Fundación Tierra • Hallazgos, valoración e interrogantes sobre la investigación “Marginalización de la agricultura campesina e indígena” • 26/06/2015

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Fundación Tierra • Hallazgos, valoración e interrogantes sobre la investigación “Marginalización de la agricultura campesina e indígena” • 26/06/2015

Viernes, 26 Junio 2015 17:45 – Javier R. Velásquez Ramírez**

He dividido metodológicamente en tres partes la presentación y crítica a la investigación “Marginalización de la Agricultura Campesina e Indígena”.

La primera parte hace referencia a los puntos, que considero, más sustantivos de la investigación y que devela como “hallazgos” importantes del comportamiento de la agricultura campesina e indígena. Pongo “hallazgos” entre comillas porque ratifican, creo yo, un comportamiento y una caracterización histórica y tradicional que tiene el ámbito de la agricultura campesina e indígena pero en un contexto histórico distinto, lo que permite justamente ser considerado como un “hallazgo”.

La segunda parte voy a presentar una propia valoración sintética de la interpretación que he realizado al leer la investigación, una interpretación que realizó a partir de mi propia historia, de mi propia formación profesional y de mi propia posición política e ideológica.

Finalmente, en la tercera parte de mi intervención voy a presentar a los autores de esta investigación algunas dudas, algunas preguntas que considero necesarias en miras de realizar una crítica responsable y constructiva con un esfuerzo investigativo de Fundación TIERRA digna de encomio y que muy pocas veces he encontrado en la literatura nacional.

Desarrollo

A.Puntos Relevantes de la Investigación1

La investigación asume tres momentos clave de justificación para la comprensión de la marginalización de la agricultura campesina e indígena:
El primer momento hace referencia al estado de situación la agricultura campesina e indígena.

El segundo momento relacionado con los cambios en las dinámicas y estrategias locales de la agricultura campesina e indígena.

Finalmente eltercer momento analiza el papel de la agricultura campesina e indígena para la seguridad y soberanía alimentaria.

1. Estado de Situación de la Agricultura Campesina e Indígena

En esta parte la investigación que se apoya en un análisis profundo y sustantivo, utilizando datos estadísticos oficiales da cuenta que “la población rural involucrada en la agricultura campesina e indígena representa un tercio de la población boliviana y su crecimiento poblacional es muy bajo desde hace tres décadas. Son pequeños agricultores, parcelarios, ganaderos a pequeña escala y existen comunidades indígenas que aún viven de la recolección y aprovechamiento de los recursos del bosque. Los indicadores socio-económicos y de pobreza evidencian que si bien hubo avances positivos e importantes en la vida rural, aún es el sector donde se concentra la pobreza y marginalidad y eso es más notorio si se compara con las zonas urbanas. En términos de estructura agraria evidencia el crecimiento permanente de las unidades productivas agropecuarias (UPA) que presentan proceso de diferenciación interna de tal modo que el mundo rural homogéneo está en duda”.

Respecto del comercio exterior de productos agropecuarios del agro boliviano “los datos evidencian un hecho que refleja el carácter primario exportador de la economía boliviana, es decir, productores de materias primas agrícolas de exportación. A su vez y como ya es sabido, somos importadores crecientes de alimentos procesados. Esta mayor importación de alimentos significa una mayor inseguridad alimentaria y deterioro de la capacidad productiva del sector agrario nacional”.

2.Cambios en las Dinámicas y Estrategias Locales de la Agricultura Campesina e Indígena.

En esta parte la investigación revela el creciente protagonismo político de los pueblos indígenas en la construcción de un nuevo imaginario social de la Bolivia Plurinacional. Así, desde el gobierno se ha construido un discurso que usa las identidades y reivindicaciones de los indígenas para legitimar políticas públicas y acciones estatales que en muchos casos son contrarias a las reivindicaciones de autogobierno de esos pueblos plasmadas en la Constitución Política del Estado.
En el ámbito económico, a pesar de no contar con los datos oficiales del Censo Nacional Agropecuario de 2013, existen algunas características que no hablan de tendencias, sino de consolidaciones:

a.Rasgos y transformaciones en la agricultura de base campesina.

Cambios en los patrones de consumo de alimentos.

Creciente homogenización de la dieta alimenticia rural a base de alimentos comprados de la agro-industria del oriente: esto significa que muchos de los alimentos que los agricultores consumen diariamente, no los producen, sino los compran.

Así, la filosofía del Vivir Bien respecto del avance significativo de la economía de mercado parece estar, cada vez, más lejano de la realidad.

Sostenidos flujos migratorios y desplazamientos espaciales.

Existe una sostenida migración campo- ciudad que ha conducido a un estancamiento y/o disminución de la densidad poblacional rural. Esta acelerada reducción demográfica es paralela a un envejecimiento y feminización de la población de campo, así como induce a una creciente multiactividad y a la práctica de la agricultura a medio tiempo. La tendencia es a especializarse en cultivos rentables y disminuir la tradicional diversificación de la producción campesina.

La multi-actividad esta acompañada de la multi-residencia de la población originariamente rural aumenta el número de ex campesinos que viven en las ciudades pero mantienen derechos propietarios sobre la tierra y acuden a sus tierras cuando algún interés particular o colectivo está en juego.

Expansión del mercado con efectos diferenciados.

Más allá del discurso oficial y popular condenatorio contra la economía de mercado, la cuestión indígena se adapta crecientemente al mercado. La cuestión indígena conduce a que la cultura, los valores sociales y la organización territorial local se articule con dificultades y diferenciaciones a esta mercantilización y globalización que promueve la economía de mercado

Políticas Públicas contradictorias.

En las comunidades se ha priorizado los tinglados, las canchas de fútbol y la construcción de oficina para sedes sindicales, pero muy poco se hace para destinar recursos que fortalezcan y diversifiquen la base productiva material de las familias campesinas.

El conjunto de Políticas Publicas pro-campesinas como: riego, seguro agrario, compras estatales y proyectos productivos, queda ensombrecido ante la política macroeconómica basada en la libre importación de comestibles y también ante el rígido control de los precios de los alimentos nativos en los mercados internos. Los incrementos de las importaciones y el contrabando de alimentos hacia el país acaban siendo consumidos por los propios campesinos y agricultores familiares.

Crecientes Impactos ambientales

A pesar de las profusas declaraciones del Gobierno para el respeto de la Madre Tierra se percibe grandes impactos negativos sobre el medio ambiente protagonizados por los productores campesinos, que tienen su raíz en el deterioro de los recursos tierra, agua, bosque, por deforestación, por sobreuso, por erosión y por el uso indiscriminado de insumos químicos.

Disminución del aporte campesino a la provisión de alimentos

La investigación señala que existe un estancamiento persistente del aporte de la agricultura de base campesina al Producto Interno Bruto (PIB) agropecuario nacional.

b.Tipología de Agricultores Familiares.

Los pequeños productores de commodities subordinados al agro-negocio

Existen pequeños productores de soya que producen commodities agrícolas, es decir, materias primas agropecuarias que cumpliendo estándares de calidad y sanidad internacionalmente acordados son transadas en el mercado mundial globalizado. Sus precios se cotizan en las bolsas internacionales y su comercio se pacta mediante sofisticados procedimientos.

Los pequeños productores orientados al mercado interno

Son productores agropecuarios de origen campesino e indígena presentes en las comunidades rurales, pero también presentes en las ciudades intermedias y que mediante su participación en el mercado interno y su especialización han logrado ciertos márgenes de ganancia, renta y acumulación.

Los productores de subsistencia.

Este tipo de campesinado es el más numeroso pero también el más pobre y postergado. Los índices de extrema pobreza se concentran en esta población que vive en comunidades tradicionales regidas mayormente por usos y costumbres. Sus predios han quedado reducidos a minufundios fragmentados por el sostenido crecimiento poblacional, que encuentra en la expulsión migratoria una alternativa de subsistencia.

Ante esta tipología distinta de agricultores familiares, la investigación recomienda la necesidad de políticas diferenciadas, dado que sus necesidades son distintas, las políticas para estimular su desarrollo deben ser también diferentes. La investigación hace una recomendación específica para cada tipología de agricultor familiar.

3. Papel de la Agricultura Campesina e Indígena para la Seguridad y Soberanía Alimentaria

El Estado se constituye en un aliado promotor del modelo agroindustrial que produce materias primas para la exportación, ésta política no tiene coherencia con los planteamientos de soberanía alimentaria en base a la producción tradicional de los campesinos e indígenas y en base a la promoción de productores a pequeña escala. El Estado Plurinacional no ha logrado poner en marcha un modelo alternativo viable distinto al modelo de economía de mercado.

La dinámica extractivista es una constante en el país que acentúa la dependencia de la extracción y exportación de materias primas que ahora no sólo abarcan recursos no renovables como la minería e hidrocarburos, sino que ahora incorporan recursos renovables del sector extractivo agrario y forestal.

En países pobres como Bolivia la dependencia de divisas generadas por la exportación de materias primas implica un alto riesgo debido a que una caída de los precios internacionales afectaría seriamente la capacidad de importación de alimentos, más aun sabiendo que la composición de la “canasta alimenticia” se nutre en buena parte de alimentos importados.

Las políticas de mitigación y gasto social en el sector rural son compensaciones temporales y sin perspectivas reales de consolidar un modelo de producción de alimentos basada en la agricultura campesina e indígena.

La evidente inclinación del Estado Plujrinacional a favorecer la producción agroindustrial de alimentos y de materia prima agrícola de exportación menoscaba el potencial del campesino reduciéndolo a productores primarios de algunos alimentos marginales. Ingresar en el terreno de la trasformación de alimentos es un reto económico y técnico por demás complicado para los campesinos.

Respecto de las posibilidades y límites para la seguridad y soberanía alimentaria de base campesina e indígena la investigación considera que la meta de autosuficiencia alimentaria no siempre es posible dado el orden mundial, el acceso a tierra, climas adecuados y los proceso de desarrollo diferenciados de cada economía nacional. En Bolivia el concepto de soberanía alimentaria que pretendió contrarrestar al concepto dominante de seguridad alimentaria, más que un planteamiento técnico productivo es un planteamiento de carácter político asociado con la visión de alcanzar una agricultura sostenible, socialmente justa y orientada al abastecimiento local y nacional, aquí la agricultura campesina e indígena debería jugar un rol clave.

Cabe preguntarse entonces, ¿qué posibilidades y qué limitaciones tienen?

La investigación señala que:

Una restricción es la escasa disponibilidad de tierras arables de alto rendimiento, sistemas de riego y otros recursos elementales para la agricultura.
La inversión pública privilegia la agricultura a gran escala en lugar de fortalecer la economía de los pequeños y medianos productores campesinos.
La heterogénea orientación del uso de la tierra: unos priorizan cultivos comerciales y otros una cultura diversificada.

No existen esfuerzos sistemáticos desde el sector público, así como de las organizaciones agrarias para encontrar formas más integrales de cooperación: como inversiones conjuntas en maquinarias (tractores) o activos como sistemas de riego o infraestructura productiva de tipo comunitario.

Si bien una nutrición saludable se relaciona con la producción de la pequeña agricultura el cambio en los patrones de los hábitos alimentarios hacia la comida rápida en los consumidores dificulta las posibilidades de consolidar la pequeña agricultura.

Al parecer la investigación identifica más limitaciones que posibilidades a menos que se cambie la matriz agro-productiva.

B. Valoración Sintética de la Investigación

La investigación “Marginalización de la Agricultura Campesina e Indígena” utiliza un concepto histórico y rico de contenido en las Ciencias Sociales que es el concepto de Marginalización. La Marginalización significa el proceso o resultado de marginalizar, es decir, de relegar a condiciones de desventaja, exclusión o inferioridad al “otro”. Aclaro que en las Ciencias Sociales se ha utilizado este concepto bajo los sinónimos de marginalidad y marginación lo que a la postre ha dado lugar por ejemplo a la Teoría de la Marginalidad en el campo de las Teorías de Desarrollo Económico. Por tanto, cuando utilizo el concepto de marginalización me estoy refiriendo a esos conceptos y a las implicancias que tiene dicha teoría.

Hecha esta aclaración empiezo señalando que el concepto de marginalización2 explica un fenómeno multidimensional, es decir, que tiene un contenido que intentan explicar la condición de países en vías de desarrollo o explicar a grupos sociales que están en condición de exclusión social, de exclusión económica, de exclusión política o cultural, etc, etc. y explica un fenómeno que tiene un carácter estructural, es decir, que esta enraizado, en última instancia, en el modelo de producción económica y que expresa la desigual distribución del progreso y la exclusión de diversos grupos sociales, tanto del proceso como de los beneficios del desarrollo. De esta manera, la marginalización se asocia a la carencia de oportunidades sociales, económicas, políticas y de otras índoles, y a la ausencia de capacidades para adquirirlas o generarlas, pero también a privaciones e inaccesibilidad a bienes y servicios fundamentales para el bienestar colectivo. En consecuencia, las comunidades marginadas –en este caso las comunidades de la agricultura campesina e indígena– enfrentan escenarios de elevada vulnerabilidad social cuya mitigación escapa del control personal o familiar, pues estas situaciones no son resultado de elecciones o voluntades individuales, o de elecciones colectivas, sino de un modelo productivo económico y de un Estado Capitalista y/o un Estado Socialista –en construcción– que no brinda a todos las mismas oportunidades.

Estas ideas que devienen del concepto de marginalización en la investigación son aplicadas con todo rigor científico y por ello encuentra que quienes están dedicados a la agricultura campesina e indígena están siendo hoy sometidos de una manera evidente a un proceso de marginalización sobre todo en un ámbito económico-productivo y social.

El estado de situación de la Agricultura Campesina e Indígena explicado en la investigación nos muestra que arrastra los males de siempre, es decir, que siguen estando presentes aquellas caracterizaciones que históricamente le han hecho daño a la Agricultura Campesina e Indígena, me refiero a la concentración de la pobreza en el medio rural, a la ampliación de la exclusión social de las poblaciones rurales, a la precarización del empleo rural, a la multi-ocupación, a la exclusión paulatina de pequeños y medianos productores del sector agrícola, a las continuas migraciones campo-ciudad, a la creciente orientación de la producción agropecuaria hacia los mercados fundamentalmente externos, a la articulación de los productores agrarios a complejos agroindustriales en los que predominan las decisiones de núcleos de poder vinculados a grandes empresas transnacionales.

Lo novedoso de esta descripción es que ésta constante precariedad campesina e indígena se da en un contexto histórico distinto, se da en los tiempos de proceso de cambio, un escenario supuestamente favorable al desarrollo de la Agricultura Campesina e Indígena, la investigación demuestra con evidencia científica que los “sujetos” que hacen a la Agricultura Campesina e Indígena están en condiciones de marginalización de los frutos que da el progreso nacional. No es entonces suficiente utilizar toda una simbología de reconocimiento y de reivindicación política de las poblaciones campesinas e indígenas cuando éstas económicamente no se incorporan lo suficientemente estables en el sistema económico-productivo del país. He aquí, a mi juicio, una conclusión que ilustra de manera significativa que el estado de situación del agro y en particular la Agricultura Campesina e Indígena requiere del Estado Plurinacional una inversión pública en la base material del aparato productivo rural y una decisión política transparente –que corresponda a su discurso– respecto de priorizar a la Agricultura Campesina e Indígena por encima de los complejos agro-industriales.

Por tanto, la modernización neoliberal que se inició en América Latina a partir de las Reformas de Primera y de Segunda Generación acompañadas del famoso consenso de Washington en la década de los setenta y los ochenta, ha provocado en el mundo rural una serie de transformaciones, tales como la desarticulación de la economía campesina, la cesión de la seguridad y soberanía alimentarias a las corporaciones agroalimentarias transnacionales, así como el despojo de los territorios y sus recursos, de los medios de reproducción sociocultural de los pueblos, y, por tanto, la negación para seguir existiendo como campesinos y como indígenas, a menos que sean plenamente funcionales al sistema económico vigente. El tránsito hacia un Estado Plurinacional y hacia una economía plural no ha logrado cambiar esta situación, más bien de manera paradójica ha reforzado las consecuencias de la modernización neoliberal.

Respecto de la Seguridad y Soberanía Alimentaria3 son dos conceptos diferentes y que tiene que ver con el derecho más importante que tiene el ser humano: el derecho al alimento. Millones de personas pasan hambre en el mundo y en nuestro país. Primero se comenzó a ahondar en el tema de la seguridad alimentaria y luego en la soberanía alimentaria, que adquiere mayor atención y mayores adeptos toda vez que se relacionan con el tema del medio ambiente y dentro de él, el cambio climático. El concepto de “seguridad alimentaria” se refiere a que los países cuenten con un nivel de oferta suficiente de alimentos a los cuales la población tenga acceso. Hace énfasis en la disponibilidad de alimentos sin considerar el origen nacional de los mismos y las causas principales de carácter político que hace a una inseguridad alimentaria. Por su parte la soberanía alimentaria constituye un objetivo estratégico y una obligación del Estado para garantizar que las personas, comunidades, pueblos y nacionalidades alcancen la autosuficiencia de alimentos sanos y culturalmente apropiados de forma permanente.

En coincidencia con la investigación que estamos presentando de la Fundación Tierra, Enrique Ormachea, coordinador de investigación del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral (CEDLA) y autor del libro “Soberanía alimentaria en Bolivia, entre el discurso y la realidad”, explica que las cifras demuestran que hay sólo cuatro cultivos que han crecido en Bolivia en estos últimos años, y que la producción campesina está estancada. Estos cuatro cultivos son: caña, soya, sorgo y maíz duro, que se destinan en proporciones importantes a la exportación. En contradicción con el discurso oficial, que plantea que se estaría promoviendo un proceso de soberanía alimentaria con base en la producción campesina, la información estadística muestra más bien una producción campesina prácticamente estancada. “Las pocas acciones estatales de apoyo a la producción campesina carecen de relevancia para cumplir con lo que se pregona”, señala Ormachea.

Paradójicamente, en tiempos del proceso de cambio, persiste la aplicación de políticas agrarias neoliberales implementadas desde 1985 para el sector agrícola. En este sentido, durante el Gobierno del MAS continúa la libre importación de productos alimenticios y sigue vigente una política que deja a los productores –sobre todo campesinos– indefensos frente a los caprichos del mercado en ámbitos que son claves para incrementar la producción y en los que el Estado debería intervenir (crédito, asistencia técnica, financiamiento de infraestructura para riego, entre los principales).

Por tanto, para finalizar esta parte nuevamente estamos ante una constatación de que el Estado Plurinacional reincide en un divorcio de su discurso respecto de la concepción e implementación de políticas públicas relativas al agro y en especial aquella que se refiere a la agricultura campesina e indígena. O como bien señala la investigación el Estado Plurinacional ayuda a la consolidación del agro-negocio boliviano como el modelo dominante.

C. Consultas

En esta tercera parte de mi intervención voy a presentar algunas dudas y preguntas que considero importantes para dar un acabado consecuente a la magnífica disposición de contenidos que se hace en la investigación de Fundación TIERRA.

La investigación apunta críticamente hacia un cambio de “la matriz agro productiva de Bolivia”; sin embargo, la crítica de la matriz agro productiva del país nos lleva irremediablemente a cuestionar el perfil económico que tiene el país respecto de su “casi obligada” “vocación primario-exportadora de la economía boliviana”. En esas circunstancias qué posibilidades como país tenemos de plantear otras alternativas de modelos económico-productivos cuando en el escenario internacional de globalización observamos una plena consolidación de la economía de mercado. Más aun, cuando países que pregonan el socialismo del siglo XXI atraviesan una serie de desaciertos que conllevan a una distorsión del sistema productivo nacional cuya consecuencia es la escasez de productos de todo tipo –entre ellos los alimenticios– es el caso de Venezuela y Cuba. En este sentido creo que la investigación tendría que dar un paso más para considerar analíticamente las posibilidades de un cambio de paradigma económico en nuestro país. Pues, mientras la economía de mercado siga siendo el referente de construcción de una economía –incluso en este Estado Plurinacional–, el estado de situación de la agricultura campesina e indígena no va a cambiar, por eso considero importante explorar alternativas de modelos económico-productivos al modelo de economía de mercado que sean potencialmente viables en el país.

También tengo interés en conocer si este estado de marginalización de la agricultura campesina e indígena nos conduce inevitablemente al fin del campesinado, porque este en definitiva se ve sin alternativas en sus tierras de origen por lo que opta por migrar hacia las ciudades lo que conduciría a una paulatina desaparición de la población rural dedicada a la agricultura campesina e indígena.

El concepto de Seguridad Alimentaria y el concepto de Soberanía Alimentaria presentan componentes comunes, sin llegar a ser homólogos en su totalidad. Resultan más bien ideas en disputa bajo concepciones ideológicas muy distintas. Respecto del concepto de soberanía alimentaria, sus contenidos se orientan una clara oposición a la globalización como un proceso de desarrollo regulado predominantemente por el mercado al enfatizar la existencia de derechos de los pueblos y su autonomía en poder elegir cuánto, qué y cómo alimentarse. La Soberanía Alimentaria contiene también un enfoque de derechos. Incluye el aspecto de los derechos al acceso de los agricultores de pequeña escala, a recursos para la producción de alimentos, así como el derecho a la alimentación y disponibilidad de mercados justos. Está redactado más desde una perspectiva rural donde se encuentra la mayor parte de los pobres del país.

En cambio el concepto de Seguridad Alimentaria se preocupa de garantizar la disponibilidad de alimentos, el acceso a alimentos, la estabilidad de su producción, y el consumo y utilización biológica de los mismos. Este concepto que nace en la FAO, se adecua a la línea de la naturaleza propia de las Naciones Unidas, la cual fomenta una vía de desarrollo civilizado que no se oponga necesariamente al mercado, es decir, no es necesariamente cuestionadora de las economías capitalistas como lo es el concepto de Soberanía Alimentaria.

En estas circunstancias considero que la investigación podía establecer unas disquisiciones teóricas para diferenciar dichos conceptos. Hay necesidad de plantear analíticamente una reflexión que ataje esta forma indiscriminada y aparentemente complementaria en el uso de la Seguridad y la Soberanía Alimentaria. No se trata de encontrar una solución salomónica utilizando indiscriminadamente ambos conceptos, hay necesidad de tratarlos de manera independiente y ser consecuentes con nuestro discurso.

*Comentario en ocasión de la presentación de la investigación en la ciudad de Potosí el 17 de junio de 2015
**Economista y docente de la Universidad Tomás Frías.

1 Esta primera parte es un resumen apretado de la investigación. Resumen que contiene, a mi juicio, las partes más sobresalientes (“hallazgos”) de dicha investigación.
2 La reflexión sobre el concepto de marginalización la he realizado sobre la base de un famoso libro: “Índice Absoluto de Marginación 2000-2010” del Consejo Nacional de Población, Secretaría de Gobernación México.
3 Estos dos conceptos han sido muy trabajado en Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria: ¿Conceptos Complementarios?. Iemeyer Almeida Filho; Vera Scholz. FHDAL . Santiago de Chile.

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