CESLA • Los países de América que tuvieron más déficit fiscal en 2017 • 09/01/2018

Aunque puede sonar preocupante, lo cierto es que la mayoría de los países en el mundo -incluyendo las economías desarrolladas- viven con cifras rojas en el balance.

Está el caso de Estados Unidos que registró este año un déficit fiscal de US$665.700 millones (equivalente a un 3,5% del Producto Interno Bruto) o el de Japón que llegó al 4,5%.

El déficit suele ser un acalorado tema de discusión tan económico como político, dado que los gobiernos pueden abrir la billetera (especialmente en períodos pre-electorales) y heredarle a los sucesores deudas gigantescas que les restringen notablemente las posibilidades de gasto.

Hay también gobiernos “responsables” en términos presupuestarios, que dedican los recursos a programas sociales, obras de infraestructura o proyectos de inversión que acaban por impulsar el crecimiento económico.

En el caso de Latinoamérica y el Caribe, la media del déficit fiscal llegó a 3% del PIB en 2017, según un reciente informe publicado por el Banco Mundial.

“UNA DÉBIL POSICIÓN FISCAL”

“Uno de los principales problemas macroeconómicos de la región es la débil posición fiscal de la mayoría de los países”, le dijo a BBC Mundo Carlos Végh, economista jefe del Banco Mundial para América Latina.

Considerando este contexto, Végh planteó que existe poco margen para que las políticas fiscales estimulen el crecimiento de las economías, una situación que pone más presión sobre la política monetaria que manejan los bancos centrales.

“Desafortunadamente, las necesidades de la región de aumentar el gasto en capital físico y humano, se verán obstaculizadas por las limitaciones de los recursos fiscales”.

El Banco Mundial espera que permanezcan estables o, a lo sumo, muestren una leve mejoría los factores externos que habitualmente han estado asociados al crecimiento de América Latina y el Caribe: los precios de las materias primas; el crecimiento de China para Sudamérica; o el desempeño de Estados Unidos, especialmente para México, Centroamérica y el Caribe.

Este escenario requiere, según el economista, que los países implementen cambios en el futuro cercano.

“La región necesitará reformas estructurales, particularmente en los sistemas de pensiones, los mercados de trabajo, los sistemas educativos y el gasto en infraestructura”, agregó.

Estas reformas buscarán que los países tengan una mejor posición fiscal y así estén mejor preparados ante cualquier imprevisto.
Justamente la baja del precio de las materias primas en los últimos años, fue un factor externo que golpeó duramente a Latinoamérica, dado que los commodities constituyen su principal producto de exportación.

Pero luego de una desaceleración del crecimiento durante seis años consecutivos (incluyendo una contracción del 1,3% el año pasado), pareciera ser que la tendencia está repuntando.

Las proyecciones del Banco Mundial son optimistas y apuntan a que este año el PIB real en la región será de 1,2% y de 2,3% en 2018.

EL MILAGRO DE LOS “COMMODITIES BARATOS”

A diferencia de América Latina, en el Caribe el déficit fiscal fue bajo. Tanto así, que cuatro países de las Antillas tuvieron superávit: San Cristóbal y Nieves; San Vicente y Granadinas; Granada; Antigua y Barbuda.

La razón fundamental es bastante clara: los cuatro países con superávit fiscal no son exportadores de materias primas a diferencia del resto.

Ahora bien, que tengan superávit no significa que sean países millonarios con dinero para derrochar. Efectivamente mejoraron su situación respecto a los años anteriores, pero siguen siendo territorios con altos niveles de pobreza, inequidad y falta de desarrollo.

A nivel global, uno de los factores clave en el déficit fiscal es el nivel de deuda que tienen los países, esa famosa “mochila” que se arrastra por años y que suele ser un dolor de cabeza para los gobiernos.

En el caso de Estados Unidos, esa deuda pública supera el 100% del PIB (siendo China su mayor acreedor), aunque hay otras economías desarrolladas que están en una situación aún más complicada, como la de Japón, donde la deuda del fisco llega a un 250%.

En el caso de Latinoamérica y el Caribe, el promedio de la deuda es de 58,7% del PIB, un nivel que podría parecer bajo en relación a las grandes potencias, pero que en realidad no se puede medir con la misma vara.

“Los países desarrollados pueden permitirse un nivel más alto de deuda en relación a otras economías emergentes, porque los acreedores les tienen más confianza”, explica Végh.

Es decir, si un país latinoamericano tuviera una deuda superior al 100% de su PIB como Estados Unidos, estaría en graves problemas porque los acreedores encenderían una luz de alerta.

 

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