Salarios: Poder de compra en retroceso

Según la información oficial, el salario medio real o poder de compra de los trabajadores del sector privado empresarial registró una leve variación positiva de 0,1% entre junio- 2016 y junio- 2017. La medición también muestra los resultados anuales de 2015 y 2016, cuando el salario medio real aumentó en 3,7% y 0,4% respectivamente.

Por lo tanto, estamos frente a una importante pérdida de la capacidad adquisitiva del salario medio privado que limita las posibilidades de los trabajadores para adquirir los bienes y servicios que forman parte de su consumo habitual y otros que necesitan para mejorar su calidad de vida.

La contención salarial, como rasgo característico del funcionamiento del sector privado empresarial afecta más a ciertos grupos de trabajadores. Hasta 2015, solo los gerentes y los obreros vieron mejorar el poder adquisitivo de sus salarios, estos últimos debido al aumento del salario mínimo. En 2016, el panorama cambió pues los únicos que mejoraron el poder de compra de sus salarios fueron los obreros especializados, entre éstos los que tienen estabilidad laboral y, sobre todo, muchos años de trabajo en las empresas.

Entonces, el nivel y los incrementos salariales en los puestos que requieren mayores calificaciones fueron disminuyendo con el tiempo, como resultado de una estrategia empresarial de ahorro de costos laborales. Así, fueron los profesionales, técnicos y empleados con mayor experiencia, los que recibieron los incrementos nominales más bajos, incluso en momentos de progresividad en las disposiciones gubernamentales de indexación anual, de manera que la inflación hizo lo suyo, limitando su capacidad de compra. Desde 2016, también los trabajadores menos calificados fueron afectados por estas mismas condiciones, lo que conduce al deterioro general del poder compra del salario medio privado.

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Además de la desvinculación que existe entre el nivel general de los salarios, los incrementos anuales dispuestos por el gobierno y el costo de la canasta familiar, las tendencias señaladas reflejan la persistencia de un escenario de correlación de fuerzas adverso para los trabajadores; entre otras cuestiones, se manifiesta en la creciente rotación laboral por causas ajenas al trabajador, en la contratación regular de los nuevos trabajadores a plazo fijo o eventual con menores salarios cada vez y, en la disminución del empleo en el sector privado.

Entonces, hablar de bajos salarios y de su menor capacidad de compra no es una cuestión exclusiva del ámbito de las pequeñas unidades económicas o del llamado sector informal. Algo similar sucede en el sector público, pues el salario medio real al cierre de 2016 disminuyó en 0,7%. Pasa lo mismo con los jubilados, en particular en el nuevo sistema de pensiones (SIP), cuyas rentas con o sin fracción solidaria, pierden su poder adquisitivo año tras año.

Las más afectadas por estas tendencias son las trabajadoras. Las mujeres ganan menos que los hombres en todas las categorías y grupos ocupacionales, no solo por su acceso desigual a oportunidades de empleo de calidad, sino porque existe una fuerte discriminación salarial en su contra. Un indicador global en el país muestra que siendo el 45% de la población asalariada en las ciudades, solo reciben el 30% de toda la masa salarial.

Como en otros momentos, en lugar de apostar a la diversificación productiva, la industrialización y el aumento general de la productividad como vía para enfrentar los cambios negativos en el entorno económico, los empresarios y el gobierno siguen adoptando viejas prácticas e instrumentos que trasladan los efectos de la contracción productiva sobre las espaldas de los trabajadores.

En este contexto, tanto la reducción del poder de compra del salario como la contracción del nivel de empleo de calidad, en medio del vacío de políticas públicas efectivas en el ámbito de la producción y el empleo, solo pueden llevar a un mayor deterioro social y al incremento de la pobreza.

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