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CHILE: lleno de desafíos en un año económico muy complejo

Chile enfrenta grandes desafíos con el advenimiento del gobierno de Michelle Bachelet, que pretende reformar profundamente la educación ara hacerla gratuita en todos sus niveles, pero en momentos en que la economía se desacelera rápidamente al ritmo de la caída de las materias primas.
Paulina Modiano
Santiago de Chile, 20 mar.- Chile enfrenta grandes desafíos con el advenimiento del gobierno de Michelle Bachelet, que pretende reformar profundamente la educación ara hacerla gratuita en todos sus niveles, pero en momentos en que la economía se desacelera rápidamente al ritmo de la caída de las materias primas.
Las cifras hablan por sí solas. En 2013 Chile creció un 4,1 %, por debajo de la expansión de 5,6 % registrada en 2012 y del promedio de 5,3 % acumulado en el último cuatrienio.
Las razones de la desaceleración son tantos internas como externas.
La disminución en el valor internacional de las materias primas ha golpeado de manera considerable los ingresos generales y también los fiscales, que se nutren abundantemente de las aportaciones de la compañía estatal Codelco, la mayor productora mundial de cobre, la principal exportación de Chile.
Ello, combinado con un considerable estancamiento de la inversión, sobre todo en su componente de formación bruta de capital fijo, que el año pasado aumentó sólo un 0,4 %, dibuja un panorama para 2014 más bien gris.
El anterior gobierno, encabezado por Sebastián Piñera, proyectó un crecimiento de 4,9 % en el presupuesto fiscal para este año, pero todo apunta a que esta estimación será corregida a la baja por el Banco Central a fines de este mes, a un rango de 3,25 a 3,75 %.
El gobierno de Bachelet es consciente de que el crecimiento será bajo en su primer año y por ello está concentrado en tratar de estimular la actividad mediante propuestas de innovación, aumento de la productividad laboral e inversión en proyectos de energía, que estuvieron prácticamente estancados durante la administración anterior.
El Banco Central ha hecho su aportación recortando sucesivamente la tasa de política monetaria, que actualmente se sitúa en un 4 % real anual, para dar ánimo a la demanda interna, particularmente en su componente de inversión, ya que el consumo no ha decaído.
Pero la pista se ha puesto adicionalmente dura debido a la fuerte depreciación que ha registrado en los tres últimos meses el peso chileno, por una disminución de las divisas procedentes de las ventas externas de cobre y, en algún grado, por la salida de inversiones de corto plazo por la recuperación de las economías desarrolladas.
Ello ha derivado en un aumento de la inflación, que medida en doce meses a febrero, se acerca ya al rango meta anual de 3 %.
Los precios se han elevado por el alza en las importaciones de todo tipo de bienes, pero muy especialmente del petróleo, que este país no produce, lo que ha golpeado toda la cadena productiva.
Así, el margen de acción del Banco Central, un ente autónomo del Gobierno, para seguir recortando la tasa de instancia y fomentar la demanda privada se ha ido restringiendo.
Una alternativa para favorecer una mayor relajación en la política monetaria sería la aplicación de medidas de austeridad fiscal que contribuyeran a mantener los delicados equilibrios macroeconómicos que Chile celosamente ha cuidado durante décadas.
Pero la agenda del gobierno dice lo contrario. Bachelet, que asumió el poder el 11 de marzo, ya se ha comprometido a que durante sus primeros cien días de mandato enviará al Congreso parte de los proyectos de ley orientados a reformar la educación.
Como complemento esencial, el 31 de marzo despachará también al Parlamento un alza a los impuestos a las empresas, de un 20 a un 25 %, con lo que se pretende recaudar unos 8.500 millones de dólares para financiar los cambios a la enseñanza.
Esa sola inversión implica que el fisco se haga cargo de la educación primaria y secundaria, que hoy es pública, semipública con subsidio estatal y privada; y de la universitaria, que es de pago incluso en los centros de formación que financia el Estado.
El inicio de la reforma a la educación, que se extenderá al menos durante los cuatros año de mandato de Bachelet, hace casi imposible pensar en recortes fiscales.
Mucho menos si a ello se suman otros compromisos que son la plataforma del Gobierno, como avanzar hacia una sociedad más igualitaria, en un país que tiene la peor distribución del ingreso entre los socios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Por lo pronto, el Ejecutivo confía en que el crecimiento retomará un mayor dinamismo en 2015, especialmente si se empiezan a concretar inversiones en el sector energético.
Pero al ser la economía chilena aún extremadamente dependiente de sus ventas de cobre, la música para el baile la seguirá poniendo el entorno internacional y, para ser más específicos, China, el principal consumidor mundial de cobre.
(Agencia EFE)
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