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OPINION: Cuándo sirve, y cuándo no, aumentar el gasto


Por Gastón Utrera
El análisis económico del día. El gasto público creciente ha sido siempre clave del actual modelo económico. Pero su efecto sobre la combinación crecimiento/inflación es diferente en distintas fases del ciclo económico.
El modelo económico de estos años parece contradictorio. Ha incluido, a través del tiempo, elementos opuestos, como superávit fiscal primero y déficit fiscal después, dólar alto primero y dólar bajo después, o desendeudamiento primero y búsqueda de fondos en el exterior después.
Pero si algo caracteriza al modelo económico, por haber estado siempre presente, es el gasto público creciente, a partir de la idea de que es clave para el crecimiento. Como lo dijo la Presidenta en la cadena nacional del martes: aumentar el gasto público para aumentar la demanda de bienes, generando ganancias para los empresarios que, si invierten, permiten que la economía crezca sin inflación.
Si el resultado es inflación sin crecimiento, la política de gasto público creciente sigue siendo, según el Gobierno, acertada, siendo la inflación consecuencia de empresarios que no actúan como deberían, aumentando precios en lugar de invertir. Cabría preguntar qué cambió para que, con los mismos empresarios, entre 2003 y 2007 el resultado fuera de alto crecimiento con relativamente baja inflación, y desde entonces más inflación que crecimiento.
La respuesta está en que las políticas de impulso a la demanda agregada, como el aumento del gasto público, generan más crecimiento que inflación cuando existe mucha capacidad ociosa en las empresas, pero generan más inflación que crecimiento cuando ya no hay suficiente capacidad ociosa.
Lo escribió hace pocos días Paul Krugman, en su blog del New York Times:

“( . . .) no hay contradicción alguna al decir que Argentina hizo bien en seguir políticas heterodoxas en 2002 y  que es un error ahora rechazar los consejos para reducir el déficit y controlar la inflación. Sé que algunas personas encuentran esto difícil de entender, pero los efectos de las políticas económicas y las políticas apropiadas a seguir dependerán de las circunstancias».
«¡Añadiría que sabemos cuáles son esas circunstancias! Incurrir en déficit y emitir un montón de dinero es inflacionario y malo en economías con restricciones de oferta; es algo bueno cuando el problema es una demanda persistentemente inadecuada”.

Siempre tiene sentido discutir a fondo las ideas sin descalificar a quien las plantea. Pero en un país tan acostumbrado, últimamente, a la descalificación, vale una aclaración, por las dudas. Krugman no plantea que la política económica es hoy inadecuada en Argentina porque sea un ortodoxo, neoliberal, conservador, de centro-derecha.
Por el contrario, se trata de un economista progresista, keynesiano, de centro-izquierda. “Liberal” en la acepción que se le da a esta palabra en Estados Unidos. Fuerte crítico de las políticas de ajuste fiscal en medio de la crisis europea, y fuerte crítico de los republicanos que han insistido, en medio de la lenta salida de Estados Unidos de la recesión de 2008-2009, en moderar el gasto público en lugar de aumentarlo.
Progresismo no es lo mismo que gasto público siempre creciente. Si estamos de acuerdo en que el Estado tiene que jugar algún rol para morigerar los ciclos económicos, la forma de hacerlo es aumentando el gasto público, incluso generando déficit fiscales y aumentando la deuda pública, en medio de períodos recesivos, pero moderar el gasto y el déficit fiscal cuando el resultado es inflacionario.
Kicillof debería saberlo. Sobre esto escribió John Maynard Keynes hace 80 años, y por eso sigue hoy tan vigente.
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