La Prensa • Se estancan los sectores estratégicos

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La Prensa • Se estancan los sectores estratégicos

A 11 años de la nacionalización de casi una veintena de empresas, Bolivia afronta serias dificultades para asumir trabajos de exploración, renovación tecnológica y atracción de capitales que frenaron la incursión en nuevos proyectos en los rubros de hidrocarburos, minería y telecomunicaciones.

Según analistas consultados por este medio, si bien las nacionalizaciones generaron recursos económicos inmediatos, que en los últimos años se vieron diezmados por la caída de los precios internacionales, Bolivia no logró diversificar su economía tras asumir el control.

Desde 2006, el Gobierno del presidente Evo Morales optó por una política de control estatal de los sectores estratégicos en el país. Ese año, decretó la nacionalización de hidrocarburos y exhortó a las compañías petroleras a elegir entre firmar nuevos contratos en un plazo de 180 días o retirarse del país.

Seis meses después, 12 multinacionales suscribieron 44 contratos con Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), acordando el pago a un impuesto sobre el valor de la producción entre el 50 al 85 por ciento.

Pese a todo, casi una veintena de empresas han sido nacionalizadas desde entonces, incluidas otras cinco filiales de las empresas españolas Red Eléctrica e Iberdrola.

El rubro de los hidrocarburos fue el proceso más significativo, aunque aún se discute si se trata de una auténtica nacionalización. Según el analista económico Alberto Bonadona, se aceleró el ingreso económico de más de 50 mil millones de dólares para el Gobierno, sin embargo, aún se debe aguardar para verificar si finalmente beneficiará a la economía nacional en su conjunto.

Por su parte, el analista económico José Luis Evia afirmó que                                                                                                                                              la nacionalización generó un contexto poco atractivo para atraer inversiones extranjeras.

Añadió que las empresas expropiadas deben generar recursos económicos que justifiquen la millonaria inversión que, en última instancia, realiza el país. Asimismo, dijo que deben ser administradas eficientemente y generar rentabilidad e ingresos para el Estado.

En ese sentido, lamentó que rubros como hidrocarburos y minería no puedan afrontar nuevos proyectos de exploración.

El investigador de la Fundación Jubileo, Raúl Velázquez, que coincidió con la postura de Evia, explicó que al haber menor inversión extranjera y mayor incertidumbre para la atracción de capitales, existe un estancamiento en la actividad exploratoria de pozos.

En ese sentido, Evia explicó que las grandes empresas pueden afrontar fracasos en trabajos exploratorios porque diversifican sus inversiones en el mundo, algo que la empresa estatal de hidrocarburos no consolidó hasta ahora.

En mayo 2006, Morales volvió a dar al Estado el control de la privatizada mina de estaño de Huanuni y, en febrero de 2007, el de la empresa de fundición Vinto que estaba en manos suizas.

La minería es otro de los sectores productivos que atraviesa dificultades para la exploración de nuevas vetas.

Según el especialista en minería y expresidente de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), Héctor Córdoba, las cuatro empresas mineras que el Estado recuperó tras las nacionalizaciones no desarrollaron actividades de exploración por los costos que significan. Añadió que al mismo tiempo, sufrieron un proceso de desmantelamiento.

Señaló que la exploración minera requiere “necesariamente” una participación mixta entre el sector público y privada, que no se logró durante la etapa privatizada de las empresas mineras, pero que actualmente tampoco cuentan con los recursos suficientes para obtener un grado de éxito.

Por su parte, el investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla), Carlos Arze, afirmó que el funcionamiento de muchas de las empresas estatales no es bueno. En el caso de la minería, específicamente de la empresa Hunanuni, la situación es de una “virtual crisis, debido a la presencia de altos costos y de muy baja productividad”, indicó. Añadió que esa situación responde al número elevado de trabajadores, pero fundamentalmente por la ausencia de inversión estatal. “Los intentos de revertir esa situación no han hecho más que agravarla, pues la ineficiencia —sino la corrupción— han provocado mayores costos, como los que se derivarán de la construcción del nuevo ingenio”, dijo.

CUESTIONA LA FALTA DE DIVERSIFICACIÓN DE LA ECONOMÍA ESTATAL

Falta de atracción de capitales incide en el intercambio de tecnología

La falta de seguridad jurídica para atraer inversiones extranjeras al país generó una ausencia de intercambio de innovaciones tecnológicas en los rubros estratégicos de la economía nacional después de las nacionalizaciones.

Según el economista José Luis Evia, Bolivia afronta una crisis de transferencia tecnológica que generalmente está ligada a inversiones transnacionales, además de las marcas y patentes. Explicó que las firmas extranjeras conocen las características de los mercados internacionales y poseen ofertas de inversionistas al radicarse para incursionar en un nuevo proyecto.

En tanto, el experto en asuntos energéticos Francesco Zaratti advirtió que Bolivia cuenta con fases en el proceso de nacionalizaciones. En principio, la fase “eufórica y exitosa” que se dio desde 2006 hasta 2015, caracterizada por la generación de bonos y el impulso de grandes obras a la que calificó de “corto alcance”.

“La resaca” es la segunda fase que atraviesa Bolivia actualmente, según Zaratti. Esta etapa le cobra al país la falta de inversiones, de reposición de las reservas gastadas y de proyectos sostenibles para transformar la economía nacional.

“A pesar del logro de mejores indicadores macroeconómicos, Bolivia sigue siendo vulnerable y pobre, necesitada de inversiones privadas y extranjeras, especialmente en actividades de alto riesgo”, sostuvo.

Por su parte, el investigador del Cedla, Carlos Arze, indicó que el volumen extraordinario de recursos percibidos durante una década no fue canalizado hacia la reconversión productiva de la economía, que diera como resultado, por ejemplo, una elevación de la productividad en el agro o un incremento del grado de industrialización.

Añadió que, contrariamente, un volumen apreciable de esos recursos fue destinado al gasto corriente del Estado, al financiamiento de subsidios y subvenciones para grupos vulnerables y “lastimosamente, a gastos de publicidad y propaganda gubernamental”.

Asimismo, Zaratti advierte que, detrás de las nacionalizaciones, hay un valor de imagen y confianza que le está costando caro a Bolivia, en la medida que no permite atraer inversiones.

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