Problemática global
Los cambios ocurridos en las dos últimas décadas en los más diversos órdenes (científico-técnicos, económicos, sociales y políticos) se han traducido al interior de las ciencias sociales en un cuestionamiento radical de la concepción dominante acerca de la finalidad, importancia, características y perspectivas del trabajo en el capitalismo, construida previamente a partir de una visión fundada en las tendencias cardinales de la sociedad industrial.
Empero, ese cuestionamiento no ha tomado en cuenta el hecho medular de que tales transformaciones, ocurridas en las condiciones en que se verifica la realización del trabajo, están determinadas por las características generales del desenvolvimiento del sistema capitalista, cuya prolongada crisis se explica por la caída tendencial de la tasa de ganancia del capital. Las respuestas a la misma han estado abocadas a la necesidad de depreciar el valor de la fuerza de trabajo y, paralelamente, a la reversión de la tendencia al incremento de la composición orgánica del capital.
De este modo, el proceso de alteraciones profundas en las formas concretas de consumo de la fuerza de trabajo, y en el grado y magnitud de su utilización como factor productivo creador de riqueza, ha sido propiciado por un escenario cuyos aspectos centrales son: i) los desarrollos científico-técnicos recientes que abrieron las puertas a una perspectiva de ilimitado crecimiento de las potencialidades productivas de la humanidad; ii) la creciente mundialización de las fuerzas económicas, es decir, la difusión imparable de las relaciones capitalistas, el crecimiento y diversificación del comercio, la difundida vinculación de todos los mercados, la ubicuidad de las empresas transnacionales, que han dado lugar a un escenario único y ampliado para el desarrollo del sistema capitalista; iii) las modificaciones de la estructura social traducidas en la emergencia y reacomodo de las clases y grupos sociales, que asumen nuevos rasgos y despliegan nuevas acciones; y iv) las transformaciones profundas en el escenario político, signadas por la debacle del llamado “socialismo real” y la preeminencia de los Estados Unidos de Norteamérica como fuerza decisiva.
El creciente abandono por parte de las ciencias sociales de una mirada integral y crítica de los fenómenos, alentado por la necesidad del propio sistema de construir una ideología coherente que justifique el curso de desarrollo asumido, ha contribuido a la disminución gradual de la capacidad contestataria de las clases y grupos sociales subordinados al poderío del capital. La ausencia de una visión comprensiva que desentrañe las causas de esta situación concreta –y que, en consecuencia, coadyuve a superarla– se convierte entonces en un ingrediente más del dominio absoluto de la racionalidad del capital y del supremo objetivo de la ganancia.
Por estas razones, la reconsideración del papel del trabajo, como variable central y como eje articulador en las investigaciones sociales, parece ser un imperativo insoslayable e impostergable. Se trata de aportar en la construcción de un marco interpretativo del mundo del trabajo contemporáneo, que se guíe por la consideración de los aspectos más genéricos –subyacentes en las tendencias inherentes del capitalismo– que lo determinan y de sus efectos concretos sobre las condiciones de vida de los diferentes grupos sociales.
Lo que se busca es partir de las condiciones y formas concretas en que la fuerza de trabajo despliega su potencial creativo, para luego elaborar una crítica integral que permita conocer las características de las fuerzas motrices del capitalismo actual y las perspectivas que sobre las condiciones de vida tendría su continuidad. Estos dos elementos otorgan relevancia social al programa de investigación.