Página Siete • A evitar una generación perdida • 21/09/2012

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Página Siete • A evitar una generación perdida • 21/09/2012

Desde el Mirador

A evitar una generación perdida

URGE, señala el autor, privilegiar políticas que apunten a la generación de empleo y oportunidades para los jóvenes.
– 21/09/2012

Por eso de los vasos comunicantes, el 21 de septiembre se han reunido, en una celebración, varios motivos afines: el inicio de la primavera, el Día del Estudiante, el Día del Amor y la fecha dedicada a la juventud. Nos detenemos en esto último.

Volcamos la mirada a la población juvenil en nuestro país. En la perspectiva están cuestiones importantes, aún no incorporadas como políticas de Estado, relativas a cómo se organizan y destinan recursos humanos y materiales para satisfacer sus necesidades.

Generalmente escuchamos discursos que señalan que se dará prioridad al apuntalamiento de sus aspiraciones porque son “el futuro del país”, pero en realidad no se han resuelto muchos problemas pendientes en relación con los jóvenes, y uno crucial es el del empleo.

El Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), una entidad que cuenta con profesionales idóneos que estudian -entre varios asuntos de importancia, el tema del empleo en nuestro país- ha publicado el resultado de serias y profundas investigaciones al respecto y en esas evaluaciones, con claras estadísticas, es sorprendente evidenciar que hay miles de jóvenes que no tienen empleo.

Si no se dan cambios radicales las tasas de empleo juvenil van a seguir en niveles bajos. Para afirmar esto nos respaldan los informes de que cada vez hay más jóvenes que buscan empleo y no lo encuentran.

A lo apuntado se suma el creciente grupo de los “ni – ni”, los jóvenes que ni trabajan ni estudian; y no por un capricho de ellos, pues se ha detectado que hay abandono en la búsqueda de empleo, por frustración.

Así, un enorme segmento juvenil deja de ser parte de la población activa porque llega a sumirse en la desesperación de no encontrar trabajo.

El no encontrar un puesto de trabajo desanima a cualquiera, y lo peor es que algunos jóvenes, al no ser absorbidos en la fuerza de trabajo, se deslizan al despeñadero de lo irracional o de la delincuencia.

El panorama general es bastante deprimente. Diferentes situaciones en el mundo influyen en nuestras latitudes y no podemos decir que estamos acorazados. El problema es global y tal vez no podamos salir indemnes.

El empleo juvenil, a nivel mundial, sufre un grave deterioro como consecuencia de la crisis en los países desarrollados; esto lo revela el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), titulado “Panorama general del empleo”, en el que puntualizan que, por ejemplo -no es ninguna novedad- la crisis de la zona Euro se está manejando de una manera que puede acabar teniendo repercusiones muy negativas en la economía mundial.

Cabe señalar que los países en desarrollo, entre ellos el nuestro, y las naciones emergentes que estaban sorteando la crisis de alguna manera, se van a encontrar con que no pueden superarla porque no van a poder generar empleo para la juventud ,y esto puede dar lugar a lo que algunos expertos de economía laboral han llamado “una generación perdida”.

Es pertinente señalar que América Latina, en estos últimos años, ha estado dando ejemplos de una vitalidad económica extraordinaria.

El problema ha sido la falta de acoplamiento a la reducción de las desigualdades, la falta de acoplamiento del desarrollo social al desarrollo económico, es decir el desarrollo social no ha ido a la misma velocidad.

Y pensando en la juventud creemos que nuestro país tiene aún un margen muy importante de capacidad de acción siempre y cuando se busque el acoplamiento del desarrollo social al desarrollo económico.

Este análisis apunta a que se debe poner el empleo en el centro de las políticas económicas, para que los actuales ingresos no acaben deprimiéndose, para que el Estado tenga capacidad de respuesta para hacer sostenible la atención social y para activar la propia economía.

Mario Castro

“El problema ha sido la falta de acoplamiento del desarrollo social al desarrollo económico, es decir el desarrollo social no ha ido a la misma velocidad”.

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