago y por la constante gestión de las autoridades comunales, Chojasivi es, en estos meses, el lugar de la cuenca Katari con más inspecciones, recorridos y visitas de las autoridades gubernamentales, parlamentarias y municipales.

En marzo de este año, una comisión de la Asamblea Plurinacional y del Ministerio de Medio Ambiente y Agua visitó la población. Los visitantes tomaron muestras de agua para, con base en esa información, pensar en acciones.

“Ellos prometen, pero no cumplen, para que llegue agua limpia tienen que hacer estanques para filtración, pero no hacen, puede ser por falta de plata o (conocimiento) técnico. Ellos se olvidan, prometen, vienen a visitar. Los nuevos gobernantes que han entrado, (ellos) ojalá que hagan algo”, opina Julian Flores Flores, comunario de Chojasivi.

En mayo, el viceministro de Medio Ambiente, Biodiversidad y Cambio Climático, Magín Herrera, hizo otra visita y otra promesa: se dragaría el río Katari para canalizarlo y hacer que las aguas ingresen directo al Titicaca. Esa decisión cambió después por una serie de medidas que incluían recojo de residuos sólidos y monitoreo de la calidad del agua en la cuenca.

El 9 de junio la página de Facebook Cuenca Katari informó que la Unidad de Gestión de la Cuenca Katari (UGCK), dentro del Ministerio de Medio Ambiente y Agua, había culminado ese día el levantamiento de muestras para el monitoreo de la calidad hídrica “con el fin de determinar el caudal y el grado de contaminación físico, químico y microbiológico del agua”. Al cierre de esta edición no se conocen los resultados de ese control ni las acciones que se tomarán en función de ellos.

Carlos Revilla aclara que en el nivel estatal existen varios planes y proyectos para la cuenca Katari –incluido el reciente que introduce el enfoque de la gestión integral–, desde el cierre de pasivos en Milluni hasta el control de emisiones en el área urbana de Viacha y El Alto, hay instrumentos para controlar vertidos de agua industrial y aguas derivadas de actividades económicas, hay proyectos de monitoreo y propuestas para reacondicionar los rellenos sanitarios.

¿De qué depende que estos planes se cumplan? En su criterio se necesita una gestión más participativa y colaborativa, que involucre a la población directamente afectada, pero que pocas veces participa de las decisiones.

“Junto con ello necesitamos información, conciencia ciudadana y participación de la sociedad civil para poner una alerta sobre la importancia de este espacio y sobre el hecho de que preservar el lago supone el desafío más importante de nuestra generación en términos ambientales”, dice.

Foto principal: puente de Río Seco en El Alto (foto de Malkya Tudela).

Brecha de desigualdad

Los actores de ambos extremos de la brecha están en desigualdad en cuanto al acceso y la calidad de los recursos productivos.

Escóbar: la contaminación deteriora la posibilidad futura de vivir en el área rural

Para la socióloga e investigadora Silvia Escóbar, la degradación ambiental de la cuenca Katari, y en especial la dispersión de los residuos sólidos, es una expresión de que la contaminación está deteriorando, para el largo plazo, las posibilidades de permanecer en las zonas rurales.

La intensidad del crecimiento urbano en los nueve municipios estudiados en la cuenca Katari, con un peso demográfico significativo de El Alto y Viacha, tiene un correlato en el despoblamiento de las áreas rurales, señala Escóbar. Y las ciudades no hacen más que amplificar esa desventaja cuando demandan sin límites los productos del campo; la explotación de los recursos piscícolas del lago Titicaca, por ejemplo, ha agotado algunas especies de peces para proveer a los consumidores citadinos.

La socióloga reflexiona así a partir de la investigación ¿Somos nosotros mismos?, desarrollada por Carlos Revilla H., en el marco del programa de investigación del CEDLA sobre desigualdad y pobreza multidimensional que no se limita a analizar el impacto de los ingresos en los grupos sociales mayoritarios.

El estudio de la cuenca Katari refleja que, “en sociedades donde existen grandes desigualdades socioeconómicas, vivir en un ambiente libre de contaminación es un bien social que también se distribuye de manera desigual”, dice Silvia Escóbar.

La ciudad de El Alto es la aglomeración urbana más grande de la cuenca Katari (foto de Malkya Tudela).

La brecha de desigualdad

Carlos Revilla H. orientó su búsqueda hacia las intersecciones entre las dimensiones socioeconómicas del desarrollo y la dimensión medioambiental, es decir un espacio socioecológico donde los académicos han identificado desigualdades socioecológicas. 

Entre los actores que están a ambos lados de la brecha se identificó, en un extremo, a las grandes y pequeñas empresas, incluido el transporte, como las que más acumulan recursos y contaminan –relata Revilla–, y por debajo de esa línea a los más afectados, entre ellos los ancianos, los productores pecuarios, vecinos y trabajadores, pobladores de las orillas de los ríos, las madres gestantes, las niñas, los niños y los adolescentes.

Los actores de ambos extremos están en desigualdad respecto del acceso y calidad de los recursos productivos.

“Es tan diferenciado este acceso que gran parte de la población de la cuenca de las zonas rurales ya no está viviendo en ellas –explica Silvia Escóbar. Se ha dado un proceso de descampesinización, desagrarización, porque muchos de los que viven ahí no son agricultores sino comerciantes, transportistas, etc. Se ha dado una recomposición de las fuentes de ingreso”.

Para llegar a esta conclusión, Carlos Revilla hace un análisis respecto del acceso a los recursos tierra y agua, el empleo, la migración y las oportunidades, y la capacidad de poder y voz de la población en la cuenca para ser escuchados por las autoridades correspondientes.

El río Seco, hacia la zona de Mercedario (El Alto), donde colinda con Puchukollo. La extracción de áridos es una actividad de los comunarios (foto de Malkya Tudela).

El camino participativo

Al comenzar el estudio, en el CEDLA se encontraron con un informe de la Contraloría General del Estado, de 2014, que describía la degradación ambiental en todo el curso de los ríos de la cuenca y las riberas del lago. Esa información sirvió para definir el ámbito geográfico del trabajo de campo.

Posteriormente la información científica sobre la calidad del agua en distintos puntos de la cuenca, elaborada entre 1996 y 2013, permitió reconstruir un contexto histórico de los acuíferos y de la actividad productiva en la región estudiada.

El investigador en temas de desigualdad y pobreza multidimensional del CEDLA, Walter Arteaga, explica que uno de los objetivos del estudio fue recuperar las perspectivas de las personas que habitan en puntos de la cuenca que están afectadas por la contaminación.

Para esto se diseñó un taller participativo con el propósito de generar una reflexión colectiva. “Comenzamos elaborando una línea del tiempo, luego la identificación de la situación ambiental actual y posteriormente la búsqueda de causas y efectos. En un segundo momento trabajamos en plenaria en la identificación de actores que sufren los efectos de la contaminación, por fuera de las localizaciones específicas, y de los sujetos sociales causantes de contaminación”, explica Arteaga.

Así fue como llegaron a sistematizar entre las causas de la contaminación, desde la perspectiva de los actores: la presencia de industrias legales y clandestinas, el acelerado crecimiento poblacional en la cuenca, la falta de concienciación en la población, la necesidad de ingresos y búsqueda de poder económico y la irresponsabilidad de las autoridades.

El enfoque de la investigación, como todas las del eje de desigualdad y pobreza multidimensional, está dirigido a analizar la pobreza en la dimensión del acceso a recursos monetarios y no monetarios (tecnología, logros educativos); el acceso a oportunidades ligadas a los derechos humanos (educación, salud, empleo, vivienda); el poder y la voz para ejercer influencia en las decisiones de interés para un colectivo (participación social); y la seguridad humana (frente a la violencia de distinto tipo) o para la reproducción diaria (seguridad alimentaria).

Foto principal: En Puchukollo, una abertura del emisario que lleva las aguas servidas a la planta de tratamiento (2013) (gentileza de Sonia Tarquino).

VIACHA: AGUAS CONTAMINADAS

Los acuíferos del municipio de Viacha se ven presionados por la producción de fábricas de las cuales, hasta la fecha, se desconoce su número.

Viacha, con fábricas sobre un bolsón de agua subterránea

Al recién posesionado alcalde de Viacha, Napoleón Yahuasi, los productores de leche en su municipio le plantearon una preocupación ante el rechazo de las empresas a su producto pues hallan que la leche ha adquirido el olor y gusto de los barros negros. ¿Qué hacer?

Por ahora el alcalde tiene una respuesta prometedora porque apenas en mayo pasado se puso en funcionamiento una planta de tratamiento de aguas residuales. “Las aguas que van a salir van a servir para riego y (van a ser) cristalinas, no contaminadas”, dice antes de admitir que la obra solo recoge por ahora los desechos líquidos de un distrito en el municipio. 

El entusiasmo de Yahuasi contrasta con una realidad que parece sobrepasarle pues la irrupción de las industrias en Viacha ha ocurrido mucho antes de su llegada, sin planificación, sin cumplir normas y sin un ordenamiento territorial. 

“Viacha está en un lugar estratégico para el desarrollo económico. Las empresas están haciendo cavados, zanjas, algunas están mejorando, y no tenemos control de cuánto de contaminación (generan). Viacha está sobre un gigante bolsón de agua (subterránea) en determinado sector y en ese sector se están estableciendo las industrias”, dice Yahuasi.

Los acuíferos están presionados por la producción de las fábricas, entre ellas la cervecería, la transnacional de gaseosas y otras industrias de alimentos, sin que se sepa cuál es la afectación o cuál será su duración en el tiempo.

Alcalde del municipio de Viacha, Napoleón Yahuasi (foto de Malkya Tudela).

A ciegas

Si bien tampoco existe un censo oficial sobre las fábricas asentadas en el municipio, el alcalde calcula que son “como 600 empresas, entre grandes, medianas y pequeñas, que se han establecido de manera no planificada”.

El funcionamiento de las fábricas de cemento y cerámica en Viacha no solo presiona los recursos propios sino también los de otros municipios desde los años 80 y 90. Comanche produce roca y yeso, mientras que Collana, Colquencha y Laja explotan piedra caliza y arcilla.

“En Collana, de las canteras extraemos la piedra caliza, estamos dando (esa materia prima) a la fábrica de cemento. Usamos la dinamita y (nitrato de) amonio, con eso estamos contaminando nuestras aguas, a los ríos, de esa manera ahora hemos cambiado, ahora es eléctrico (el método de) la explosión. Ya no (se usa) mucho el nitrato de amonio”, explica un comunario en el taller participativo en el marco de la investigación ¿Somos nosotros mismos?

En Comanche se optó inclusive, durante un tiempo, por alimentar el fuego del horno para la fábrica de estuco con llantas en desuso porque se quemaban más lentamente, que era lo necesario para el material. Esa empresa está cerrada, pero continúa la explotación de piedra que ahora utiliza maquinaria pesada y, en menor medida, dinamita.

Las fábricas comunarias de explotación de materia prima para la construcción en Collana, Comanche y Colquencha derivaron en problemas internos y entre comunidades, así que algunas optaron por cerrarse. Actualmente está en la preocupación de sus habitantes la basura sólida desperdigada por todo el territorio que dejan los turistas y residentes.

La industria de la construcción de Viacha, sin embargo, sigue demandando materia prima. Ha agotado la arcilla en sus suelos, así que nuevamente Collana provee de este recurso.

Aunque se ha desviado al transporte pesado para circular por fuera de la ciudad, todo el polvo ahora contamina a las comunidades. La investigación ¿Somos nosotros mismos? recogió la percepción de los vecinos que señalan a la empresa de cemento por la contaminación del aire y la tierra con polvo de sílice, que puede verse desde lejos suspendido sobre Viacha.

“Tampoco podemos deshacernos de las empresas porque necesitamos que, a nuestra población, brinden trabajo. Nuestra obligación está en que tenemos que mejorar el control de esa contaminación”, dice el alcalde, pero el reto de su gestión es más bien iniciar ese control y fiscalización porque por ahora no existe.

Foto principal: río Pallina a la altura de la zona Santa Bárbara del Distrito 2 de Viacha (2011) (foto proyecto PROLAGO IRG USAID).

MILLUNI: AGUAS ÁCIDAS

En Alto Milluni, entre 1996 y 2013, el agua persiste en acidez y presencia de metales pesados por encima de los límites permisibles.

Alto Milluni pierde el agua y sus bofedales para aprovisionar a la sede de gobierno

La crisis del agua en la ciudad de La Paz, ocurrida el año 2016, tiene repercusiones inclusive hoy en la comunidad de Alto Milluni: el agua de sus bofedales fue entubada para enviarla directamente al aprovisionamiento de la sede de gobierno.

“Los bofedales se están secando rápido. Desde enero, cuatro a cinco meses (después) estamos bien, de ahí en adelante es una preocupación cada año”, dice Eugenio Poma Mamani, dirigente de la comunidad Alto Milluni que tiene 110 familias o unas 300 personas.

El ganado camélido no sobrevive en esas circunstancias, a las que se han sumado como factor negativo, sospecha, las acciones del gobierno para generar lluvia artificial, actividad en la que se suele usar yoduro de plata.    

Milluni es la antigua mina de la Compañía Minera del Sur (Comsur) que, al cerrar operaciones, dejó pasivos ambientales que ahora se expanden por aire y suelo con los ventarrones o la lluvia, a pesar de que están cubiertos en parte con tierra y barricadas. 

Vertiente casi seca de aguas coloridas por la presencia de mineral (foto tomada de erbol.com.bo).

Como en todas las viejas minas, las cooperativas han tomado la posta de la explotación con tecnología artesanal y escasa inversión para extraer principalmente estaño y zinc.

La investigación ¿Somos nosotros mismos? verificó que, desde 1996 hasta 2013, el agua persiste en acidez y presencia de metales pesados por encima de los límites permisibles.

En relación a toda la cuenca Katari, los puntos con mayor contaminación por metales pesados están en Milluni, en las nacientes del río Seque, y en el mismo curso, pero en el límite entre Laja y El Alto, específicamente con hierro, zinc y arsénico. Al parecer esta contaminación tiene coincidencia con el incremento del precio del zinc en el mercado internacional, y por lo tanto con una alta extracción de ese mineral.

El investigador Carlos Revilla, autor de ¿Somos nosotros mismos?, considera que la contaminación, en el caso de Milluni, “es un resabio del extractivismo que data de principios del siglo pasado, pero que sigue teniendo efectos hasta hoy”, lo que se puede observar en cada repunte de los precios de las materias primas y de exportación del zinc.  

A Eugenio Poma no le inquietan esa toxicidad generada por la antigua mina ni el trabajo actual de las cooperativas, sino el desvío del agua de los bofedales y la basura que dejan los turistas citadinos de El Alto y La Paz compuesta de plástico y nylon que luego ingiere el ganado camélido. El problema es tan grande que están tramitando autorización para colocar una tranca e impedir el paso de los visitantes.

El otro gran conflicto para Milluni es el cercano relleno sanitario de Villa Ingenio porque atrae jaurías de perros que luego atacan a las llamas.

El conflicto es con las familias criadoras de cerdos en la Villa, que alimentan a su ganado dentro del relleno sanitario y han evitado que se proteja el lugar con mallas de alambre u otras barreras y eso atrae a muchos perros. Aunque la prensa informa que esta práctica de la cría de cerdos ha terminado, los comunarios y vecinos de Alto Milluni afirman que permanece.

El relleno sanitario es de por sí fuente de conflictos puesto que, por otro lado, los vecinos que no se dedican a criar animales sienten con agresividad la contaminación. En enero de este año, una comisión en la que participó la Defensoría del Pueblo inspeccionó el lugar ante las protestas de los vecinos. Una pequeña parte de su informe dice: “la empresa Colina no realizó un manejo adecuado de los residuos sólidos, residuos hospitalarios y de las aguas lixiviadas; algunas piscinas no cuentan con geomembranas de protección y drenaje adecuado, las celdas de residió sólido (sic) y patógeno se encuentran a la intemperie y no tienen reforestación, no existe una planta recicladora de residuos, entre otras”.

El desecho líquido emanado por el gran basural va a parar a las nacientes del río. Entre los primeros aportes que recoge el río Seque en su curso están las aguas lixiviadas del relleno sanitario de Villa Ingenio, que le llegan a través del río Challhuan Jahuira.

Luego la corriente cruza de norte a sur la ciudad de El Alto, atravesando 15 urbanizaciones de los distritos 7, 5 y 4, para bajar hacia la carretera a Laja y verter sus aguas en el río Pallina, principal tributario del río Katari.

Hacia el límite con Laja, el río Seque comienza a morir porque se acerca a dejar sus aguas al río Pallina y porque se convierte en un botadero de desechos orgánicos y residuos sólidos. Los datos recogidos por la investigación ¿Somos nosotros mismos? reflejan un incremento de materia orgánica oxidable, lo que puede explicarse por la actividad cercana de procesadoras de alimentos, mataderos o ganadería.

Foto principal: Milluni (foto gentileza de Willy Mendoza).

CHOJASIVI: AGUAS TÓXICAS

Chojasivi, en el municipio de Pucarani, recibe las aguas contaminadas que fueron desviadas para evitar que desemboquen en la bahía de Cohana.

Chojasivi, a donde desviaron la contaminación de la bahía de Cohana

Hace algunos años, ante la alarma de la contaminación en la bahía de Cohana en el lago Titicaca, el río Katari fue desviado hacia el suroeste. A partir de ese momento comenzó a afectar directamente al cantón Chojasivi que ahora sufre continuos desbordes de las aguas contaminadas.

Chojasivi pertenece al municipio de Pucarani, a orillas del Lago Menor, y hasta allá se llega en una hora y media de viaje desde la Terminal de El Alto por la carretera a Laja que, en sus primeros kilómetros, para variar, tiene cascajo desperdigado a ambos lados del tramo.

El río Katari hace su propio recorrido hasta la zona lacustre después de haber recogido las aguas del río Pallina, que a su vez carga con los caudales del río Seco y río Seque, los que antes atravesaron la ciudad más grande de la cuenca, El Alto.

En Chojasivi, los animales muertos y las botellas de plástico que arrastra la corriente del Katari son un problema menor comparado con el desborde de las aguas turbias y fétidas que han eliminado los cultivos de forraje –totora, okororo y ch’ullu– y solo permiten crecer una mala hierba que abarca inmensos campos rojizos donde antes se hacía agricultura.

El río Katari ingresando al lago Titicaca, a la altura de la comunidad de Chojasivi, en el municipio de Pucarani (foto de Malkya Tudela).

“Esa maleza, se llama khento, no hay cómo hacer desaparecer”, dicen los comunarios. Las vacas no la consumen porque es tóxica.

“Antes nosotros vivíamos del pescado, antes nos vendíamos tanto a La Paz y a las comunidades, ahora (los peces) han desaparecido. Luego las aves, había variedad de aves, ahora no se encuentra”, comenta Braulio Laruta Flores, joven representante de Tiquipa, en el cantón Chojasivi. 

El alcalde de Pucarani, Alberto Lucana, explica que la pesca, la caza y la ganadería se han reducido en la zona a causa de la contaminación, al mismo tiempo que se ha producido una alta migración de los pobladores hacia la ciudad de El Alto.

“El lago cada año se está muriendo, está en terapia intensiva, como un enfermo está. El río Katari que entra (al lago), es del Matadero lo que despacha, de Viacha (vienen) los desechos de alcantarilla, montón de pequeñas empresas despachan (sus desechos) al río. Hoy en día, como no hay agua, obligadamente, tienen que tomar esa agua nuestros ganados, por eso tienen enfermedades”, explicó Laruta.

Residuos sólidos recogidos en Chojasivi en la primera de cuatro jornadas de limpieza entre mayo y junio (foto gentileza de MMAyA).

El 15 de mayo pasado, las autoridades de Chojasivi y el alcalde de Pucarani recibieron al viceministro de Medio Ambiente, Biodiversidad y Cambio Climático, Magín Herrera, para mostrarle en un recorrido completo los daños de la contaminación en el suelo.

“Estamos aquí en el río Katari, que está absolutamente turbio, ha causado rebalses, tiene alta sedimentación, un río que no tiene ningún tipo de trabajo realizado… Se va a hacer primeramente una limpieza de estos elementos que están contaminando, como plástico, madera, animales muertos. El 24 (de mayo) está previsto el inicio del dragado”, anunciaba Herrera.

En realidad, los comunarios de Chojasivi ya habían conseguido dragar una parte del río para que el agua pasara directo al lago Titicaca –sin inundar sus cultivos– y en el último trecho colocaron sacos para contener el cauce. No tuvieron éxito con esta última acción y demandaron un dragado.

Toneladas de sedimento

“No es solo el aporte de contaminantes (del río Katari), sino también el aporte de sedimento que es muy importante y contribuye a reducir el volumen de agua de las bahías”, explica Xavier Lazzaro, científico especialista en ecología acuática lacustre y coordinador del proyecto piloto del PNUD Observatorio Permanente del Lago Titicaca.

El 24 de mayo hubo una jornada de recojo de desechos sólidos, donde participó inclusive el activista Alexis Dessard, pero el dragado del río se transformó en el anuncio de una intervención más prolongada.  

Finalmente hubo cuatro jornadas de limpieza que llegaron más allá de Chojasivi, y el gobierno informó que hasta el 4 de junio se recogieron 45 toneladas de residuos sólidos en Pucarani (Chojasivi), 10 toneladas en Laja y 35 en Viacha. El siguiente paso fue recoger muestras de agua de distintos puntos de la cuenca para determinar el grado de contaminación de las aguas, aunque esta acción se hizo también anteriormente.

A sus 65 años, Luciano Flores Amaru está instalado en El Alto, pero mantiene un vínculo indesligable con su cantón y con su tierra: “(El) anterior mes (se refiere a marzo) ha venido el Ministerio de Medio Ambiente, con representante de Diputados, del Gobernador y el Municipio. Ellos han visto esas basuras, inclusive han analizado el agua. Ellos nos informan de que ‘hay caso de llorar’ y que ‘puede afectar muchas enfermedades’. Nosotros hemos solicitado que de inmediato haya una solución”.

Por ahora es tiempo seco, el Katari se desborda inhabilitando tierras, pero el peligro de una mayor inundación no es alto. A pesar de ello queda en la memoria el desborde de marzo de 2012 cuando afectó a más de 100 hectáreas de los municipios de Pucarani y Puerto Pérez, y la inundación en 2018, otra vez anegando 2.765 hectáreas de cultivos.

Los estudios científicos, con base en monitoreo satelital, muestran que inclusive se ha formado una laguna al lado de Cohana, al norte del lago Menor, con los aportes del río Katari y el río Sehuenca.

“Hemos visto en imágenes de satélite que inclusive la contaminación y la eutrofización, que es la proliferación de microalgas, pasa por el puente de Taraco –explica Lazzaro–. Una noticia un poco alarmante, hemos visto por satélite y tenemos que verificar en campo, es que en época de lluvia una parte, un brazo del Katari se va al sur y se junta con el río Tiahuanacu. En caso de que sea real, significaría que El Alto contamina todo el sector boliviano del lago Menor que es mucho más de lo que se esperaba porque antes solo se hablaba de la bahía de Cohana”.

Foto principal: río Katari en Chojasivi antes de desembocar en la bahía de Cohana (foto del CEDLA).

VIDEOS DE LA CONTAMINACIÓN

Comunarios, autoridades y un investigador nos hablan acerca de los efectos de la contaminación de la cuenca en el lago Titicaca.

En esta sección, ponemos a disposición dos videos producidos para este reportaje que reflejan la situación de la contaminación de la cuenca del río Katari que afecta, directamente, al lago Titicaca.

Foto principal: río Katari en Chojasivi, municipio de Pucarani (foto del CEDLA).

+ RECURSOS MULTIMEDIA

La investigación sobre la cuenca del río Katari cuenta con varios materiales, en diferentes soportes, para su difusión.

Aquí se puede acceder a la investigación publicada ¿Somos nosotros mismos? Desigualdades socioecológicas y urbanización en la cuenca del río Katari, realizada por Carlos Revilla, a partir de la cual se desarrolló el presente reportaje. Como también a los tres boletines, los dos pódcast y una línea de tiempo derivados de la misma.

Asimismo, está disponible el video del evento de presentación de la investigación denominado “Espacio de diálogo: Situación ambiental y causas de las desigualdades socioecológicas en la cuenca del Río Katari”, realizado el 4 de mayo de 2021, que, además de contar con la presencia de académicos, tuvo la participación de los comunarios y dirigentes de las comunidades que participaron del estudio.

Publicaciones: investigación y boletines

Evento de presentación del libro

Línea de tiempo

Foto principal: río Katari en Chojasivi, municipio de Pucarani (foto del CEDLA).

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