Hidrocarburos Bolivia • ¿Hacia dónde va la economía boliviana?

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Hidrocarburos Bolivia • ¿Hacia dónde va la economía boliviana?

Alberto Bonadona Cossío


Hace un año las reservas internacionales se encontraban en los $US. 7.100 millones, hoy se encuentran en los $US. 7.950 millones. Estos son montos que nunca antes la economía nacional conoció ni tampoco experimentó un crecimiento equivalente de las mismas. Aunque la velocidad con la que ahora crecen, o sea, su tasa de crecimiento es ahora menor a la que alcanzó en 2008, no obstante los efectos de la crisis internacional, son 12% mayores en julio de 2009 respecto a julio de 2008.

La economía boliviana, como cualquier otra, no está ni puede blindarse frente a los efectos de la crisis internacional. Sin duda, semejante acumulación de reservas sirven y servirán para amortiguar el impacto de una crisis de los mercados internacionales sólo comparable a la experimentada en la década de los años 30. Cumplirán la labor pasiva que les ha asignado el gobierno del MAS sin mayores repercusiones en la producción nacional. Son producto de una buenísima, extraordinaria racha, por cierto fugaz, de los precios de nuestras exportaciones de materias primas: hidrocarburos, minerales y la soya.

Todas las materias primas que exportamos han bajado de precio. Algunas, como el petróleo, que condiciona el precio al cual se vende el gas, ha caído en 58%, el estaño 46%, la soya 36%. Una racha que ya se acabó y no se la supo aprovechar para impulsar la producción de productos manufacturados, alentar la diversificación de las exportaciones, generar fuentes de empleo y disminuir la pobreza, … salvo que la producción y exportación de litio venga al rescate.

Si bien por breves plazos las exportaciones nacionales de materias primas pueden subir por la especulación que predomina hoy y los minerales sirven de refugio financiero, no lograrán una total recuperación sino hasta que la crisis internacional sea superada, situación que todavía se encuentra lejana a pesar de algunos signos de reactivación como son las espectaculares ganancias de algunos grandes bancos.

Exportaciones y producción

El valor de las exportaciones bolivianas ha caído de $US. 2.771 millones a $US. 1.953 millones en períodos comparables hasta mayo de 2008 frente al presente año. Lo que ha ocurrido con las exportaciones nacionales a Corea del Sur entre enero y abril de este año comparado con lo que Bolivia vendió a ese mismo país en el mismo período el año pasado, refleja de manera muy precisa lo que está ocurriendo con las exportaciones de minerales y la producción de los mismos.

En ese periodo del año pasado se exportó a Corea cerca de 120.000 TM. Este año se exportó casi el doble de ese volumen, 93% más. Sin embargo, el valor cayó en 3,2%, o sea que Bolivia produce más y le pagan menos. Se debe tener presente que Corea es el principal comprador de zinc y otros minerales bolivianos y, lo que compra de Bolivia, es seis veces el volumen y nueve veces en valor de lo que compra Japón.

Esta situación, en general, se repite en el conjunto de la minería y fue lo que indujo a que el Ministro de Hacienda, Luis Arce, desatinadamente afirmase que Bolivia no tiene porque preocuparse frente a la crisis internacional.

Para este ministro no es significativo el valor que se está perdiendo por exportaciones porque, afirma, a pesar de que los precios están cayendo, la producción minera nacional se mantiene. Esta posición es digna de análisis económico. En cualquier texto de principios de economía se explica que si los precios bajan resultado de una disminución de la cantidad demandada de cualquier producto, la cantidad ofertada debe ajustarse en consecuencia.

Sin embargo, por lo que afirma el ministro de marras, esta teoría no tiene porque aplicarse en Bolivia y, por lo tanto, la reducción del valor de nuestras exportaciones no debe preocuparnos porque la caída de los precios se está compensando con aumento de la producción. Este ministro no se inmuta en lo más mínimo por esta realidad que contradice la más elemental de las teorías económicas.

Personalmente, lanzó la hipótesis que semejante fenómeno se debe, por un lado, a un aumento de la explotación de los mineros cooperativistas que no han abandonado sus minas y que, para compensar la caída de los precios internacionales de los minerales, deben aumentar su producción y así intentar preservar su ingreso.

Por otro lado, tratándose de la producción de la minería mediana, de propiedad pública o privada, no puede ajustarse flexiblemente a las caídas de los precios internacionales y debe operar con los precios que se imponen en estos mercados aunque la productividad descienda. Caída que se ve claramente si medimos la productividad por medio del valor de la producción dividida por la cantidad producida.

Sin duda, los privados frente a la permanencia de esta circunstancia pueden despedir obreros. Las empresas públicas no tienen este recurso y deben enfrentar la baja productividad que antes enfrentaban y que ahora se ahonda. El caso que más resalta es sin duda el de Huanuni.

Minería y empleo

Lo que acontece en el empleo en el sector minero da una pauta de lo que está aconteciendo en el empleo en general. Lo cierto es que la desocupación está en aumento como lo está la pobreza. La tasa de desempleo, de acuerdo al CEDLA, se encuentra bordeando el 10%.

Los datos oficiales apuntan a la mitad de esa cifra. Lo cierto es que en el tema de empleo cualquier estimación para Bolivia puede estar correcta porque ampliamente esa tasa refleja los más variados tipos de ocupación; tanto el empleo formal, aquel que paga a la seguridad social e impuestos, como el que se dedica al contrabando, la venta de ropa usada, el pisa-coca, el traficante de drogas, o está estacionalmente ocupado en algún tipo de zafra.

Pero, el desocupado, como cualquier ciudadano de este mundo, debe subsistir y al no encontrar una fuente formal de empleo busca una fuente de ingreso en la gigantesca masa de empleo informal que, a la vista de los estudios de empleo, pues ya no está desocupado.

Las estimaciones más informadas establecen que un 70% de las familias bolivianas obtienen sus ingresos de actividades informales. Estas son actividades que aunque sirven un propósito, especialmente en ensanchar la intermediación y facilitar la circulación de productos, no aumentan la creación efectiva de la riqueza nacional, al menos de la legalmente aceptada.

Si bien es cierto que las construcciones de viviendas se encuentran en permanente aumento desde hace casi un lustro, esto refleja principalmente el crecimiento de nuestras exportaciones, las legales e ilegales. Ahora que las exportaciones legales se ven afectadas sólo queda el incremento de las exportaciones ilegales. No en vano la frontera agrícola que más ha crecido en los tres últimos años es la del cultivo de coca. Ya nadie puede negar esto. La economía de la coca de significar el 0,39% del PIB en 1999 hoy se acerca al 2% del PIB.

De acuerdo a la evaluación hecha por la oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (ONUDD) la coca logró movilizar nada menos que $US. 293 millones el pasado año. Esta actividad agrícola es una fuente de empleo y de ingreso que cada día adquiere mayor vitalidad en toda la economía y que por constituir un flujo permanente en ascenso tiene efectos multiplicadores en el sentido keynesiano. Esto es, contribuye a la aceleración de las actividades que recibe la inversión de sus réditos. Sin embargo, no es la actividad que puede construir la economía nacional. Por el contrario, el crecimiento que ahora exhibe puede “gangsterizarla”.

La suerte del gobierno del MAS

El actual gobierno es un gobierno con suerte e ideas con pies de barro. El comunitarismo que predica es más una creación de sus ideólogos, que con un idealismo hegeliano o tal vez weberiano, intentan convencernos que en Bolivia la comunidad originaria campesina es la fórmula de salvación productiva para toda la economía nacional.

En primer lugar, el comunitarismo productivo en Bolivia no existe, máximo se presenta en un colectivismo de comercialización porque al momento de producir el campesino originario boliviano es más individualista que cualquier “homo económicus” amante del libre mercado.

Puede intentarse el ejercicio mental de querer encontrar comunitarismo en las cooperativas mineras. Sin embargo, por su modo de producir son unidades productivas de empresariado precario con un alto grado de explotación de los trabadores, baja productividad, poco uso de maquinaria y equipo.

Se evidencia sin mayor esfuerzo mental que están muy alejadas de cualquier tipo de colectivismo o, tal vez, se encuentran algo más cercanas a la cooperación simple que se mostró en los albores del capitalismo del que nos habla Marx en El Capital.

Por otra parte, se está impulsando el concepto de nacionalidad dentro de las líneas que se utilizaron en la ex Unión Soviética, la cual no llegó a consolidar su unificación por las grandes disparidades que impulsó entre las diferentes nacionalidades y etnias que formaban parte de esa república. Llegó donde ahora está; desintegrada y con un enorme poder que ejercen sus fuertes mafias en su economía privatizada.

La actual Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia reproduce a su manera lo que se hizo en la ex URSS y por ese sendero nos encaminamos a la desintegración como sociedad boliviana. Con todos sus defectos históricos, Bolivia debe encaminarse a una sola nación, una República, una economía descentralizada sí, pero con visión de un solo país. Todo lo contrario es lo que se está construyendo (o destruyendo).

Las reservas internacionales no fluirán por los veinte años o toda la vida que busca el MAS mantenerse en el poder. Lo que se tendrá en un predecible futuro en Bolivia es una economía desbaratada y muchos grupos que casi tribalmente se enfrentarán entre sí. Salvo, y esta es una gran salvedad, que la crisis del capitalismo en su ansiada búsqueda de soluciones a la actual crisis internacional realice transformaciones profundas en el uso de energía y haga del litio boliviano la mercancía de la salvación.

La industria del automóvil representa al capitalismo actual mejor que cualquier otra y necesita regenerarse. Para ello debe volverse más ecológica y abandonar los hidrocarburos, tanto como combustible como en el uso de las innumerables variedades de plásticos que la construcción de un automóvil incorpora. La energía para los vehículos debe ser más ecológica y los plásticos más reciclables. El combustible ecológico puede ser el litio del cual Bolivia guarda el 53% de las reservas mundiales.

Lo que falta saber es si el Estado Plurinacional logrará conjugar el comunitarismo originario con la globalización. Esta exige una visión muy distinta del mundo de hoy y, particularmente, de un país pobre como Bolivia que no puede prescindir de la internacionalización capitalista. Aquél requiere de una clara concepción que supere el animismo y la concepción mágica que invade todo lo referido a la producción comunitaria y que no alcanza a incorporar procesos de producción efectivamente colectivos que eleven el producto social y lo potencien.

Pero, la suerte puede otra vez favorecer a este gobierno que, con pocas y débiles ideas económicas no logra orientar el desarrollo productivo del país pero que quizás logre sobrevivir en el populismo que ha entronizado. La gran facilidad de regalar dinero por medio de bonos, gracias a la explotación del litio que inevitablemente formará parte de la solución a la crisis internacional, puede contribuir a prolongar al MAS en el poder por tiempo indeterminado.

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