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Terra • Marcha amazónica genera aguda división del movimiento indígena boliviano

Marcha amazónica genera aguda división del movimiento indígena boliviano

Terra, 23 de septiembre de 2011.- El movimiento indígena que en 2006 catapultó al aymara Evo Morales a la presidencia de Bolivia está profundamente dividido por una marcha de nativos amazónicos contra una carretera que amenaza su hábitat natural y el ecosistema, convertida de pronto en la ‘manzana de la discordia’.

Ungido como padre espiritual de los indígenas antes de asumir el mando en 2006, Morales se ha mostrado indolente ante la caminata de centenares de indígenas que quieren llegar a La Paz, en un trayecto de 603 km, para forzarle a abortar un proyecto de carretera que amenaza su territorio, rico en fauna y flora, pero también en hidrocarburos.

Esta circunstancia ha polarizado al país y desencadenado las diferencias que desde hace tiempo arrastran los indígenas, divididos por cuestiones políticas, ideológicas, programáticas y hasta filosóficas.

Para negar que Evo encarna la unidad indígena, el líder aymara Felipe Quispe, el ‘Mallku», que puso en jaque a varios gobiernos liberales y en 1990 fue encarcelado por dirigir el Ejército Revolucionario Túpaj Katari (EGTK), dijo en 2006: «es un cambio de piel nomás (en el poder)». «No cambió el sistema, sólo sacamos un mestizo para poner un rostro indígena».

Creer que la asunción de Evo constituía un momento de unidad absoluta de los indígenas bolivianos es como afirmar que «todos los negros en Estados Unidos están aunados en torno a Barack Obama, sólo por su color, prescindiendo de ideologías u otros intereses», razonó hace poco el analista independiente Sergio Asturizaga.

Con los acontecimientos en los últimos años -un frustrado ajuste de precios de la gasolina, protestas por el desempleo, la escasez de alimentos y la represión a sectores sociales-, Evo «ya no puede decir que es un gobierno de izquierda, marxista, es nomás un gobierno neoliberal», razonó Quispe.

El actual conflicto por la carretera es también contra un proyecto que pretende «consolidar el proceso de acumulación de tierras de una fracción de los campesinos ricos (los cocaleros de la región de Evo) a costa de las tierras de los yuracarés, moxeños y chimanes que, en su gran mayoría, son campesinos pobres», explicó de su lado Enrique Ormachea, investigador del privado Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA).

El gobierno de Morales ha entregado 145 mil hectáreas del Territorio Indígena Parque Isiboro Sécure (TIPNIS) a colonos, principalmente cocaleros, que tomaron las tierras de facto, en el último lustro. Así, la región pasó de tener 1.236.296 hectáreas en 1997 a sólo 1.091.656 en la actualidad.

Los bolivianos temen que con la apertura de la nueva ruta, el TIPNIS sea tomado por cocaleros, cuya influencia con la asunción de Evo -cocalero él mismo- ha crecido notoriamente.

La superficie legal de cultivos de la hoja trepó en los últimos años de 12.000 a 20.000 héctareas, pero el volumen actual medido por las Naciones Unidas es de 31.000, es decir hay un abundante excedente ilegal.

Ajeno a las crecientes protestas, Evo dijo a la prensa: «algunos dicen: no se puede abrir camino por el Parque Nacional Isiboro Sécure, que yo sepa, casi en todo el mundo los caminos y ferrocarriles pasan por parques nacionales, pero bien blindados para que ahí no haya ningún asentamiento».

El sociólogo Raúl Prada, ex asambleísta oficialista, consideró que «el presidente tiene que escoger entre la defensa de la vida, de los bosques, de los seres y de los ciclos vitales de los sistemas de vida, o el derrotero del narcotráfico, el comercio corrosivo, el extractivismo dependiente, de las carreteras de la subalternidad a las potencias emergentes y al imperio».

En palabras sencillas, Justa Cabrera, indígena guaraní, presidenta de la Confederación de Mujeres Indígenas de Bolivia, resume: «A Evo lo comparo con el capataz de las transnacionales. Se convirtió en su operador, se perdió el hombre. Digo eso porque al hablar de un proceso de cambio, esperábamos igualdad y más oportunidades, pero no nos las está dando».

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