El futuro en riesgo. Jóvenes y trabajo en el municipio de El Alto.

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EL FUTURO EN RIESGO. JÓVENES Y TRABAJO EN EL MUNICIPIO DE EL ALTO.

Bruno Rojas, investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario

Los datos, análisis y reflexiones a ser compartidos corresponden a una investigación realizada por el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario, CEDLA, en el presente año, que recoge información de la Encuesta de Empleo y Salarios efectuada por esta entidad y el IRD en 2013 e información fresca de la Encuesta de Demanda Laboral Juvenil en El Alto realizada por la misma institución en 2015. La presentación expone los resultados principales sobre oferta y demanda laboral de jóvenes en la urbe alteña, resaltando sus características, tendencias y problemas centrales.

A manera de una breve introducción es pertinente señalar que actualmente el país atraviesa una crisis estructural de empleo reflejada en el deterioro creciente de la calidad del empleo en la primera década y primeros años del segundo decenio del presente siglo y en la generalización de la precariedad laboral en todas las actividades y sectores económicos. Esta situación afectó más a las mujeres y a los jóvenes de 15 a 24 años.

LA OFERTA LABORAL DE LOS JÓVENES. MÁS EDUCADOS CON EMPLEOS PRECARIOS

Datos generales

Según el Censo de Población y Vivienda de 2012, el municipio de El Alto contaba con una población de 848.840 habitantes, correspondiendo a los jóvenes de 15 a 24 años, un poco más de la quinta parte (21.4%), proporción relativamente superior a la que representa la población joven  a nivel nacional. En el período intercensal 1992 - 2012 la población joven de 15 a 24 años se incrementó en más de 100 mil personas (de 81.105 en 1992 a 182,137 en 2012), con un aumento promedio anual de 8.333 personas.

Entre las características principales a considerar para el análisis de la situación laboral de esta población, resalta la mejora de su nivel de educación con un promedio de 11,4 años de estudio, según la Encuesta del CEDLA – IRD efectuada en 2013. Este rasgo era similar entre hombres y mujeres, de 11,5 años y 11,2 años respectivamente. A diferencia de los adultos, los jóvenes alteños constituyen una fuerza laboral “más educada” que contrasta con un mercado de trabajo que requiere de manera predominante trabajadores con menor calificación laboral y en el sector informal.

Disminución de la participación de los jóvenes en el mercado laboral

De acuerdo a la encuesta mencionada, 4 de cada 10 jóvenes alteños participaban en el mercado laboral. Esta relativa menor participación de los jóvenes también caracteriza a la población joven paceña, lo que podría marcar una tendencia hacia la menor inserción o retiro de los jóvenes del mercado de trabajo como efecto de los cambios adversos que vienen registrándose en este escenario.

Recurriendo a otro indicador que corrobora este comportamiento, se observa que la tasa de participación laboral de los jóvenes disminuyó del 50,5% en 2008 a 39,1% en 2013, con una mayor caída en la población femenina joven (34,4%). Entre los adultos también se registró una disminución aunque manteniendo un porcentaje mayor al 50% (de 80,4% a 69,1% en 2012).

Considerando el nivel de educación, los jóvenes menos escolarizados (58%) y los bachilleres (53%) participan más que los que cuentan con educación superior completa o incompleta (40%), probablemente como expresión de la demanda laboral que requiere trabajadores para puestos de menor calificación.

Alto desempleo juvenil

En 2013, la tasa de desempleo abierto juvenil en El Alto fue de 13.1%, superior en más de tres veces al desempleo de los adultos mayores que fue de 3,7%. Si bien mostró una disminución con relación al 2008 (15,9%), continúa siendo una tasa alta que demanda ser tomada en cuenta. Precisamente, mirando el desempleo por sexo, se evidencia que la tasa de desocupación de las mujeres jóvenes fue más elevada (19,6%) con relación al de los hombres (7,8%).

La disminución del desempleo contrasta con la disminución de la tasa de ocupación de los jóvenes de 42,4% registrada en 2008 a 33,9% en 2013, revelando que el mercado de trabajo actual, es menos atractivo para los jóvenes.

Como ocurre en la población desocupada en general, la mayor parte de los desempleados entre los jóvenes fueron cesantes (73%), es decir, aquellos que dejaron una actividad, concluyeron su contrato, fueron despedidos o renunciaron voluntariamente. Es importante resaltar que el nivel de cesantía es un indicador importante para desentrañar la naturaleza del desempleo.                                                     

Un indicador importante para apreciar las dimensiones que cobra la desocupación es la tasa de desempleo ilustrado que afecta a la población con mayor nivel educativo (secundaria y educación superior) y que en el caso de los jóvenes alteños resulta relevante por la mejora mostrada en su grado de instrucción. En el municipio de El Alto, el desempleo ilustrado en la población joven con educación superior alcanzó en el año 2013, el 12,8% y entre las mujeres un alarmante 27,3% lo que viene a reforzar la idea referida a que el mercado laboral en esta urbe, al igual que en otras ciudades como La Paz, es restrictiva para los jóvenes con mayor nivel educativo.

En cuanto a la duración del desempleo, a diferencia de los adultos mayores de 25 años que experimentan un tiempo mayor, el período de búsqueda de un nuevo empleo invertido por los jóvenes es de 3,6 meses en promedio, lo que podría indicar una mayor rotación laboral por la eventualidad de las fuentes de trabajo ya sea como imposición de la demanda laboral o como decisión de los jóvenes por buscar otras oportunidades de trabajo con mejores condiciones laborales.

Otro rasgo que merece destacarse es el porcentaje de jóvenes de El Alto en condición de población NI-NI (Ni estudian, Ni trabajan) que en 2013 alcanzó el 10,7% (20.820 personas), porcentaje similar al mostrado por los jóvenes en el municipio de La Paz. Si bien el porcentaje es menor al registrado en América Latina (promedio 20,5%), evidencia los costos sociales de la marginación de los jóvenes de los principales mecanismos de integración social que son la escuela y el trabajo.

La mayoría de los NI-NI son mujeres, jóvenes de 20 a 24 años, bachilleres o con educación superior y jóvenes pertenecientes a niveles socioeconómicos de nivel medio.

Inserción laboral de los jóvenes y condiciones laborales

Uno de los rasgos principales de la inserción de los jóvenes en el mercado de trabajo en países como Bolivia es que su incursión se dio a temprana edad. En El Alto, según la Encuesta IRD – CEDLA, 6 de cada 10 jóvenes declararon haber iniciado su vida laboral antes de cumplir 15 años, 4 entre los 10 y 14 años y 2 antes de cumplir los 10 años, develando otra problemática relativa al trabajo infantil.

En general, en 2013, una quinta parte de la población total ocupada en el municipio alteño eran jóvenes (65,957), proporción que refleja la baja participación de este grupo generacional en el mercado laboral.

Analizando las ocupaciones en las que se encuentran los jóvenes alteños, el panorama que se desprende coincide con las tendencias principales que marcan el empleo urbano en el país, referente a la concentración de los ocupados en los sectores terciario e informal, en puestos de trabajo de menor calificación laboral y en el trabajo asalariado. En efecto, 60% de la población joven ocupada en el municipio de El Alto trabajaba en actividades terciarias (comercio, servicios y transporte), a las cuales se asocia la reproducción de empleos precarios y con derechos laborales restringidos. En el caso de las jóvenes, el porcentaje de ocupadas en este sector involucraba a 74 de cada 100 de ellas, más que los hombres jóvenes (50%).

Para completar el perfil ocupacional de los jóvenes por ramas de actividad, un significativo 31% de los jóvenes trabajaba en establecimientos de la industria manufacturera (37% de hombres; 24% de mujeres), probablemente como expresión del paulatino repunte de la actividad productiva en el municipio.

A su vez, un elevado 81% de los jóvenes estaba ocupado en establecimientos del denominado sector informal urbano (formas de organización económica familiar y semiempresarial), más en condiciones de asalariados y trabajadores familiares no remunerados. Un reducido 16% trabajaba en el sector empresarial y un insignificante 1,5% en el sector estatal, revelando que el Estado genera muy poco empleo para los jóvenes alteños.

Confirmando la tendencia que suscita gran preocupación entre los jóvenes con relación a la tensión existente entre el mayor nivel educativo alcanzado por esta población en contraposición a la predominancia de puestos de trabajo de menor calificación laboral en el mercado, 8 de cada 10 jóvenes alteños sin importar su nivel de instrucción estaban ocupados en cargos de baja calificación, es decir, en calidad de trabajadores de servicios, vendedores del comercio, obreros y ayudantes de la industria y de la construcción.

Otro rasgo del empleo juvenil en El Alto tiene relación con que un poco más de la mitad de la población joven (53%) trabajaba en calidad de asalariados, concentrados en los sectores semiempresarial y empresarial. El asalariamiento entre los hombres jóvenes fue más evidente (64,3%) que en las mujeres (37,4%). A propósito de los llamados emprendedores actualmente, 19% de los y las jóvenes se desempeñaban como trabajadores por cuenta propia, porcentaje inferior al de los adultos mayores a 25 años, poniendo en debate las perspectivas del emprendimiento juvenil como “alternativa” frente al trabajo dependiente.

La precariedad laboral golpea más a los jóvenes

La crisis estructural del empleo que vive actualmente el país afecta más a los jóvenes, situación que puede corroborarse analizando la situación ocupacional de los jóvenes en la ciudad de El Alto. Si bien el 63% de los jóvenes señalaron que contaban en 2013 con fuentes laborales estables o permanentes y el restante 37% con empleos inestables y a contrato temporal, no condice necesariamente con un estado de mayor continuidad laboral y jornadas laborales completas y, menos con ingresos adecuados y acceso a la seguridad social.

Analizando la jornada laboral semanal, se evidenció que los jóvenes le dedicaban menos horas de trabajo como asalariados o independientes, develando que la mayor permanencia en una fuente de trabajo no se relaciona precisamente con el número efectivo de horas trabajadas. En los jóvenes asalariados, la jornada semanal alcanzó un promedio de 33 horas, mientras que en los trabajadores independientes, un promedio de 38 horas, ambos por debajo de la jornada semanal máxima de 48 horas establecida por ley. Entre los dependientes, casi 6 de cada 10 jóvenes trabajaban menos de 40 horas y 3 de cada 10, menos o igual a 20 horas, alentando la idea que la población joven trabajaba en fuentes laborales “permanentes” con menor jornada de trabajo.

Observando los ingresos laborales mensuales de los jóvenes, la precariedad se hace más evidente ya que el 63% de los asalariados ganaba hasta un SMN equivalente a 1,200 bolivianos en 2013. En el grupo de los adolescentes de 15 a 19 años, el porcentaje subió al 70% lo que evidencia que las fuentes laborales a los que acceden generan ingresos insuficientes que no alcanzan a cubrir el costo de una canasta normativa alimentaria calculada para ese año en 2.117 bolivianos.

Con relación a la cobertura de la seguridad social, apenas 5 de cada 100 jóvenes ocupados contaban con seguro de salud y cotizaba al sistema de pensiones vigente, revelando la alta desprotección social en la que trabajaba la población joven alteña.

En el ámbito de los derechos laborales, el panorama mostró entre otros aspectos que 4 de cada 10 jóvenes recibieron aguinaldo y sólo 3 de cada 10, el pago por horas extraordinarias y el goce de vacaciones.

Relacionando las variables descritas, puede evidenciarse un alto grado de precariedad laboral entre los jóvenes de El Alto ya que el 97% de esta población trabajaba en condiciones precarias, vale decir, en empleos inestables, con ingresos por debajo de una canasta alimentaria o sin seguridad social. Lo grave de esta situación es que 64 de todos ellos contaban con empleos bajo condiciones de precariedad extrema. Apenas 3 de cada 100 jóvenes tenían un empleo pleno o de calidad.

La precariedad según condición de género se torna más crítica para las mujeres considerando que el 70% de ellas trabajaban en empleos precarios extremos. La precariedad es más desfavorable para todos en los sectores semiempresarial y familiar, además del estatal que si bien aporta con pocos empleos, la mayor parte de estos se reproducen en condiciones precarias.

LA DEMANDA LABORAL DE JÓVENES. POCOS EMPLEOS Y DE MENOR CALIFICACIÓN Y JERARQUÍA

En Bolivia no se realizaron estudios sobre la demanda laboral de jóvenes. En tal sentido, los estudios realizados por el CEDLA en los municipios de La Paz y El Alto prácticamente inauguran la investigación y debate sobre las características principales del mercado de trabajo vista desde el ángulo de la demanda de las empresas de diferentes magnitudes y rubros. He aquí algunos de los hallazgos principales.

Gran parte de las empresas en la ciudad de El Alto (87%) que contrataron jóvenes,  ocuparon a estos trabajadores en puestos de menor o ninguna calificación laboral, vale decir como vendedores, promotores de venta, operarios, ayudantes, trabajadores de servicios, obreros y otros que no requieren de formación específica alguna. Casi ningún joven trabajaba en calidad de profesionales (0,5%) y pocos como técnicos (8,3%). De hecho a un buen número de establecimientos económicos (64%) no les interesa que los jóvenes tengan alguna formación educativa debido al bajo rango de los empleos que generan. En aquellas empresas donde importa algo el nivel educativo, la preferencia apunta a los bachilleres y menos a técnicos y profesionales.

Este rasgo de la demanda confirma que el nivel de educación alcanzado por los jóvenes importa poco a la hora de acceder a un puesto de trabajo y menos a un empleo de calidad, tal como pudo detectarse desde la dimensión de la oferta laboral de la población joven.

Asimismo, un buen porcentaje de las empresas prefieren a jóvenes de 20 a 24 años (76%) y sin experiencia laboral (72%), contrariamente a la percepción de la población juvenil en sentido que la demanda exige experiencia de trabajo como uno de los requisitos principales. La no exigencia de experiencia laboral condice con uno de rasgos principales del mercado de trabajo referida a la mayor creación de puestos de menor o ninguna calificación laboral para los jóvenes.

En cuanto a la magnitud de la demanda, solamente el 27% de las empresas percibieron que se contrataron más jóvenes en los últimos 5 años en diferentes rubros y un poco más de la mitad (53,4%) mencionaron que la demanda de fuerza laboral joven se mantuvo igual, lo que implica que en este período se habría registrado una menor demanda de trabajadores jóvenes, hecho que podría explicar la disminución de la participación de esta población en el mercado de trabajo y el alto desempleo.

Entre las razones principales expuestas por las empresas que percibieron mayor contratación de personal joven figuran aspectos subjetivos como la agilidad, el espíritu voluntarioso y las ganas de aprender de los jóvenes, además, de la facilidad de moldearlos a los requerimientos del establecimiento; en menor medida a exigencias de formación, educación y habilidades técnicas. A su vez, el hecho que los jóvenes buscan activamente otras oportunidades de trabajo, la baja de la demanda, la irresponsabilidad y el rechazo a las condiciones laborales ofrecidas, fueron las razones centrales marcadas por aquellas empresas que advirtieron una menor contratación de jóvenes.

Solamente el 32% de las empresas recurrieron a las pasantías de jóvenes ya sea por falta de información o por considerarse innecesario. A propósito de esta figura laboral, queda pendiente una profunda reflexión sobre la orientación y condiciones adecuadas que debe reunir. Mientras tanto hoy, la pasantía se asemeja mucho a trabajo gratuito y precario extremo.

Según las empresas que contaron con pasantías, los beneficios principales para estos establecimientos fueron el aporte de conocimientos por parte de los jóvenes (51%) y el bajo costo laboral de los pasantes. Un significativo número de empresas (31%) señalaron que las pasantías no retribuyeron beneficio alguno. Para los jóvenes, los beneficios serían la oportunidad de poner en práctica los conocimientos teóricos, la mejora de lo aprendido en las entidades de formación y la adquisición de experiencia laboral, de acuerdo a la valoración de las empresas. La fuerte relación de la pasantía con la práctica de la formación técnica o profesional, explica el porqué de la baja valoración del trabajo de los jóvenes.

Un futuro sin futuro

Si bien un importante porcentaje de empresas cuentan con políticas de permanencia de los jóvenes en los puestos creados (67%), pocas empresas disponen de medidas y acciones orientadas a promover nuevos empleos para esta población (27%), lo que a futuro significa una menor demanda de trabajadores jóvenes.

Asimismo, un número menor de empresas (17%) señalaron tener puestos vacantes para los jóvenes lo que ratifica las limitadas perspectivas de contratación de jóvenes. Lo delicado del asunto es que las vacancias están relacionadas en gran parte a puestos de menor jerarquía y calificación laboral, continuando la tendencia actual del mercado de trabajo que apunta a empleos de bajo perfil. Esta es una mala noticia para los jóvenes profesionales y técnicos del municipio alteño que tienen expectativas de conseguir fuentes laborales a la altura de su formación. No sólo en El Alto, sino también en La Paz y con gran probabilidad en todo el país, la creación de una población grande de profesionales y técnicos desempleados, subempleados y subutilizados será sin duda un gran problema a tomar muy en cuenta por el Estado y la sociedad.

Reflexiones finales

En el municipio de El Alto, al igual que en el municipio de La Paz, según un reciente estudio del CEDLA en esta urbe, el problema principal de la situación actual del empleo juvenil no reside en las características de la oferta laboral de los jóvenes en cuanto a su formación, rasgos y expectativas personales sino en las limitaciones estructurales de la demanda laboral que promueve pocas oportunidades de trabajo, puestos de menor calificación laboral, informales y esencialmente precarios.

La demanda laboral de jóvenes es limitada debido al tipo de economía predominante en el municipio alteño basada en un enorme universo de micro y pequeñas empresas  que reproducen formas de organización de la producción de baja productividad, con rezago tecnológico, bajas inversiones y mercado estrecho que contribuyen a la mayor creación de empleos de bajo perfil, informales y precarios. Tanto las grandes empresas como el Estado aportan con menos puestos de trabajo para los jóvenes.

Los jóvenes, en particular las mujeres, son los más afectados por la crisis estructural de empleo que vive el país. Alto desempleo general e ilustrado, elevada precariedad laboral, bajos ingresos y alta desprotección social, son algunas de las evidencias principales observadas en la población joven del municipio alteño.

Como ocurrirá en La Paz, las actuales tendencias adversas que marcan la inserción laboral de los jóvenes no cambiarán en el corto y mediano plazo, mientras persista en el país un patrón primario exportador basado en una economía extractivista que relega la producción y la industrialización, sustentos importantes de un cambio sostenible para la creación de condiciones que impulsen empleo pleno y digno.

 

 

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