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Ocultando retos y desempleo

He aquí la anacrónica demanda de lograr que Bolivia cambie su matriz productiva de una basada exclusivamente en la extracción de materia prima a una generadora de valor agregado, competitiva y de economías de escala.

23 mayo, 2018

El presidente Evo Morales en noviembre del año pasado mencionó que la tasa desempleo subió a un 4% pero que aun así Bolivia presentaba la tasa de desempleo más baja de la región (Brasil tienen 10% de desempleo y Argentina 8%). Aparentemente este es un positivo y alentador indicador de la economía boliviana. Sin embargo, aunque el gobierno se engrandezca por tal dato este puede ser engañoso y al mismo tiempo ocultar grandes retos que se tiene como Estado en términos de inserción laboral de las mujeres y de la calidad y tipo de trabajo.

La metodología del cálculo de la tasa desempleo no fue inventada por el gobierno, es una metodología utilizada casi de manera universal pero que tiene muchos cuestionamientos y merece ser revisada. La tasa de desempleo se calcula sobre la base de la población en edad de trabajar y que es económicamente activa (PEA) y no toma en cuenta a la población en edad de trabajar pero que está económicamente inactiva (PEI), grupo poblacional que representa, según datos del INE a mayo del 2017, el 43.6% en el área urbana y el 27.9% en la zona rural[1]. El PEI está conformado por estudiantes, cuidadoras del hogar, pensionados, jubilados, rentistas, incapacitados permanentes para trabajar, personas que no tienen interés en trabajar, etc. Claro está que los estudiantes y las mujeres hacen la gran parte del PEI. Esta dual segmentación tiene grandes limitaciones para la elaboración y validad de los indicadores de empleo y desempleo. Por ejemplo, no se debería incorporar a la tasa de desempleo a las personas en edad de trabajar que no buscan trabajo porque tienen bajas expectativas de encontrarlo o que al buscarlo no lo encuentran y se remiten a otras actividades no remuneradas? Este tipo de población hace parte de lo que se llama desempleo oculto, el cual se esconde entre las variables propuestas para el cálculo de la PEI y por tanto no hacen parte del cálculo de la tasa de desempleo.

En base a esta aclaración, se puede argumentar que la tasa de desempleo tiene significativas distorsiones en su cálculo pues no incluye a un significativo número de mujeres que si están en edad de trabajar y en busca de trabajo pero que al no encontrarlo se remiten a cumplir funciones de cuidadoras del hogar y de otros trabajos no remunerados lo que al mismo tiempo disminuye sus posibilidades de inserción laboral. Según Velasco[2], en comparación a otros países el porcentaje de PEA de 56.4% en la zona urbana y de 72.9% en la zona rural es bajo y que esto se debe principalmente a la poca participación de las mujeres en el mercado laboral. 52.4% de mujeres en edad de trabajar se encuentran inactivas.

El hecho de que la toma de datos sobre los índices de desempleo y empleo tengan un negativo sesgo de género, ocultando a una significativa población de mujeres dispuestas a trabajar pero que por una u otra razón fueron sesgadas a los cuidados del hogar y otros trabajos no remunerados, pone en mucho cuestionamiento a las bases para el diseño de las políticas púbicas relacionadas a la equidad de género y a la fundamental e importante inserción de mujeres al mercado laboral. Es aquí donde los avances teóricos y prácticos sobre la economía del cuidado se presentan importantes, ya que esta línea de pensamiento hace referencia a la subvención en la reproducción del capital y en la reproducción social que muchas mujeres hacen a través de un trabajo no remunerado y no reconocido como tal. Ocultar a este sector de mujeres es de mucha conveniencia para el gobierno, pues le permite lanzar indicadores de bajo desempleo y hasta cierta medida lo exime de las responsabilidades sobre y para este sector.

Es cierto que en estos últimos años las mujeres han tenido una mayor participación política, social, cultural y económica. Según el CEDLA Bolivia ocupa el segundo lugar de igualdad de género en cuanto a puestos de poder político, de 36 senadores 17 son mujeres y de 130 diputados 63 son mujeres. Dicho esto, es importante recalcar que el crecimiento de participación económica de las mujeres se ha dado principalmente en el mercado informal y que los salarios de las mujeres en el mercado formal son significativamente menores al de los hombres.

Por otro lado, el que Bolivia presente una tasa baja de desempleo no es necesariamente un logro del gobierno en materia de estabilidad laboral, mejores salarios y calidad laboral, pues, según Valdez, entre un 54% y 63% de la PEA trabaja en el sector informal, lo que significa trabajos precarios, subempleo, desprotección social, inestabilidad, inseguridad y bajos salarios. En la zona urbana se estima que 6 de cada 10 personas trabajan en el sector informal y 9 de cada 10 en la zona rural. El mercado informal complejiza el trabajo para los que calculan las tasas de desempleo, pues no se tienen registros claros y objetivos sobre el verdadero tamaño y dinámica de empleo en este sector, lo que pone en duda una vez más a ese 4% de desempleo presentado por el gobierno.

Convertir de manera gradual a la economía informal en formal es uno de los grandes retos que tiene y tendrán los gobiernos de Bolivia, conversión que generaría importantes oportunidades de acceso a oferta de trabajos estables, de calidad y mejores pagados. Muchas son las posturas sobre el cómo lograr el cambio de una económica informal a una formal, sin embargo hay el consenso de que para lograr este objetivo, uno de los cambios necesarios tiene que darse en la matriz de producción y generación de valor. He aquí la anacrónica demanda de lograr que Bolivia cambie su matriz productiva de una basada exclusivamente en la extracción de materia prima a una generadora de valor agregado, competitiva y de economías de escala.

Considerando que en el Índice Global de Competitividad Bolivia tiene el puesto 121 de 138 y que desde el 2013 viene en caída, la posibilidad de que la economía boliviana sea predominantemente formal se ve muy lejana y está llena de escepticismo. Al mismo tiempo señalar que el costo laboral promedio en el sector formal es 39.7% mayor al del sector informal[3]. Diferencia de costos que trabaja como un ancla pesada y grande que mantiene a las actividades económicas de la mayoría de los y las bolivianas en este mercado. Con estos datos en mente y otros, se ve muy difícil que al menos en el mediano plazo la calidad y tipo de empleo mejore para la mayoría de la PEA.

Como conclusión, la proyección para la juventud y las mujeres sobre acceso a trabajos dignos es preocupante, pues su futuro laboral se ve con mucha probabilidad anclado al mercado informal o en el ostracismo. Aunque el gobierno se jacte de tener la menor tasa de desempleo en la región, este dato es engañoso pues en realidad la tasa de desempleo es mayor y oculta a grandes retos que el gobierno tiene en cuanto a equidad de género, inserción de mujeres al mercado laboral y al tipo y calidad de trabajo que los y las bolivianas esperan tener.

Mgr. Daniel Carvallo

Especialista en Desarrollo Económico e Igualdad

[1] INE (2017) “En Bolivia 96 de cada 100 habitantes urbanos y 99 de cada 100 habitantes rurales están ocupados”. La Paz, Bolivia. Obtenido en www.ine.gob.bo

[2] Velasco D. (2015) “Economía Informal en Bolivia: Análisis evaluación y cuantificación en base al enfoque monetario de la demanda de efectivo (periodo 1994-2014)”, Investigación y Desarrollo, Vol. 2, pp. 76-89. Obtenido en www.scielo.org.bo

[3] Fundación Milenio (2017) “Informe de Milenio sobre la economía de Bolivia” Vol. 39. La Paz, Bolivia. Obtenido en www.fundacion-milenio.org/.

http://www.economiabolivia.net/2018/05/23/ocultando-retos-y-desempleo/#_ftnref3

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