El Mutún y la fe del Estado – La Razón

El lunes pasado, después de muchos meses de disputas entre la Empresa Siderúrgica Mutún (ESM), la Jindal Steel Bolivia (JSB) y el Ministerio de Minería, se firmó una adenda al contrato para la explotación del yacimiento de hierro de El Mutún con lo que, según las explicaciones oficiales, habrá quedado allanado el camino para que, por fin, se ponga en marcha el proyecto en el que tantas esperanzas han depositado los cruceños desde hace más de 50 años.

A primera vista, podría pensarse que así será, pues las partes involucradas –ESM en representación del Estado boliviano y la filial de la india Jindal-- han expresado, una vez más, su buena disposición para cumplir, a partir de ahora, sus respectivos compromisos.

Hay sin embargo, como durante los últimos años, motivos suficientes para temer que todavía no se ha cruzado la línea que separa los buenos deseos de la realidad. Y no tanto por las formalidades legales, que sin duda podrán ser superadas con facilidad, sino porque así como el Gobierno tardó más de un año en reconocer algo tan simple como el problema de las tierras reclamadas por Jindal, es muy probable que no sea más ágil cuando llegue el momento de resolver dificultades aún mayores.

Es de esperar que no sea así, pues no es justo que Santa Cruz, como otros departamentos con otros motivos, como por ejemplo Cochabamba con Misicuni o Chuquisaca con su aeropuerto, vean pasar los años y las décadas sin obtener nada más que una frustración tras otra. Sería lamentable que El Mutún se confirme como el equivalente cruceño de esos símbolos de frustración colectiva.