ERBOL • Aumento de cooperativas mineras es por la falta de desarrollo productivo • 20/09/2012

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ERBOL • Aumento de cooperativas mineras es por la falta de desarrollo productivo • 20/09/2012

Advierten investigadores
Aumento de cooperativas mineras es por la falta de desarrollo productivo
ERBOL, 20 de septiembre de 2012.- Factores estructurales ligados a la falta de desarrollo productivo, insuficiente generación de empleos y la migración masiva de los habitantes del campo, junto a los expectables precios de los minerales a nivel internacional, han ocasionado un “explosivo” crecimiento de las cooperativas mineras, agravando la problemática minera en el país, coinciden dos expertos.

El economista e investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), Carlos Arze Vargas, autor de varios estudios y análisis sobre la problemática minera en el país señala que “el conflicto entre cooperativistas y asalariados mineros, es el resultado de causas estructurales en el país; como la falta de desarrollo económico, insuficiente generación de fuentes de empleos, y una permanente migración desde el campo hacia las zonas productoras de minerales”.

Resultado del conflicto entre cooperativistas y asalariados por el control de la veta Rosario de la mina Colquiri, un minero dependiente de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) perdió la vida, mientras que otros seis resultaron heridos, como consecuencia del ataque con dinamitas protagonizado el martes 18 de septiembre, por los cooperativistas a la sede sindical de la Federación de Trabajadores Mineros de Bolivia situada en el paseo El Prado.

Según Arze, las causas estructurales que atraviesa el país, ha generado una mayor presión sobre determinados sectores que tienen cierta dinámica interesante en la actual coyuntura, “el crecimiento de las cooperativas es tan explosivo, se ha más que duplicado en la última década, y eso es porque no hay más alternativas, hay crisis de producción, ligada a la propiedad de la tierra y a las condiciones precarias de producción en el campo”. Se estima que actualmente hay más de 120.000 cooperativistas a nivel nacional.

La coyuntura de los precios altos de los minerales en el mercado internacional –dice el economista- ha generado mayor dinámica en los sectores extractivos. “La reforma del neoliberalismo ha expulsado a miles de personas del sector formal, se dio la liberalización de las áreas fiscales para que los trabajadores mineros accedan a yacimientos agotados o con menor riqueza, y se constituyan en cooperativas y empresas”, afirma.

“Lo que hoy se están disputando entre asalariados y cooperativas es apenas un porcentaje muy pequeño de la producción de yacimientos y de su venta porque el gran porcentaje se lo sigue llevando un par de empresas, particularmente San Cristóbal, entonces, el Gobierno no quiere afectar a estas empresas porque no ha hecho ninguna nacionalización de minas, y ha alentado a esta formación espontánea de cooperativas, y estimulado la formación de empresas dentro de las cooperativas”, asegura al Periódico Digital PIEB.

De acuerdo a información oficial del Ministerio de Minería y Metalurgia, el extractivismo minero está concentrado en un 75,12 por ciento en manos de la minería mediana y trasnacional; el 22,95 por ciento en la minería chica y cooperativizada, y el 1,93 por ciento en la minería estatal.

Los privilegiados de la minería 

El economista e investigador, Hans Möeller, coordinador del estudio “Dinamitas y Contaminantes. Cooperativas mineras y su incidencia en la problemática ambiental”, afirma que el crecimiento de las cooperativas mineras en el país, es producto de la falta de fuentes de empleo, ya que el Tesoro General de la Nación (TGN) no tiene la capacidad de formalizar y absorber a todo este sector al Estado.

Considera que siempre habrán dificultades entre los mineros asalariados y los cooperativistas porque mientras los primeros, son trabajadores “privilegiados”, que cuentan con un salario fijo –produzcan o no–, un sistema de seguros, herramientas, mecanización, luz eléctrica, casa, agua y transporte subvencionados, los segundos, deben pagar desde su uniforme de trabajo, sus materiales, explosivos, mangueras, perforadoras, y producir una cantidad mínima diaria para garantizar su sobrevivencia y la de sus familias.

“En el caso de los asalariados, todas las pérdidas las asume el Estado, pero el cooperativista se muere de hambre si no produce, porque no tiene ingresos”, subraya.

Según Möeller, el sector cooperativizado minero tuvo la virtud de generar miles de fuentes de empleos, incluso a campesinos sin mucho conocimiento de minería, en tareas muy rudimentarias y elementales.” Por esa razón son más de 100.000 personas porque han absorbido esa mano de obra desocupada, que en gran parte del año trabaja en las cooperativas en las zonas aledañas a las minas, y en la época de cosecha y siembra se van al campo”, explica.

El investigador afirma, que luego de la relocalización de los trabajadores mineros en los años 80´, los únicos que se quedaron “arañando” en las minas fueron los cooperativistas, quienes encontraron nuevas vetas en los yacimientos, mientras que los asalariados fueron indemnizados con fuertes montos de dinero que tuvo que pagar el Estado.

Al referirse a los procesos de producción desmiente aquellas afirmaciones que responsabilizan a las cooperativas de provocar las mayores contaminaciones ambientales. “Las cooperativas mineras son rudimentarias; no tienen los ingenios enormes como el que tiene Huanuni –ahora a cargo de Comibol- o el ingenio enorme en Colquiri, que son los mayores contaminantes en Bolivia. Estas son las grandes mentiras que se dice respecto las cooperativas”.

Möeller explica que los cooperativistas mineros desarrollan un trabajo muy rudimentario porque muelen las rocas con sistemas manuales, limpian los minerales sin utilizar reactivos, ni generan las toneladas de contaminantes que expulsan los grandes yacimientos.

“En las minas que están en el sur de Potosí, miles de toneladas son lanzadas en el altiplano. El problema en Oruro es que son lagos son endorreicos, por tanto, los contaminantes se quedan y se acumulan en las zonas del lago Poopó, salares y en la zona de Uru Uru y no tienen salida. Las grandes mineras están haciendo daño cien veces que el daño pequeño, -que también lo hay- por parte de las cooperativas”, asegura.

De acuerdo a estudios realizados por la Universidad Técnica de Oruro (UTO), las cooperativas mineras son las menos reguladas por el Estado en cuanto al cumplimiento de las normas ambientales y tributarias.

Sin embargo, Möeller asegura que los cooperativistas no solo pagan regalías por extracción e impuestos por exportación, sino que también vuelven a reinvertir sus utilidades en su producción.

La Paz, 20 septiembre 2012
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