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Hidrocarburos Bolivia • El neo extractivismo

La plataforma energética, promovida por CEDLA, en debate los días 27 y 28 de enero, congregó a un conjunto de especialistas, para tratar el tema “Crisis económicas y políticas energéticas”.

Una opinión clara y contundente, fue la de Eduardo Gudynas, experto uruguayo con amplia trayectoria en materia ambiental, señaló: “los gobiernos progresistas fortalecen las economías de enclave”. Los países progresistas de América del Sur están inmersos en el denominado “modelo neoextractivista”, de explotación de los recursos petroleros y mineros, que agrava el impacto social y ambiental en este período de crisis capitalista”. La paradoja es que el “neoextractivismo” ha sido adoptado en varios países de la región, como Bolivia, como un modelo mixto con una mayor presencia del Estado en la explotación transnacional de los recursos naturales para obtener mayores ingresos que utiliza para mantener el funcionamiento estatal y “bonos” sociales focalizados a segmentos más pobres y desvalidos de la población.

Estos conceptos contundentes, nos llevan a preguntarnos: ¿es nueva la política extractivista? La respuesta evidentemente es no. El patrón de desarrollo impuesto desde el período colonial y a lo largo de la vida republicana, ha sido basado en la extracción y venta internacional de nuestros recursos de flora, mineros y últimamente hidrocarburíferos a lo largo de nuestra historia.

La bonanza económica vivida por el continente sudamericano, entre los años 2004 al 2008, que permitió acumular reservas internacionales netas a varios de nuestros países fue claramente el resultado de la fuerte demanda de materias primas y “commodities” a precios nunca vistos, determinando en nuestros ministros de Hacienda o Finanzas, la ilusión de que la crisis financiera que sobrevino después, que llevó a una caída de los precios no nos iba a afectar porque estábamos “blindados”, por las eficaces políticas monetarias y fiscales que los gobiernos latinoamericanos aplicaron en el momento de la bonanza.

Pero el modelo extractivista asumido por los gobiernos progresistas de América del Sur, consistente en: (Gudynas): i). “Persiste la importancia de los sectores extractivistas como un pilar relevante de los estilos de desarrollo; ii) El progresismo sudamericano genera un extractivismo de nuevo tipo, tanto por alguno de sus componentes como por la combinación de viejos y nuevos atributos; iii) Se observa una mayor presencia y un papel más activo del Estado, con acciones directas como indirectas; iv) El neoextractivismo sirve a una inserción internacional subordinada y funcional a la globalización comercial y financiera, v) Sigue avanzando una fragmentación territorial, con áreas relegadas y enclaves extractivos asociados a los mercados globales; vi) Más allá de la propiedad de los recursos, se reproducen reglas y funcionamiento de los procesos productivos volcados a la competitividad, eficiencia, maximización de la renta y externalización de impactos; vii) Se mantienen, y en algunos casos se han agravado, los impactos sociales y ambientales de los sectores extractivos.

Nos volvemos a preguntar: ¿algo nuevo bajo el sol?, la respuesta para Perú, Venezuela, Argentina, Ecuador, y Brasil, de acuerdo a lo debatido durante los dos días, definitivamente no. Lo cierto es que hay mucho discurso y poca acción innovadora en materia de políticas nacionales. Existe la necesidad de repensar un modelo económico que nos permita superar la histórica supervivencia sobre exportación de piedras, maderas y frutos silvestres que, a lo largo de la historia, nos dejan pobreza, socavones y considerable deterioro del medio ambiente.

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