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Renta Básica: ¿Una reivindicación de izquierda?

 

AUTOR: Alejandro Quesada Solana

Últimamente he tenido la ocasión de hablar con gente que me ha puesto tras la pista de la Renta Básica. Incluso he tenido la oportunidad de escuchar sobre ella el calificativo de “derecho de la ciudadanía”. Al parecer, la Renta Básica sería un derecho social (o no, ya que está alejado de la cuestión social) que debería ser reivindicado por la izquierda. En este artículo pretendo realizar algunas reflexiones en torno a dicha Renta Básica y discutir sobre la idoneidad de adquirirla dentro del acervo de la izquierda como una reivindicación más, o incluso como “la” reivindicación.

La Renta Básica es, grosso modo, una renta –un ingreso- que cualquier ciudadano, por el hecho de serlo, tendría derecho a percibir. Es independiente a su situación económica y, en algunos modelos, a su situación vital (otros modelos establecen pagos diferenciados en función de factores naturales como la edad). Así pues, Emilio Botín y usted cobrarían una cantidad igual, por parte del Estado, cuya denominación es la de Renta Básica, supongamos unos 7000 euros.

Por supuesto, esto requiere de un esfuerzo político que asumimos es realizable. Es decir, estamos suponiendo que una fuerza realmente progresista estuviese gobernando. A partir de aquí, ponemos a funcionar el modelo.

Otro supuesto es que la financiación de este tipo de ayuda es, también, realizable. Este supuesto es bastante menos restrictivo, pues hay varios estudios que demuestran que es financiable dentro de unos límites aceptables dados.

Una vez aclarados los supuestos de posibilidad política y posibilidad financiera, pasamos a explicar la renta básica de acuerdo con los trabajos de Daniel Raventós. Para Raventós, la Renta Básica consiste en una renta de carácter universal e incondicional, que no estaría gravada por el IRPF y que sustituye a cualquier tipo de ayuda que se estuviese percibiendo (si ésta es superior a la Renta Básica, debería compensarse).

Para su financiación, el IRPF dejaría de ser un impuesto progresivo y se convertiría en un impuesto de tipo fijo (flat tax), a la vez combinaría las rentas del ahorro y las del trabajo excluyendo todo tipo de exenciones fiscales. Esto no es ni más ni menos que un modelo de los múltiples posibles, sin embargo, una vez se someten al análisis serio en la parte financiera, los supuestos suelen coincidir fundamentalmente en la parte del flat tax y la exclusión de exenciones fiscales tanto en base como en cuota.

A nivel puramente fiscal, los cálculos que se efectúan con la Renta Básica suelen arrojar una conclusión muy interesante: generalmente, la desigualdad, si se introduce la renta básica, disminuye y el impuesto es, finalmente, más progresivo. Es decir, cumple las propiedades de lo que siempre ha sido una reivindicación de la izquierda.

Siendo esto cierto, lo peliagudo viene un instante después cuando se le somete al siguiente test al modelo fiscal de la Renta Básica: ¿Es posible encontrar una alternativa que haga que la desigualdad disminuya y que el impuesto sea más progresivo? Si hacemos uso de nuestro supuesto de “todopoderosidad política” lo cierto es que sí. Para ese viaje no hacen falta más alforjas que el establecimiento de un sistema público redistributivo más eficaz que el actual y un sistema impositivo más progresivo aumentando tipos marginales por arriba y bajándolos por abajo. Por tanto, a priori, la Renta Básica es una herramienta igual de válida que otras más “clásicas”.

Sin embargo, lo más jugoso de la Renta Básica se encuentra en el acento que pone en la supresión de ayudas públicas, lo cual es conditio sine qua non para su financiación. Recordemos que la Renta Básica se financia, en parte, mediante la supresión de ayudas públicas lo que deja a disposición una cantidad determinada de dinero que se repartiría de otra forma. Esa es la clave, simplemente estamos hablando de un nuevo método de redistribución de la renta.

¿Pero es simplemente eso? De momento, como decíamos, parece que para ese viaje no hacían falta alforjas. Sin embargo nos parece muy relevante la forma en la que se redistribuye la renta bajo la forma de Renta Básica. Como decíamos más arriba, Botín y usted percibirían la misma Renta Básica –además de sus respectivos salarios, claro-, y pagarían el mismo tipo de impuesto. Es decir, su renta disponible sería similar si no existiese la Renta Básica dado que si el impuesto sobre su renta es del 40%, ambos tendrán un 60% de su renta disponible. Si se incorpora la Renta Básica, entonces habría una diferencia sustancial en las rentas disponibles de ambos pero… ¿es eso relevante?

Quizá lo dicho en el párrafo anterior queda más claro si incorporamos aquí una pequeña tabla.

 

                                     Renta               Renta       % de Renta          Renta tras               % Renta 

                                                        tras impuesto  Disponible            impuesto               Disponible 

                                                                                                     + Renta Básica            tras RB

 

Lector/a de ECCE         20000                  12000               60%                19000                     95%

Emilio Botín, banquero 180000                108000               60%              115000                     64%

El tipo impositivo fijo es del 40% y la Renta Básica es igual a 7000

 

Como se puede ver, Emilio Botín vería disminuida su renta disponible en bastante más medida que usted (un 64% frente a un 95%). Sin embargo eso no nos dice nada nuevo que lo que ya apuntábamos más arriba. Se reduce la desigualdad pero esto podría hacerse a través de otros métodos más clásicos. Lo novedoso, sin embargo, es el método en el que el Estado realiza la redistribución de la renta. Recordemos que, actualmente, la redistribución de la renta se efectúa mediante colegios públicos, hospitales públicos, becas, subsidios, etc. Es decir, el Estado existe y el uso de sus recursos es discrecional. El Estado recauda impuestos y los administra, en el mejor de los casos, de la mejor manera que los ciudadanos le consienten. Con la Renta Básica, eso cambia. Ahora será usted quien administrará el dinero que el Estado ha recaudado. O al menos una parte muy significativa de esa recaudación.

¿Es eso una diferencia sustancial? Para nosotros, sí. Acabamos, de golpe y porrazo, de destruir lo colectivo para instaurar un sistema individual. La Renta Básica es la justificación perfecta para suprimir servicios públicos en base al argumento de que la redistribución ya está efectuada mediante la Renta Básica y por tanto ahora todos nos situamos en una posición de cierta igualdad de partida. Lo cual no es sino un artificio matemático. Como hemos visto, la renta de Botín sigue siendo enorme frente a la de usted, y lo peor de ello es que buena parte del presupuesto en colegios u hospitales se ha dilapidado, por lo que tendrá usted que buscar esos servicios en el mercado y no en la provisión pública.

Esto afectaría también a las pensiones de acuerdo con la mayoría de los modelos sobre Renta Básica, por lo que aunque en la parte de renta directa se mejoraría la desigualdad, probablemente en las pensiones aumentaría, al depender del ahorro pasado donde, de nuevo, Botín es capaz de ahorrar mucho más que usted.

La miopía que presenta la Renta Básica es por tanto triple: de un lado, es miope al no considerar simples modificaciones fiscales actuales como una alternativa suficiente; por otro, es miope al considerar la renta en un único sentido –el meramente monetario y presente- y despreciar la parte de trasferencias directas e indirectas que el Estado aporta; y finalmente es miope en el sentido de incrementar desigualdades vía acceso a bienes y recursos.

Por tanto, y concluyendo, para nosotros la Renta Básica, ni es una alternativa novedosa o radical puesto que sus efectos más inmediatos se pueden lograr sin mayor complicación ni es una alternativa deseable, puesto que sus postulados ideológicos (individualistas y que entroncan a la perfección con la propuesta Friedmaniana del impuesto negativo sobre la renta) rompen con toda la tradición clásica de la izquierda, mucho más colectivista.

Fuente: http://www.economiacritica.net/?p=2866#more-2866

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