El Instrumento Político de los Trabajadores: ¿frente para la revolución o frente electoral? - Carlos Arze Vargas

 

El Instrumento Político de los Trabajadores: ¿frente para la revolución o frente electoral?
Carlos Arze Vargas

 

Desde que la Primera Conferencia Nacional de los Trabajadores organizada por la COB decidió llevar adelante la fundación del “instrumento político de los trabajadores”, en cumplimiento de una resolución del pasado congreso de esa entidad matriz, se ha desatado un interesante debate que, pese a ser es revelador respecto a la postura de algunos grupos de izquierda, no parece haber entusiasmado a la mayoría de los trabajadores de base.

Quienes postulan la conformación del Instrumento Político de los Trabajadores (IPT) sostienen, en general, que éste serviría para disputarle al MAS su influencia sobre los trabajadores, aprovechando la capacidad organizativa de la COB y su carácter unitario. Algunos, más específicamente,  creen que ante el fracaso de la “antigua” estrategia sindical de movilizarse para lograr sus demandas, el IPT podría ser un útil “instrumento de negociación” con el Estado y la burguesía, aunque ambicionan también que pueda significar el inicio de un proceso de politización y organización de las bases en una perspectiva más radical[1], aunque lo que apremia hoy son las elecciones de 2014. Incluso hay quienes ambicionan menos y propugnan que el IPT constituya la candidatura “a la izquierda” del MAS –considerada la nueva derecha- con el propósito de desnudar el carácter anti-obrero del gobierno, por ello no interesaría tanto que sus documentos fundacionales “no sean revolucionarios”, sino que el instrumento “exista”[2].

Ante estas curiosas posturas –que, por otra parte, son las más radicales del conjunto-, cabe preguntarse si en la actual coyuntura nacional la conformación de un partido político desde las filas sindicales –o, más cabalmente, alentada por parte de la dirigencia sindical-, se perfila como una organización revolucionaria, como una expresión organizada de los intereses de la clase obrera que impulse la lucha por el socialismo.

Es cierto que uno de los rasgos más importantes que caracterizan al sindicalismo boliviano es su orientación revolucionaria, reflejada en sus principales documentos fundacionales -como la Tesis de Pulacayo de la federación de mineros y la Tesis de la COB de 1970- que propugnan la lucha por el socialismo. Pero esta orientación -producto de la influencia que las corrientes políticas marxistas han alcanzado en su seno en constante pugna con las corrientes nacionalistas burguesas y reformistas- no ha sido, ni podría serlo, una constante. La orientación política que adoptan los sindicatos es cambiante y depende de las condiciones especiales de cada coyuntura de la lucha de clases y, fundamentalmente, de la orientación política de sus dirigentes de turno. Este también es el caso de la COB que no deja de ser un sindicato, es decir, la organización natural de los obreros que se asocian -sin restricción ni discriminación de ideología u orientación política- para resistir la explotación laboral y para superar las dificultades de su propia competencia por una fuente de trabajo. Al estar  abierta a la participación de todo trabajador bajo la sola condición de ser asalariado, se desenvuelve en el amplio régimen de la democracia sindical, donde las principales determinaciones se aprueban por simple acuerdo de sus afiliados; acuerdo que sirve de mandato para los dirigentes y que es implementado por “disciplina sindical”, en atención a la solidaridad con los demás trabajadores, pero no implica necesariamente unidad ideológica de los afiliados. Así, puede suceder que la orientación de los sindicatos no sólo no coincida con los objetivos socialistas, sino que sean francamente opuestos a ellos, como ocurrió durante el largo ciclo nacionalista bajo la batuta de Lechín.

La importancia de los sindicatos como espacio para la maduración revolucionaria de la clase obrera, para su aprendizaje sobre la naturaleza del Estado y la explotación capitalista al calor de las luchas cotidianas que lleva a cabo, para el desarrollo del sentido de la solidaridad de clase y, principalmente, para su organización para la lucha es crucial, pero no es suficiente para sustituir al partido revolucionario que es “unión del programa, la organización y las tácticas”, es decir, la organización de la vanguardia de la clase[3]. Este partido, para cumplir su papel, debe tener la suficiente influencia, autoridad y capacidad de movilización, por lo que, eventualmente, puede participar en un frente amplio de clase en busca de alcanzar esas condiciones, pero sobre la base de acuerdos mínimos sobre los principios de éste, que no podrían ir en contra de los suyos o incluir los del partido sólo como una concesión “práctica” a objeto de, por ejemplo, participar en elecciones.

Por ello es crucial identificar la orientación real, práctica, de la organización sindical en determinado momento y no únicamente relievar su capacidad organizativa, como potencial marco para la lucha por el poder. En este sentido, es impensable que la independencia de la clase obrera de la influencia de un gobierno con una ideología pro-burguesa, sea posible si su lucha, en cualquier escenario, no se da bajo la dirección de un partido revolucionario. Renunciar a esa imprescindible demarcación entre sindicato y partido, es llevar a la vanguardia revolucionaria a disolverse en una alianza oportunista.

Ahora bien, además de esas consideraciones es necesario ubicar el debate en el contexto nacional actual. A despecho de quienes creen que la denuncia del carácter distractivo de las elecciones es señal de complicidad con el gobierno, resulta evidente que lo que espera el MAS es que los trabajadores abandonen su movilización para sumarse a la carrera electoral; no en vano, ha podido consolidar su permanencia en el poder recurriendo a la ilusión democrática de amplios sectores de las masas –la esperanza de cambios trascendentales con el MAS en el gobierno-, mediante la realización de elecciones de tarde en tarde, bajo el cuento de que de esa manera se hacen del poder. Eso -sumarse a esa carrera inclusive a costa de ocultar los principios para posibilitar la formación del IPT- es hacerle el juego al masismo y no, como dicen algunos despistados, el plantar firme un programa político revolucionario y oponerse a diluirlo en el menjunje de una plataforma electoral que sumaría “todas las aspiraciones de todos los sectores”. Esta demarcación es más importante aún en momentos en que, como viene sucediendo en el país, amplios sectores populares van diferenciándose del gobierno y expresan con más frecuencia, en sus movilizaciones, un repudio creciente a la gestión y la propia figura de Evo Morales, otrora su líder; a contrapelo de esas bases movilizadas, muchos dirigentes sindicales han adoptado una actitud francamente complaciente ante las medidas anti-obreras del gobierno, si es que no se han convertido, como ocurre con los militantes del PCB, en el principal instrumento para la aplicación de sus políticas, como la reforma educativa o la nueva ley de pensiones.

Finalmente, lo anecdótico en este debate resulta ser que, en el caso algunos grupos políticos denominados trotskistas, que pretenden salir del anonimato participando de esta cruzada, la propuesta de creación del IPT sirve para encubrir el descreimiento de la justeza de su propio programa que, sin mayor reparo, lo abandonan en aras de un “nuevo instrumento”. Como diría Trotsky refiriéndose a su ex-camarada Burnham “un intelectual snob picotea en un partido, lo abandona, prueba otro”, en cambio un revolucionario que considera que la teoría marxista es su instrumento para la acción actúa como un trabajador que “no fantasea sobre las herramientas; si tiene las mejores que puede conseguir, las cuida; no las abandona, ni pide unas inexistentes”[4].

 


[1]Ferreira, J. ¿Hacia la fundación de un partido de trabajadores?, Bolpress, 7/2/2013.

[2]AMR. Por un Instrumento Político de los Trabajadores, ninguna confianza en la burocracia, Bolpress, 7/2/2013.

[3]Trotsky. Acerca de los sindicatos, Fundación Federico Engels, 2002.

[4]Trotsky. Sobre el partido obrero, Marxists Internet Archive, 2001.